Rescatando del anonimato a González

Natural de Sarria (Lugo), fue policía y pasó por el Espanyol, Santboià y Vilanova

Era el único futbolista del Barça que jugó en Liga (1940) del que no se tenía filiación

Formación del Barça Aficionados de 1941. González es el primero, de pie, por la derecha.
Formación del Barça Aficionados de 1941. González es el primero, de pie, por la derecha. En el equipo se distinguen también el guardameta De Argila, Riba (agachado, primero por la izquierda), Martínez Alama (agachado, segundo por la izquierda) y Seguer (agachado, cuarto por la izquierda) | ARCHIVO FAMILIA GONZÁLEZ

Domingo, 20 de octubre de 1940. Campo de Les Corts. 16 horas. Arranca el FC Barcelona-Hércules (3-2), partido correspondiente a la 4ª jornada de la Liga 1940-41. En las filas del equipo azulgrana se alinea un defensa apellidado González. Hasta la fecha, más de 79 años después, poco o nada se sabía de él porque no volvió a jugar más con el primer equipo. De hecho, era el único azulgrana en actuar en la Liga del que no se tenía filiación. Su huella la había borrado el tiempo. Era un desconocido. Hoy, debido a una cadena de causalidades, rescatamos del anonimato a este jugador por el que nadie se había interesado.

Manuel González González-Couce nació el 30 de diciembre de 1914 en Sarria (Lugo). Fue el primer hijo del matrimonio formado por Francisco y Antonia. Después llegarían Luis (Lis) y José (Pepín). Manuel siempre fue un futbolista en potencia y el balón lo atrapó de joven. A los 17 años ya jugaba en el Club Lemos. Defensa, aunque en ocasiones también centrocampista, en el balompié gallego se ganó el apodo de Hueche por dominar los balones aéreos con el pecho.

Con 18 años ingresó en el Ejército (nunca quiso estudiar) y fue destinado a Cádiz en 1933, donde compaginó el servicio con su pasión futbolística, formando parte del equipo gaditano (entonces Mirandilla FC) hasta 1936. Barcelona fue su siguiente escala y en la ciudad condal se incorporó al conjunto de Aficionados del Barça. Tenía 22 años y residía en la academia de suboficiales, hoy residencia militar de Pedralbes, en la Diagonal. La oportunidad de debutar con el primer equipo le llegó cuando Pepe Planas, entonces entrenador, reclamó sus servicios por no poder contar con Benito García, defensa izquierdo titular, expulsado la semana anterior en Zaragoza tras un rifirrafe con Vilanova.

Etapa azulgrana

González, de físico imponente y juego aéreo poderoso, participó con el primer equipo en la Lliga Catalana en el verano de 1938, en un amistoso en 1939 y en otros cuatro en 1940 cuando sus obligaciones en el Ejército se lo permitieron. El 27 de abril de 1941 se proclamó campeón de Catalunya de Aficionados en Manresa, donde el Barça venció al Terrassa (2-1). Y en mayo se vistió por última vez de azulgrana, en un Barça-Athletic (3-0) de la Copa Presidente.

Movilizado por el bando sublevado tras el estallido de la Guerra Civil, tomó parte en la Batalla del Ebro en misiones de intendencia. Nunca quiso empuñar arma alguna. Se licenció al término la contienda bélica con rango de alférez y se alistó en la Policía, permaneciendo en Barcelona y jugando con el equipo de este cuerpo. Fichó después por el RCD Espanyol (temporada 1942-43) aunque no llegó a debutar oficialmente como blanquiazul. Fue cedido al CF Samboyano (Santboià) dos temporadas y otra al CD Villanueva (Vilanova). Su último equipo en Catalunya fue el CF Atlético (1946-47), con sede en la calle Almirante Aixada de Barcelona. Su rastro se evaporó a partir de entonces.

En 1947 regresó a Monforte de Lemos, donde se había casado con María Luz en 1944, y de allí lo destinaron a Ferrol. Se desconoce si alargó su carrera deportiva o colgó las botas en esta nueva plaza. Después fue trasladado a Tetúan (en agosto de 1951 fue nombrado Policía Armado del Protectorado por Decreto Visirial) y, más tarde, a Tánger, donde ingresó en la Policía Internacional. En 1962 regresó junto a su familia a la Península, instalándose en Madrid, donde se jubiló.

González, a quien llamaban el Errol Flynn del Ejército por su gran parecido con el actor de cine, fue un hombre bondadoso, humilde y pacífico. Quiso ser futbolista, lo llevaba en la sangre. Y lo consiguió. Tuvo perseverancia y siempre se mantuvo en óptimas condiciones físicas, pero igualmente tuvo que buscarse la vida, que lo llevó a la disciplina castrense, como a su hermano Lis. Pudo progresar en la escala militar, pero por convicción se negó a varios ascensos y, con ello, ocasionó el enojo de su progenitor. Acabó renunciando al Ejército y se unió entonces al cuerpo de Policía. 

Gallego militante

De mayor fijó su residencia en Monforte de Lemos. Siempre llevó con gran orgullo su condición de gallego y quiso que su hija María Teresa (Maite) viniera al mundo allí. Su hijo Manuel nació en Ferrol. El descanso, los paseos y el fútbol llenaron gran parte del tiempo en sus últimos años de vida. El fútbol era lo único que lo alteraba. En una ocasión hasta sufrió un infarto por su culpa viendo un partido por televisión… Falleció el 29 de marzo de 1997 en su querida y nunca olvidada localidad lucense a la edad de 82 años, donde reposa.

Para poder identificar a Manuel han sido necesarios más de dos años de pesquisas. ‘Parapetado’ tras un doble apellido que apenas ofrecía pistas (lo de González-Couce apareció al final ), fueron claves los testimonios de Vicenç Martínez Alama, ex jugador del Barça con quien Manuel coincidió en el equipo del Barça Aficionados; de Jordi Puyaltó, historiador del RCD Espanyol (ambos ya fallecidos) y de Joan Morral, el decano del Barça, Espanyol y Europa. También el del periodista gallego Manuel Cordido, inesperado y decisivo enlace con un sobrino de GonzálezLuis. Y gracias a este último se llegó a su prima, la hija del protagonista, Maite, luchadora abnegada y guardiana de la memoria familiar. Con ella retrocedimos a tiempos pretéritos. Compartió recuerdos, anécdotas y algún secreto. Siempre fue la niña de los ojos de Manuel…

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