Recuerdos del paso de Tito Vilanova por el Celta

Tres temporadas, 29 partidos, 1 gol... Tito Vilanova se reencontrará con su pasado celeste el próximo sábado en el Camp Nou. Nada anunciaba en sus tiempos de futbolista del Celta que terminaría siendo el entrenador del Barça, pero entonces (1992-1995) ya se percibía que el fútbol era el motor de su vida.

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En lo deportivo, quizás Vilanova llegó al Celta equivocado. "Aquel Celta era de otro tipo de jugador, era un equipo muy correoso, y él era más del perfil Barça, un jugador técnicamente muy bueno, pero el Celta de aquella época lo que más necesitaba era agresividad y brega", recuerda Jorge Otero, con el que compartió vestuario y entabló una buena amistad.

"Tuvimos una relación muy cercana, era muy buen tipo, una persona magnífica", recuerda el hoy segundo técnico del Rápido. "Eramos un equipo muy físico, competitivo, que presionaba bastante y él no desentonaba porque los que saben jugar al fútbol no desentonan nunca", matiza Mosquera, otro de sus coetáneos en la caseta.

Pese a todo, Vilanova se adaptó bien tanto al equipo como a la ciudad. "Estaba encantado en Vigo con su mujer. Le gustaba mucho y no tenía ningún problema de adaptación, pero como las oportunidades que tuvo no fueron muchas al final decidió marcharse", indica Otero.

Porque su protagonismo fue menguando de un modo paulatino. La primera de las tres temporadas fue el mejor año del catalán vestido de celeste. Jugó 19 partidos de Liga y dos de Copa. Después, ocho partidos más en dos cursos.

Entonces nada hacía presagiar que acabase siendo carne de banquillo, aunque el fútbol ya era su auténtica pasión. "A él le gustaba el fútbol, que es lo primordial para después poder continuar la vida deportiva como un entrenador. También la personalidad que tiene", apunta Mosquera.

Sin embargo, Otero se muestra más sorprendido: "Hay otros futbolistas que durante los entrenamientos y los partidos le ves esas maneras de entrenador, pero a mí no me daba la sensación de que fuera ese su camino, aunque hablaba mucho de fútbol. La verdad es que me sorprendió un poco".

Casi dos décadas después, Tito Vilanova no ha olvidado a sus ex compañeros del vestuario de Balaídos. Con Otero mantiene el contacto a través del teléfono y a Mosquera le abrió el mes pasado las puertas de Can Barça para que el vigués siguiese los entrenamientos culés.

"Hace un mes estuve con él, llevaba 18 años sin hablar con él y sigue siendo la misma persona, una persona 10. Me fui a Barcelona a ver los entrenamientos de las categorías inferiores y pude ver los entrenamientos del primer equipo debido a lo bien que él se portó conmigo", dijo Mosquera.

Su carácter no ha cambiado. "Es la misma persona que se ve en las ruedas de prensa, no tiene un carácter cambiante, sino que suele mantener la calma", apunta el ex técnico del juvenil celeste. El sábado, un Celta en donde encajaría de maravilla tendrá oportunidad de comprobarlo.

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