Son los reyes y son magos

Ricard López

Los discípulos de Pep Guardiola regresaron 'enchufados' de las vacaciones navideñas. Ni rastro de empachos, ni de turrones, ni de jamón, ni nada de todo eso. El Barça cerró el 2011 coronándose campeón del mundo en Japón y comienza el 2012 dispuesto a que nadie le arrebate ese trono. Pasan los años, cae título tras título, y este equipo de leyenda sigue con las mismas ganas de siempre.

Esta vez su víctima fue un Osasuna que, como la mayoría de mortales, poco pudo hacer para irse del Camp Nou con un saco de goles a cuestas. No fue tan brutal como podía haber sido, pero el 4-0 final permite a los catalanes afrontar con optimismo la vuelta en el Reyno de Navarra, la semana que viene.

Cesc y Xavi, sociedad ilimitada

En el coliseo barcelonista cada partido es un espectáculo, una fiesta. No importa el día, la hora ni el rival. Cuando no es una cosa, es otra. Y esta vez, quienes llevaron la voz cantante -si es que se puede destacar a alguien por encima del resto- fueron Xavi y Cesc (a los que posteriormente se sumó Leo Messi). Su sociedad letal hizo saltar por los aires la resistencia navarra. En sólo 18 minutos, el ex del Arsenal ya había marcado los dos primeros goles. Y ambos, a pase del pequeño genio de Terrassa.

El 1-0 llegó en el 14'. Thiago, ubicado como interior izquierdo, hizo un cambio de orientación perfecto hacia Alves, que encaró como falso extremo derecho. El brasileño le dejó el esférico a quien mejor sabe qué hacer con él: el maestro, Xavi. Y el '6' se lo cedió desde la frontal a Cesc que, sólo en el área batió a Riesgo de chut cruzado.

El 2-0 sólo se hizo esperar cuatro minutos más. Con idénticos protagonistas. Xavi sirvió un pase desde los tres cuartos de campo, hacia donde parecía imposible que alguien lo pudiera aprovechar. Pero sí lo había, ahí estaba Cesc. El de Arenys entró desde la media luna del área y, tras plantarse ante el meta 'rojillo', le superó con un remate de traca: de cuchara, elevando el balón por encima suyo, con una vaselina espectacular. Por un momento, pareció que fuera Romário.

El de Arenys deleitó de nuevo como falso '9', esa posición que le sienta como anillo al dedo. A su lado, en las bandas, le ayudaron Pedro y Cuenca. Messi, inicialmente descartado a causa de un dolor de barriga, entró a última hora en la convocatoria... y la acabó armando en la reanudación. Pero vayamos por partes.

Riesgo evitó una goleada mayor

Riesgo salvó a Osasuna con una decena de intervenciones providenciales. En el 22', se lució a disparo de Thiago. Y, uno después, la fortuna se alió con él cuando Puyol, totalmente desmarcado, falló. En el 36', salió a los pies de Pedro en la frontal. Y en la acción siguiente, despejó como pudo un trallazo del canario. Su último servicio antes del descanso fue otro paradón a chut de Alves desde la frontal. En el 45', Xavi envió una falta rozando la escuadra.

El Barça era un ciclón, y Osasuna no veía la forma de frenarle. Los navarros no inquietaron a la cada vez más habitual defensa de tres 'guardiolista'. Esta vez, le tocó el turno a Puyol, Piqué y Mascherano. El argentino debió 'alucinar' viéndose convertido en... ¡lateral zurdo!.

Nada puede con Messi

La segunda mitad tuvo otro nombre propio: el de Leo Messi. El '10' del Barça entró en el 58' en sustitución de Pedro. Y desató la locura del Camp Nou. Ni siquiera el dolor de barriga que estuvo a punto de impedir su participación horas antes pudo frenar su ímpetu de jugar, su ambición, sus ganas locas de vencer siempre. El balón es su mejor amigo, y nada ni nadie le puede separar de él. Tampoco Osasuna, que en el 58' vio cómo Leo estuvo a punto de marcar el tercero. Su remate picado tras hacer la pared con Alves salió fuera de milagro. Luego, en el 68', el árbitro pasó por alto un penalty de libro cuando le agarraron de la camiseta en el área. Poco importó.

En apenas media hora, y medio 'pocho', Leo aún tuvo tiempo de marcar dos goles. Los dos últimos fueron obra suya. El 3-0, en el 73', cuando cabeceó como un coloso un centro de Cesc, tras una larga jugada colectiva en el área. Y el 4-0, en el 90', con un disparo imparable desde la frontal. Entre medio, festival de fútbol coral de sus compañeros, y otro paradón de Riesgo tras un disparo suyo a bocajarro (76'). Fue la guinda que deja el pase a cuartos casi sentenciado. Todavía queda la vuelta, pero el morbo está servido: ¿tocará el Madrid?.

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