Reñé, balones, dulces y arte

Reñé, balones, dulces y arte

Reñé, con su clásico jersey blanco, escudado por Amechazurra y Peris
Reñé, con su clásico jersey blanco, escudado por Amechazurra y Peris | Familia Reñé

Azulgrana entre 1911 y 1913, destacó en el marco del Barça por su altura y despeje de puños. Ya sexagenario, vio cumplido su sueño: dejar la confitería y abrazar el mundo del arte

Unas muchachas le regalaron un jersey blanco y, desde entonces, siempre lució este color

En las imágenes de la época destaca por su figura larguirucha y el blanco de su indumentaria. El azulgrana Lluís Reñé Padrisa, nacido en Barcelona el 18 de septiembre de 1889, lució níveo defendiendo el marco del FC Barcelona y puede decirse que transitó por varias vidas: la deportiva, la laboral y la artística. Un personaje poliédrico y multidisciplinar.

Lluís fue el segundo hijo del matrimonio formado por Antoni Reñé Santfeliu y Rafaela Padrisa Puigdengoles, ambos naturales de Vilanova de Bellpuig (Lleida). El primero fue Ramon y después de Lluís vinieron Emili, Juanita, Antònia, Rafel, Jaume, Magda, Josep, Pepita y Antoni. El abuelo de Lluís abrió en 1892 un local de repostería en la calle Consell de Cent 364, ampliándolo en 1921 su padre al asociarse con un maestro chocolatero suizo. La sociedad (La Suiza Reñé) contó con varios locales dedicados a la confitería, bombonería y pastelería en Barcelona.

El fútbol

Reñé empezó a jugar en el Club Ibèric (1907) y el Català, con el que se proclamó campeón de Catalunya (segunda categoría). Después pasó por el Espanyol (1910 −jugó dos partidos del Campeonato de Catalunya−) y el España antes de llegar al Barça en 1911. El padre de Lluís, amigo de Hans Gamper, influyó para que su hijo recalara en el FC Barcelona. Prefería que jugara al fútbol porque, con esta actividad, descuidaba la que era su verdadera vocación: el dibujo, la pintura. Sus padres, para alejarlo del arte, llegaron a esconderle los utensilios que utilizaba (lapiceros, cuartillas...).

Con el equipo azulgrana se alineó en 26 partidos oficiales entre 1911 y 1913 y se proclamó campeón de Copa (1912 y 1913) y de la Copa Pirineos (1911, 1912 y 1913). En 1912 también fue campeón de Catalunya de lanzamiento de disco, acreditando una marca de 32,20 metros.

Reñé se caracterizó por despejar con el puño. Una técnica de la que sacó un gran partido aprovechando su altura. Este hecho que le valió el apodo de “El Macho” en el País Vasco. “Allí se hacían cruces de que, de un puñetazo, mandara el balón más allá del centro del terreno”, recordó en 1954. Y en 1956 precisó que “cuando me preparaba para darle al balón, el público decía a coro: ¡Ahora va el macho!”.

También destacó por su blancura en el campo y él mismo se encargó de argumentarlo en una entrevista que publicó “El Noticiero Universal” en febrero de 1956: “Era un buen mozo entonces y no diré que fuera un Tenorio, aunque sí tenía mi cartel entre las muchachas. En cierta ocasión, un grupo de ellas me regalaron un jersey muy bien hecho a mano, blanco. Lo llevé hasta que aguantó. Luego, en recuerdo de aquella prueba de afecto femenina, ya no cambié de color”.

En 1914 regresó al España y se retiró en 1915, en las filas del Universitari, con 26 años. Su padre lo quería ya enfocado de lleno en el negocio familiar y estaba camino del altar para contraer matrimonio con Teresa Ribas Camí. Reñé tuvo cinco hijos, pero ningún nieto. A partir de entonces se encargó de una confitería que su padre le cedió en la plaza de Urquinaona 7. De todas formas, siguió practicando deporte y en septiembre de 1915 formó parte de la comisión atlética del FC Barcelona.

 

Sueño cumplido

Sin embargo, su vocación artística se mantuvo latente y despertó con especial virulencia cuando fue sexagenario. Fue entonces cuando reunió a su familia en una comida y “después de disfrutar de los manjares, cogí una copa de champán, me levanté y les dije: Mañana abandono la casa y la fábrica, quiero vivir de lo que en mi niñez fue mi mayor ilusión, pintar”.

Fue entonces cuando Reñé dio otro giro de timón a su vida. Entró en el mundo que había querido y soñado de adolescente. Autodidacta, guiado solo por su intuición, emergió en el mundo del arte como un especialista en el dibujo a carbón y a la caña con tinta china. “Ha sido Dios”, reconoció en 1956. “Mi vieja afición de artista la tocó con sus manos y resucitó. Es la gracia que más puedo agradecer”, dijo.

En marzo de 1955 hizo la primera exposición de sus obras en el Cafè del Liceu y constituyó un gran éxito. Sus compañeros en tiempos heroicos lo acompañaron en un momento tan especial para él, así como los futbolistas del Barça en activo en aquellos momentos. La última exposición que realizó tuvo lugar en Badalona, en marzo de 1962.

Reñé durante su etapa artística, pintando y dibujando distintos rincones y monumentos históricos de Barcelona

| Familia Reñé

Reñé militó en el impresionismo y se especializó en el dibujo de monumentos históricos, especialmente de Barcelona. Su detallado y expresivo trazo también dejó una profunda huella en Olot, Poblet, Amer, Girona, Badalona... Pese a su tardío éxito como artista, nunca renegó del fútbol ni del Barça, que se acordó de él en tiempos difíciles al ofrecerle el cargo de Inspector del campo de Les Corts. Su hermano Emili fue jugador de los equipos inferiores del equipo azulgrana.

La familia del artista donó la obra de Reñé al Museu Diocesà de Barcelona. Caballeroso, humanista, gran conversador e irónico, Reñé nunca perdió el aura de bohemio. Falleció a causa de una insuficiencia coronaria el 2 de julio de 1963 a los 73 años en su domicilio barcelonés de la calle Padilla.