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La preocupación de Bartomeu

Sergi Roberto es el único canterano consolidado en la primera plantilla en los últimos cinco años

El presidente Bartomeu sigue retocando un organigrama técnico sin dar con la tecla adecuada

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Desde hace meses, Josep Maria Bartomeu está preocupado. El presidente del Barcelona no consigue dar con la tecla que solucione los problemas del fútbol base. Hace cinco años que ningún canterano se consolida en el primer equipo; el Barça B, sin identidad, ha fracasado estrepitosamente en el resultado y en la filosofía y, finalmente, algunos de los más grandes talentos de la base han decidido abandonar el Barça por falta de proyecto deportivo. ¿Qué le pasa a La Masia? SPORT analiza en tres capítulos la problemática.

Es ya cuestión de estado. Hasta Leo Messi ha opinado. El presidente Bartomeu es consciente de que su desconocimiento del mundo del fútbol le perjudica desde el punto de partida. Por tanto, necesita asesores. Los referentes que llevaron al Barça a ser el ejemplo mundial y a provocar la extraordinaria fotografía de MessiXavi Iniesta recogiendo el Balón de Oro del 2010 han vivido o viven de espaldas a la actual dirigencia. Ni Laureano Ruiz, el hombre que trajo el método al fútbol base del Barcelona a principios de los 70. Ni el padre de la idea en el fútbol profesional, Johan Cruyff, ya fallecido. Ni Pep Guardiola, el técnico más laureado de la historia del club, sextete incluido. Tampoco el futuro parece estar al lado de las ideas de Bartomeu. Xavi se acerca sin complejos al proyecto del precandidato Víctor Font y Puyol se fue después de que el actual presidente destituyera Zubizarreta hace ya tres temporadas.

Ante tal situación, Bartomeu siempre ha sufrido en el área más importante de la entidad: el fútbol. Todavía hoy, tres años después de ser elegido presidente, sigue dándole vueltas. Tras el adiós de Zubi antes de los comicios, el expolítico Albert Soler se ganó la confianza de Bartomeu. Trabajó con Ariedo Braida y Robert Fernández antes de ser relegado del fútbol el verano pasado. Uno de sus hombres, Pep Segura, hasta ese momento responsable del filial y los juveniles del club, ascendió al cargo de Mánager General que hoy sigue ostentando. Hace pocos días, Segura decidió no renovar a Robert e iniciar el enésimo proyecto, ahora con Eric Abidal y Ramon Planes como dueños de la Secretaría Técnica del primer equipo del Barça.

La actual estructura técnica

Segura, pues, dirige hoy el fútbol del club con los citados Abidal y Planes al servicio del Camp Nou; con José Mari Bakero y Guillermo Amor, responsables del filial y los dos equipos juveniles (16-19 años); y con Jordi Roura y Aureli Altimira, para el resto del fútbol base, es decir, de cadetes (16 años) a prebenjamines (8 años). Cargos doblados que se complementan con muchos otros ejecutivos, como el propio Braida -72 años-, sin función específica pero renovado hasta el 2021.

Más allá del primer equipo –no entramos a analizar ningún aspecto de esta área– la superpoblación de efectivos en el fútbol base no ha conseguido su propósito. De ahí los dolores de cabeza de Bartomeu, preocupado por un tema que no es menor. El presidente sigue insistiendo en cada entrevista o en cualquier discurso con un mensaje en el que los tópicos del ‘adn-Barça’ y ‘la Masía no se toca’ se repiten sin que detrás haya contenido alguno. La teoría se la sabe de memoria pero la realidad lo desnuda permanentemente.
El sentido de mantener un fútbol base tan caro como el del Barcelona, con unas posibilidades globales casi únicas, es formar futbolistas para el primer equipo. Si esto no sucede, si el ascensor de la Ciudad Deportiva al Miniestadi, y de ahí al Camp Nou no funciona, es que el sistema se ha cortocircuitado. La realidad nos dice que Sergi Roberto es el último jugador en subir que se ha consolidado en el primer equipo azulgrana. ¡Y de eso hace ya cinco años!

La nueva mirada de Pep Segura

Segura llegó al Barça en 97 de la mano de Serra Ferrer. Trabajó en la base y el filial antes de iniciar una etapa de éxito por Grecia (2006-08) e Inglaterra (2009-12). Regresó en 2015 para dirigir el fútbol profesional formativo antes de convertirse en la máxima autoridad.Nadie duda de su profesionalidad y conocimientos. Se trata de un hombre metódico y ordenado que, sin embargo, tiene una mirada diferente a la que propone el método que ha convertido al Barça en la referencia mundial. Por ejemplo, prefiere ampliar a un perfil más físico los jugadores a fichar para que desarrollen un trabajo diferente al hasta ahora habitual. Los interiores, tradicionalmente delicados, están mutando hacia un perfil de más recorrido, capaces de ejecutar transiciones de área a área más que de desenvolverse con acierto en el juego de posición cruyffista. Segura quiere ‘caballos’ para llenar el centro del campo. En los entrenos se trabaja con más metros para cada futbolista, hecho que dificulta la combinación, la búsqueda del tercer hombre, la generación de superioridades y el tradicional juego de posición y posesión.

También es un amante de las estadísticas. Según él, explican bien lo que sucede en el terreno de juego: cuántas veces intervienen los interiores, por qué banda se juega, cuantos pases se dan en cada ataque, etc... Fútbol analítico que sitúa en un segundo escalón las esencias de lo que se consideraba imprescindible.¿Es que esto es malo? Por supuesto que no: cualquier plan bien hecho es respetable pero supone un cambio de lenguaje para técnicos y futbolistas, y la inevitable comparación con la historia. En este escenario, Segura se ha sentido cómodo con técnicos fieles que han decidido vigilar más por su nómina y su cargo que por la continuidad de un modelo de éxito forjado a lo largo de muchos años. El que manda, manda. En este sentido, los más perjudicados han sido los miembros del Departamento de Metodología, los históricos Joan Vilà y Paco Seirul•lo, hombres convencidos de la idea de Johan Cruyff. Su función como garantes del método ha sido recortada casi al 100% circunstancia difícil de comprender. Resulta curioso ver como el Barça ofrece másters, conferencias, el proyecto Innovation Hub, etc. por el mundo exhibiendo su exclusivo tesoro y,  en casa, fomenta otro método.
Sigue sorprendiendo la masificación de las plantillas, con cerca de 25 jugadores por equipo. Nadie se atreve a conceder bajas por miedo a un posible éxito del jugador rechazado fuera del Barcelona. La consecuencia: excesivas rotaciones. Tampoco se entiende que haya jugadores suplentes residiendo en la Masía. ¿Debe el Barça invertir tantos recursos en chicos que no son indiscutibles? Lenguajes futbolísticos diferentes que han provocado desajustes permanentes entre unos y otros que no benefician a los miembros de los departamentos de captación y formación. Ni a los entrenadores, que tratan de cambiar códigos sobre la marcha tras ver que las instrucciones actuales difieren de las habituales. 

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