FC Barcelona
Superioridad sin premio: 15 disparos a puerta del Barça contra el antifútbol del Atlético
Los azulgrana remontaron el 0-2 con Lamine y Ferran, pero la eficacia rojiblanca y las decisiones clave los dejaron fuera de la Champions

Champions
El fútbol, a veces, no premia a quien más lo merece. Y el FC Barcelona lo comprobó con toda su crudeza en el Metropolitano, en una eliminatoria que recordará durante mucho tiempo por la sensación de injusticia. El equipo azulgrana lo hizo todo para estar en semifinales. Absolutamente todo. Pero quedó fuera.
El plan era claro: remontar el 0-2 de la ida. Y el Barça no solo lo intentó, lo consiguió… durante unos minutos que parecieron eternos. En el 24’, el marcador reflejaba lo que sucedía sobre el césped: goles de Lamine Yamal y Ferran Torres, eliminatoria igualada y el estadio en silencio. El Barça había convertido la fe en realidad.
Pero el fútbol, caprichoso, tenía preparada otra historia. Del posible 3-0 se pasó al golpe más duro. En una contra, con desajuste defensivo, Lookman hizo el 1-2. Un jarro de agua helada. Una de esas jugadas que explican eliminatorias. Del control absoluto al vértigo en cuestión de segundos. Y aun así, el Barça no se rindió.
Siguió dominando, sometiendo a un Atlético de Madrid que había renunciado a jugar desde el minuto cero, atrincherado, esperando el error.
La segunda parte mantuvo el mismo guion, con un Barça valiente, insistente, superior. Hasta que llegó otra acción clave: el gol anulado a Ferran Torres en el 55’. Una decisión que terminó de inclinar la eliminatoria. Porque si algo definió el duelo fue eso: todo lo que podía salir de cara para el Atlético, salió. Y todo lo que podía torcerse para el Barça, se torció.
Cifras contundentes, como contra el Chelsea en 2012
Las cifras son contundentes. En 180 minutos, el Barça remató 15 veces a portería (7 en la ida y 8 en la vuelta) y solo marcó dos goles. El Atlético, con 8 remates (3 y 5), hizo tres. Eficacia máxima. También pesaron los detalles disciplinarios: expulsión de Cubarsí en la ida y de Eric Garcia en la vuelta, ambas por roja directa. Último hombre. Dos acciones puntuales (teniendo en cuenta que en la ida se perdonó un penalti de Pubill o la expulsión de Koke, entre otras, y en la vuelta un penalti sobre Olmo) que condicionaron profundamente una eliminatoria que el Barça tuvo bajo control en muchos tramos.
Por eso, el recuerdo inevitable es el de aquella semifinal ante el Chelsea en 2012. El Barça fue muy superior, pero cayó. En la ida, un solo disparo a puerta del rival, un gol. En la vuelta, goles de Busquets e Iniesta, un penalti fallado por Messi que habría sido el 3-1, y los tantos de Ramires y Torres que sentenciaron la eliminatoria.
Doce años después, la sensación es la misma. El Barça fue mejor. Jugó mejor. Hizo más para ganar. Pero el fútbol no entiende de merecimientos, entiende de eficacia, de momentos y de pequeños detalles. Y esta vez, todos cayeron del lado del Atlético
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