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De Santander a La Masia: Laureano Ruiz, el 'profe' cántabro que inventó el rondo y patentó el 'estilo Barça'

El gran nexo de unión entre Racing y Barça dirigió 14 partidos al primer equipo azulgrana en 1976, pero su legado va mucho más allá: los rondos, el concepto de la posesión y una manera única de transmitir los conocimientos futbolísticos

Laureano Ruiz, en una imagen de archivo

Laureano Ruiz, en una imagen de archivo

Javier Giraldo

Javier Giraldo

A Laureano Ruiz hay que entenderlo como se entiende a los personajes que cambian una cultura: no por un marcador, sino por una idea. Su paso por el banquillo del primer equipo del FC Barcelona fue breve —apenas dos meses en 1976—, pero su influencia se hizo larga en los campos de entrenamiento.

Para muchos, Ruiz no es ni fue simplemente el técnico interino de Weisweiler, sino uno de los primeros maestros que puso palabras, ejercicios y hábitos a lo que hoy se identifica como el ADN Barça: jugar, pensar, asociarse, mejorar con el balón.

Nacido en Escobedo de Villafufre (Cantabria) el 21 de octubre de 1937, Ruiz fue futbolista en el Racing y la Gimnástica de Torrelavega, y dejó pronto el césped para convertirse en entrenador. Su biografía tiene un detalle revelador: empezó a entrenar con 15 años, una precocidad que explica su obsesión por la enseñanza.

Como técnico profesional debutó en la temporada 1967-68 al frente de la Gimnástica en Segunda. Pero su nombre terminaría encajando como un guante en un club que, por entonces, buscaba algo más que ganar: buscaba un modo de jugar.

Paco Rodri, Quique Costas, Laureano Ruiz, Oriol Tort y Josep Boter. Cinco personas claves en la cantera del FCB.

Paco Rodri, Quique Costas, Laureano Ruiz, Oriol Tort y Josep Boter. Cinco personas claves en la cantera del FCB. / Archivo Sport

El rondo por el aire

En enero de 2020, pocos días después de que el también cántabro Quique Setién, fuese nombrado como entrenador del Barça, Laureano recibió a SPORT en su domicilio de Santander. Entre otros muchos detalles, explicó que el rondo, tal y como lo conocemos, "es una pantomima".

"Lo mejor es el rondo por el aire: pasarse el balón sin tocarla con el pie, sino con otras partes del cuerpo. Sirve para mejorar el control del balón y el juego aéreo. Cuando yo le entrené en el Racing, lo hacíamos. Hace años, un amigo mío, Carbonell, me llamó para decirme que había ido a ver un entrenamiento de Setién en Las Palmas y que estaba practicando el rondo por el aire. El rondo por el suelo es una pantomima".

"Si hay 24 jugadores formando un rondo y dos en medio, es imposible que los del medio la cojan. Y los 24 del rondo no necesitan ni moverse. Están totalmente parados. Yo entrené a Helguera, a Munitis y a Iván de la Peña. En verano vinieron un día a jugar a la playa y me preguntaron, ‘cómo es posible que acabemos tan cansados después de hacer tu rondo’, en cambio en el Madrid y en el Barcelona lo hacían andando. Mi rondo no es pasivo. Hay que correr, tocar el balón y moverse. Hay que ensayar el pase al pie, pero también el pase al espacio y en profundidad ¡En un partido no solo hay pases al pie!", dijo.

También recordó Laureano que "en la historia del fútbol, ningún gran jugador ha sido un gran entrenador, salvo Cruyff".

"Tenemos el caso de Gento, Kubala, Di Stefano, Maradona… Pelé, por ejemplo, nunca quiso ser entrenador. Muchos jugadores que han estado a las órdenes de entrenadores que fueron grandes futbolistas dicen que ellos, como lo ven tan fácil, porque para ellos lo es, piden a sus jugadores cosas casi imposibles.

El interino que no fue un parche

En abril de 1976, el Barça se queda sin Hennes Weisweiler y la directiva mira hacia dentro. La elección fue Laureano: un entrenador “de la casa” por su trabajo en la estructura de formación. Aquel ascenso al primer equipo no fue un capricho ni un experimento exótico: era coherente con la idea de que, en momentos de turbulencia, un club se agarra a quien entiende sus pasillos.

Ruiz dirigió 14 partidos al primer equipo del Barça: 8 victorias, 4 empates y 2 derrotas, con 36 goles a favor y 14 en contra. Después regresó Rinus Michels y Laureano volvió a su hábitat natural: los jóvenes.

Ese regreso a la cantera no fue un paso atrás. Fue, en realidad, donde su figura se vuelve diferencial. Su impacto no se mide por un título en el primer equipo, sino por el poso en entrenamientos, conversaciones y rutinas que se quedaron flotando en el Barça durante años, justo cuando el club empezaba a ordenar su identidad futbolística.

Laureano Ruiz, pieza fundamental en la historia del 'estilo Barça'

Laureano Ruiz, pieza fundamental en la historia del 'estilo Barça' / -

La huella en La Masia: "Esto va de ser mejor"

Si hay una manera de explicar su influencia es escuchar a quienes la vivieron desde dentro. El exfutbolista y formador Joan Vilà, voz clave en la metodología del fútbol base azulgrana durante décadas, lo resume sin rodeos: Laureano fue "muy avanzado a su tiempo, renovó totalmente la forma de entender el juego".

Vilà recuerda que Ruiz les inculcó “conceptos y fundamentos” que años después él mismo aplicó en su trabajo como entrenador en la cantera. No habla de un entrenador de pizarra, sino de un educador del juego: un tipo que te enseña a mirar, decidir y ejecutar.

A Ruiz se le asocia especialmente con una idea que hoy parece obvia, pero que en su época era iconoclasta: se aprende a jugar jugando, y se entrena para el fútbol real, no para la foto. En los resúmenes editoriales de su obra se repite una frase que lo define: la insistencia en "correr con el balón".

Y ahí entra su gran símbolo: el rondo, esa pequeña jaula de técnica, presión, orientación y pase que acabó convirtiéndose en idioma común en los entrenamientos del Barça, por más que con el tiempo, Laureano matizó su opinión sobre el rondo.

Lo reivindicó durante tanto tiempo que se le atribuyó la invención del mismo en 1957. La afirmación forma parte del mito y del relato, pero que ayuda a entender por qué su nombre vuelve siempre que se discute el origen del estilo.

¿Influyó en Cruyff?

Laureano Ruiz habita un lugar peculiar: el de quienes abren caminos y, con el tiempo, ven cómo otros llegan más lejos por esa carretera. Parte de su leyenda se alimenta de una idea repetida en homenajes y perfiles: que Johan Cruyff llegó a reconocerlo como una influencia en la construcción del “estilo Barça”, en aquellos años en que coincidieron en el club mientras Ruiz trabajaba con las categorías inferiores.

En el Barça, donde la identidad ha sido siempre un asunto casi político, esa frase lo coloca en una genealogía mayor: la del “antes de Cruyff”, el eslabón que conecta la intuición con el método.

Con los años, Ruiz se convirtió también en teórico. Publicó en 2013 'El auténtico método del Barça', un libro en el que reivindica su visión de la formación y la forma de entrenar que, en su opinión, convirtió al club en referencia mundial.

Más allá de la discusión sobre quién inventó qué, el valor del texto es que fija una época y una manera de entender la enseñanza: menos atletismo y más balón, más toma de decisiones, más asociaciones; ese podría ser su lema pedagógico.

Laureano Ruiz dejó huella en el Barça

Laureano Ruiz dejó huella en el Barça / Joan Ignasi Paredes

Santander: la escuela como obra definitiva

Tras su etapa catalana, Laureano volvió a su tierra para construir quizá su legado más tangible: en 1987 impulsó la Escuela Municipal de Fútbol de Santander, que se convirtió en un vivero y en un centro formativo con gran influencia en Cantabria.

En torno a esa escuela se ha citado la aparición y crecimiento de futbolistas que marcaron una época, desde Iván de la Peña a Iván Helguera, pasando por Pedro Munitis o Jonatan Valle. En esa segunda vida, Ruiz deja de ser "entrenador" para convertirse en "profesor": el hombre que sistematiza, explica y contagia una forma de jugar.

No es casual que, décadas después, los homenajes le sigan encontrando. El Racing ha recordado públicamente su recorrido como jugador, técnico y referente de cantera. En septiembre de 2025, la RFEF le concedió el Carnet de Oro por su trayectoria como entrenador y formador, precisamente con el argumento de ser una figura "precursora" del llamado método Barça.

A sus casi 88 años, la historia de Laureano Ruiz sigue vigente por una razón muy simple: el Barça cambia de entrenadores; su obsesión por aprender a jugar permanece.