Entrevista SPORT
FC BARCELONA
"Me planteé dejar el periodismo, lloré mucho. Soy socio del Barça y fue muy bestia"
Sique Rodriguez, presentador del 'Què T'hi Jugues!', del 'Carrusel Canalla' (SER) y descubridor del Caso Negreira, a tumba abierta en SPORT: "Es el error más grave de la historia del Barça. Inaceptable. No hay por donde cogerlo y se arrastrará para siempre".
Sique Rodríguez Gairí (Lleida, 29-09-1981) irrumpe en SPORT ataviado con la sonrisa de Ronaldinho, cuya estampa luce en el pecho de su zamarra. El genio, como a todos, le marcó a lo grande. Cuando aterrizó Ronie, el ahora comandante del 'Què T'hi Jugues!', programa de culto azulgrana en SER Catalunya, era un incipiente reportero deportivo cuyo cerebro nunca pudo imaginar lo que estaba por venir. Periodista de raza, activa cada mañana el micrófono de la emblemática Ràdio Barcelona para contarle a los oyentes, junto a su inseparable Lluís Flaquer, toda la intrahistoria de la actualidad blaugrana. Suyas - y de su equipo - son tres de las denuncias periodísticas más impactantes que jamás se hayan producido con respecto al Barça. El llamado BarçaGate, el Caso Negreira y la forma en como Limak ganó el Camp Nou llevan la firma del comunicador catalán. Seis años, seis premios, un Ondas y mucho reconocimiento del oficio. A la vez, insultos, amenazas y quilos de odio. Sique lo pasó mal. Borró todas sus cuentas en redes y lloró al ver que su club, del que es socio, había pagado a Negreira. Rodríguez, que pensó en dejarlo todo, mantiene una pedrada: es compatible ser del Barça con defender la profesión. Hoy, en el ecuador de su carrera, se viene para contarnos detalles. Muchos de ellos, imperdibles.
Usted, como yo. Futbolista frustrado igual a periodista deportivo...
Clarísimo. Siempre lo dije. Quería ser futbolista y no pude. Pensé, bueno algo que me guste y me permita estar cerca del futbol... El periodismo. Es verdad que mi padre es periodista y eso influye, aunque él es de prensa escrita. Recuerdo de pequeño ir a la redacción de La Mañana, un diario de Lleida a inventarme crónicas del Barça. De hecho, ganamos la Champions del 92 antes de jugarla, porque hice la crónica yo... Pero sí, de pequeño me preguntaban qué quería ser de mayor y siempre decía... jugador del Barça. No era mi sueño, era mi obligación.
En realidad, quería ser portero. Lo recuerdo porque te hice goles...
No muchos, no muchos... A ver, yo era bastante bueno eh. La verdad, jugaba bien.
Pero llegó Víctor Valdés y le puso en su sitio...
Sí, fue cuando me di cuenta que no iba a ser futbolista profesional. Estaba en el AEM, un equipo de Lleida, donde había la mejor cantera. De hecho, el Lleida me vino a buscar varias veces pero nunca quise irme. Sólo me convenció el Atlètic Segre, en el último año de juvenil, porque la categoría era alta y tenían proyectado un campo de césped artificial, cuando entonces todos eran de tierra. A mí, desde pequeño, siempre me habían dicho que si fuera más alto estaría en el Barça. Eso me generó un trauma muy bestia, hasta el punto que mi madre me procuró un tratamiento hormonal para intentar crecer treinta centímetros en dos años. Es algo que incluso he llegado a comentar con Jorge Messi, sabiendo que Leo había recurrido a eso. A mí no me lo recomendaron. Teniendo once años, recuerdo colgarme de puertas para estirarme y llorar mucho, tanto yo como mi madre, por este asunto. Al final, el año del Segre se dió la opción de entrenar cuatro días a la semana con el juvenil del Barça y jugar en Lleida los fines de semana. Había un día que nos juntaban con todos los porteros. Ahí estuve con Valdés. En la primera sesión, dentro de un circuito de reacción, le pusieron un balón a la escuadra y se pegó un paradón descomunal. Flipé. Encima se molestó por no blocar. Pensé, 'madre mía. Si yo, ni llego'. Víctor era espectacular.
Los porteros son raros. Al menos, muchos de ellos. Usted es algo vinagre...
Creo que aparento más vinagre de lo que soy en realidad. Me pasa muchas veces. Cuando la gente me conoce, me dicen 'caramba, si eres muy majo'. Pues claro que lo soy... Lo que ocurre es que arrastro un pequeño complejo. A mí me partieron la ceja en un columpio, me metieron ocho puntos con dos años. Me quedaron las cejas un tanto arqueadas para arriba y se me pone cara de triste. ¿Qué hago para compensar? Frunzo el ceño y entonces parezco más serio de lo que soy. Y claro, como tengo un tono de voz alto y me dicen que chillo, pues parece que esté enfadado y no, no lo estoy.
De su oficio, dígame algo que le ponga de los nervios...
Te diría... la falta de honestidad. O que me intenten engañar, aunque me lo tomo a broma, porque ya forma parte del juego. Pero creo que nuestro gran motor es explicar cosas que los otros no saben. Y en eso, me pone muy nervioso notar que no hay esas ansias de poder encontrar cosas, historias, noticias. Que haya hambre, que la redacción hierva. Esto es lo que más me gusta y lo que no me gusta es que no lo haga. Con el oficio, hay que vibrar.
Su mayor título es el 'Què t'hi Jugues!'...
Es como un hijo. Siempre lo digo. Casi tiene los mismos años que Teo y Mafalda, mis dos hijos. Yo creo que el 'Què T'hi Jugues' es el tercero. Ha ido creciendo y me parece que sí, que hemos conseguido hacer un programa que es referencia, ahora mismo. Me siento muy orgulloso, la verdad.
Tiene un padre que es del Madrid, y una madre del Barça. Hubiera podido salir blanquito, perfectamente. ¿Lo ha pensado, esto?
Sí, claro, claro que lo he pensado. Mi padre siempre me dice: 'te perdono que seas del Barça pero jamás te hubiera perdonado que fueras maquinero o reggetonero' ja, ja, ja. Mi padre es muy rockero, comparto con él la afición por la música y nos une el rock. Igual que el fútbol, aunque él sea del Madrid y yo del Barça. Tuvimos nuestros piques cuando, siendo pequeño, íbamos a un bar de Lleida que ya ni existe a ver los partidos. Casi todos eran blancos y me acuerdo que una vez, sacándole el Barça siete puntos al rival, aparecí con una cicatriz de siete puntos pintada en el brazo... Pero, insisto, muy unidos. Y luego, mi madre, mis abuelos maternos y mis tíos son todos culés. Ellos no hubieran permitido que me hiciera del Madrid. Me habrían linchado a hostias.
Hay mucha gente que confunde periodismo con barcelonismo. ¿Nos conviene a los periodistas decir de qué equipo somos?
Creo que es compatible. Somos personas, tenemos sentimientos y, claro, si te gusta el fútbol eres de algún equipo. Eso es lo normal. De hecho, desconfía de aquellos periodistas que dicen que no son de ningún equipo, porque pueden estar mintiendo. Por lo que a mí respecta, en su momento lo medité bastante, si decirlo o no. Pero creo que, en el fondo, somos subjetivos, y aunque no lo digas, tu marco mental ya hace que veas la realidad de una determinada manera y tampoco creo que haya que esconderlo eso. Lo que sí creo es que el periodista debe ser honesto. Pero es subjetivo, no puedes ser objetivo. A mí me hace gracia lo del periodismo de bufanda. Quienes más critican eso, son los primeros que llevan puesta la bufanda. Lo que les parece mal es que tú lleves una distinta a la que llevan ellos. Por eso se quejan.
Vamos quedando pocas moscas cojoneras en la profesión. ¿Ve un acorralamiento del fanatismo al periodismo convencional?
Bueno, creo que lo que han hecho las redes sociales es que todo el mundo pueda tener un megáfono, más o menos grande. Todo eso ha sustituido las cartas al director, las llamadas a la radio o las manifestaciones de aficionados que puedan congregarse alrededor de un partido de fútbol... Pero ahora estamos expuestos a una crítica permanente, algo que tampoco me parece malo. Me parece bien que a los periodistas se nos critique. El problema es que, muchas veces, ya es imposible saber qué hay de cierto en esas críticas y quién o quiénes se esconden detrás de los perfiles que critican. No sabes si son honestos, si son interesados, si son dirigidos con fines oscuros... Por lo demás, entiendo que son dos aristas perfectamente complementarias. Vázquez Montalbán decía que sin un poco de exageración no existiría el periodismo deportivo. Y es cierto. Nosotros acompañamos a nuestros lectores, oyentes o telespectadores. Tenemos una función sentimental también que ayuda a la gente a identificarse con nuestros productos, pero eso no debe ir reñido con el espíritu crítico que debe ejercer la prensa. El poder tiene que sentirse vigilado, fiscalizado. Esa es una de nuestras funciones. Cuando señalamos, hay aficionados que nos acusan de ir contra el Barça. Es todo lo contrario. Si queremos que el Barça haga las cosas bien, la prensa debe vigilar a los que gestionan el club.
Laporta dio un día las gracias al Tío Faja por el apoyo, diferenciándolo del resto...
Me hizo gracia la broma del presidente, lo digo de verdad. Primero, fue un guiño al programa. Quiere decir que está pendiente de lo que ahí se dice. Y segundo, me lo tomé como parte del juego. Lo hemos hablado alguna vez y no hay problema. No lo traslado, ni mucho menos, al ámbito personal. Estuvo jocoso, bien. La relación sólo se tensó con el Caso Negreira. Lo comprendo, pero claro, qué quieres que haga...
Ahora le pregunto por eso. Antes, le escuché decir un día que está en contra de las secuencias con protagonistas en la calle...
¡Ah! Sí, no me gusta nada.
Pues oiga, yo llevo unas cuantas...
Lo sé, lo sé. No me gusta lo que hacéis...
Todo lo que usted quiera, pero cuando dicen algo interesante, en la radio ponéis las declaraciones. Sí, las ponéis...
Bueno, haz un muestreo. Coge desde ahora hasta el 30 de diciembre y mírate de las veces que se persigue a alguien para sacarle una declaración, en cuántas se consigue algo que nos dé información. Estoy seguro que no llega ni al diez por ciento. Por ejemplo, te digo... No me parece bien que a las puertas de un juzgado, a Laporta, tras declarar sobre un caso que es serio, se le pregunte por el arbitraje en un partido. Para mí, eso en ese contexto es una tontería. Sólo para que el presidente diga una frase y desvíe la atención.
Fui yo quién le pregunté. Por un penalti a Koundé en Getafe. Pero no fue para desviar la atención del Caso Reus. De eso no iba a hablar y estaba el asunto de la polémica arbitral. Por cierto, salió en todas partes...
Hemos hecho muchas guardias juntos y tú sabes que antes al protagonista se le preguntaba primero si quería hablar. Si daba el visto bueno, se le abordaba sin perseguirle. Si no quería salir, iba bien porque igual fuera de micrófono te decía cosas.
Pero eso era antes, cuando la mayor parte de protagonistas accedían. Hasta Messi hablaba en el aeropuerto. Pero ahora no hablan. Y si tu trabajo es audiovisual, necesitas una imagen. Preguntamos sobre la actualidad.
No, David; eso no es preguntar. Eso es buscar el espéctaculo. A Florentino en Madrid no se lo hacen...
Caramba, y de eso me quejo. Y celebro que en Barcelona haya más libertad en ese sentido. El periodista debe de preguntar y el protagonista está en su derecho de responder o no. Mire, Laporta me levantó el pulgar cuando le pregunté si Gündogan estaba hecho...
Ya, pero ves... Eso sí tiene un punto de información. Pero recuerdo que, una vez, los medios se fueron a esperar al padre de Neymar a las tres de la mañana a la salida de una discoteca. No sé ni quién estaba, ¿eh? Pero no me parece correcto, ahí con cámara y micro en mano, preguntándole por el futuro de su hijo. A mí eso, aunque se encuentre en la calle, creo que es invadir una esfera personal. Sería mejor pactar algo con él y si quiere hacerlo, poderle preguntar tranquilamente para que responda. Pero bueno, oye, que me parece un debate muy interesante. Un día, molaría hacer una sentada con periodistas de distinto ámbito y valorar cómo vemos nosotros a los protagonistas y cómo nos ven ellos a nosotros.
Dio usted un recital en 'El Larguero' sobre madridismo sociológico...
Me lo preparé bien, sí. Hasta me lo escribí, ja, ja, ja.
En medio de todo esto, me parece un triunfo que un catalán ande presentando el 'Carrusel Canalla'...
Mira, te agradezco que lo digas. Porque es verdad.
¿Y eso contribuye a cambiar algo el relato o no?
Sí. Y tanto. Hay muchos intangibles. Mira, un ejemplo. Tú cuelgas una encuesta: ¿quién ganará la Liga, el Barça o el Madrid?, en hora canalla y gana el Barça. La cuelgas, a la misma hora, pero cuando se hace 'El Larguero', y gana el Madrid. Eso está comprobado. Yo hablaría más de centralismo sociológico. Es una cuestión de óptica. Ellos tienen la sensibilidad de allí y no tienen en cuenta muchas cosas de aquí. Pero pasa también en Barcelona, con respecto a Lleida, Girona o Tarragona. A veces, nos quejamos de patrones que repetimos a pequeña escala en Catalunya. No se trata de hacer barcelonismo desde la Cadena Ser. Se trata de equilibrar un poquito la agenda mediática y entender, llegado el caso, que el Gran Premio de Jerez va por delante del Mutua Madrid Open. Un día les dije, 'estamos discutiendo eso porque el Open se juega en Madrid. Si se jugara en Barcelona o en Valencia, no habría ni discusión. ¿Lo veis o no?'. Pues ese tipo de cosas.
Llegué a recibir amenazas de muerte en redes. Creí que en la calle me iban a crujir, pero fue todo lo contrario. Internet te confunde"
En los últimos seis años, seis premios para usted y su equipo. Entre ellos, un Ondas por el BarçaGate. Luego, el Caso Negreira y el Caso Limak. También, a cambio, muchos insultos y amenazas. ¿Le ha compensado?
Sí. Aunque a veces pienses que no, evidentemente. Somos humanos y hemos pasado muchos momentos difíciles. He recibido amenazas de muerte en redes sociales. E insultos, también en redes. Todo ahí. En la calle, nada. Borré mis cuentas en internet por ese motivo. Vi que había una distorsión muy bestia. Te acaba condicionando un mundo en el que, vuelvo a decirlo, no sabes nunca lo que es real y lo que no. Te confunde. Llegué a creer que iba a salir a la calle y que me iban a crujir. Fue todo lo contrario.
¿Lo pasó mal con lo del Caso Negreira?
Sí, claro. Muy mal. Fue peor el antes que el después. Antes de dar la noticia, lloré. Lloré mucho. Y Adrià Soldevila, mi compañero, también.
¿Por qué lloró?
Porque es muy heavy. Muy bestia. Yo soy socio del Barça, ¿eh? Aficionado y socio. Mis hijos son socios. Tengo tres abonos en el Camp Nou. Nunca me he escondido. Y cuando vi todo lo que había, pensé... 'Pero esto, ¿qué cojones es? ¿Pero cómo puede ser? ¿Hasta dónde va a llegar este tema? ¿Y qué va a suceder cuando lo contemos?'. Llegué a pensar en dejar el periodismo. Me dije a mí mismo... '¿Para qué?'. Pero luego piensas que es una gran noticia, de mucho impacto, y que al final quiénes deben responder por ello son los responsables. No el Barça, sino los que dirigieron el Barça. El foco debe ser para ellos, no para el periodista que explica la noticia.
"Rompería relaciones con Florentino. Ayudó al Barça porque le consideraba débil. Ahora, tras pintarle la cara en los Clásicos y los títulos, ya no le hace tanta gracia. Aquí, Laporta ha sido Laporta"
¿Qué ocurrió en casa?
Hablaba con el marido de mi madre, Lluís, casi mi segundo padre, y me decía que había que contarlo. Mi madre, en cambio, me insistía en que no lo sacara... "Esto, el Madrid seguro que también lo hace y si lo sacas será un 'merdé' para ti, cariño", me decía la pobre. Pero tuve claro que si queríamos ir a dormir con la conciencia tranquila, debíamos explicarlo. Y debíamos hacerlo nosotros. La SER, en Madrid, se ofreció a dar la noticia desde la capital si así nos sentíamos más protegidos. Valoramos que la noticia era nuestra y no darla hubiera sido de cobardes. Trasladarla desde Barcelona también nos permitía a mí, a Adrià y a Jordi Martí, controlar el enfoque. Lo que queríamos decir y lo que no.
¿Llamaron al Barça?
Sí. Y nos reunimos y hablamos. No diré con quién, pero sí. Fue con gente gorda del club. Fuimos de cara y la relación fue correcta. Nos pidieron quince días para preparar una respuesta, tanto a nivel interno como externo. Decidimos aguantarla un tiempo y les avisamos por la mañana el día que decidimos lanzarla. Si te fijas, Laporta salió ipso facto, nada más ver la luz la información. Lo tenían todo a punto.
Con el presidente Laporta hubo conversación...
Con Laporta... A ver, no voy a dar nombres. Todos los protagonistas sabían de la noticia y nosotros sabíamos cuáles eran sus opiniones y sus explicaciones.
Es verdad que el presidente Bartomeu le dijo: 'Sique, haréis daño al Barça si sacáis esto'... O: 'piénsatelo'...
No me dijo 'no lo saques'. No es cierto. Que lo hubiera preferido, seguro. Como Laporta, como Gaspart, como Rosell. Claro. Pero no, eso no me lo dijo. (Silencio)
¿Trata de acordarse de lo qué le dijo?
Estoy tratando de no decir más de lo que debo decir. Es un caso judicializado y no puedo mentar conversaciones directas. Pero es que esto no tiene mucho más. Escúchame, el Barça pagó a un vicepresidente de los árbitros y punto. A partir de ahí, lo que se juzga es si pagar al segundo del CTA es comprar árbitros o no lo es. Lo he dicho muchas veces: el Barça no pagó para que un árbitro le pitara un penalti a favor o expulsara a un rival. Pagó porque pretendía tener influencia en las instituciones, porque entendía que el Madrid las dominaba mucho más. El club quería tener oídos en la Federación, lo que siempre se llamó pasillos del fútbol.
No se puede entender el Caso Negreira sin el Caso Di Stefano, considerado por Gaspart como un robo de estado. El Barça quiso compensar el control de los pasillos que ejercía el Madrid. Pagaron por influir
¿Tiene claro que el Barça pagó por influir?
Yo... sí. Sí, sí. Si luego, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se llevó dinero, pues puede ser. Puede ser que haya más de un delito. Creo que no se va a demostrar que hubiera árbitros que cobraran por adulterar partidos porque no los había. Es lo que creo. Para mí, para entender el Caso Negreira debemos remontarnos al Caso Di Stefano. Entrevistamos a Gaspart y nos entregó una carta, que se encuentra publicada en nuestra web, donde se habla de ese asunto y de la ética. Gaspart nos dijo que si desde Madrid pedían que el Barça entregara todos los títulos que concidieron con Negreira, él reivindicaba que las Copas de Europa del Madrid también fueran devueltas. Cree que lo de Di Stefano fue un robo de estado. Esa sensación de que el Madrid siempre medró entre los organismos federativos, algo que no se puede discutir, es lo que se quiso compensar desde aquí. En una época donde había dirigentes que se creían que todo se podía comprar. No hay que olvidar que Núñez fue condenado por sobornar a unos inspectores de hacienda. A Anton Parera ya le conocemos, jamás ha querido hablar del tema... Como mínimo, es extraño. Y Gaspart es parte de ellos. Ahí nace el Caso Negreira. Y puedo entender que cuando llegan Laporta, Rosell y luego Bartomeu sea difícil retirar los pagos porque te expones a que los protagonistas canten. Estás en una encrucijada. Pero claro, Laporta entró diciendo que iba a levantar alfombras. No lo hizo. Y con el tiempo, hay un momento en que metabolizas el pago y ya no te das ni cuenta de la gravedad que tiene.
Un tiro en el pie...
Es el error más grave de la historia del Barça. El peor. Lo arrastrará siempre. Y porque, además, no puedes pagar durante dos décadas al vicepresidente de los árbitros. Es inaceptable. No hay por dónde cogerlo. La suerte, a nivel mediático, es que el caso derivó enseguida hacia una cuestión judicial. Pero si lo quitas de ahí, que ya veremos cómo termina, ¿dónde está la ética? ¿Dónde anda la buena praxis? ¿Dónde están los valores? Y no se ha debatido sobre esto. Si entendemos que el Barça es más que un club, eso conlleva privilegios pero también obligaciones. No se puede aceptar que los dirigentes de este club hayan hecho esto durante tanto tiempo.
¿Cree que el Madrid - y el madridismo - han utilizado el caso para pervertir el incuestionable legado del Barça de Messi?
Creo que todos los clubes, y el Madrid el primero, no quieren mejorar el arbitraje. Lo único que pretenden es condicionarlo a favor. Alguien una vez me dijo: "El Madrid nunca necesitó pagar para controlar a los árbitros y las instituciones". Pues eso; influir es lo que pretenden, también. ¿Por qué tienen a Megía Dávila de delegado? ¿O el Getafe a Mejuto? Al Madrid le va bien lo de Negreira para presionar a los colegiados. Me hace gracia que hablen de la mugrienta liga Negreira, cuando hace siete años que él ya no está. Y te dicen que hay muchos árbitros que crecieron con él. Claro, como Megía. Y lo tienen de delegado. O lo de Florentino, que saca una chuleta a lo Mourinho con el saldo de expulsiones y se guarda lo de los penaltis porque sabe que se le hunde el relato. Yo creo que sí se ha pervertido el Caso Negreira. No se han abierto las ventanas. No me parece normal que Yolanda Parga esté en la Federación y sea la pareja del delegado arbitral del Madrid, por ejemplo. O que ande por ahí un ex asistente de Dávila, o que la comisión que elige las revisiones esté formada por gente de Madrid o del Madrid. Lo dicho. Centralismo sociológico. Y luego ves que las acciones de Vinicius no se peritan en público.
¿Rompería relaciones con Florentino?
Sí. A ver, no me mataría. Pero creo que es mejor no ir de la mano del Madrid. Sobre todo, si es el club azulgrana el que tiene una posición más débil. Florentino ha ayudado al Barça porque le ha interesado, no porque le quiera, obviamente. Y lo ha hecho porque sabía que su rival estaba débil. Claro, ahora viene de pintarle la cara en cuatro clásicos y ha ganado tres títulos. Ya no le hace tanta gracia. Aquí, Laporta ha sido Laporta. Ya lo hizo en la primera etapa. Iba con Florentino apoyando a Gerardo González como candidato a presidir la Federación y en la última curva viró hacia Villar. Esta vez, ha hecho lo mismo con la Superliga, pero un poquito más tarde.
El Madrid no quiere mejorar el arbitraje, pretende condicionarlo a favor. Como todos. Tienen a Megía Dávila de delegado arbitral. El también creció con el exvicepresidente del CTA.
Lo de Limak, ¿cómo le huele?
Raro. El Barça gestionó bien la crisis porque nos puso a un responsable para dar explicaciones cuando dimos la noticia, pero la realidad es que hay un informe de los técnicos del Barça que suspende a Limak y, en dos días, los máximos responsables cambian el informe y de perder pasa a ser la constructora mejor puntuada. Me parece muy de Laporta tomar decisiones que vayan contracorriente, algo muy cruyffista. Me parece muy bien, pero hay que hacerlo con transparencia. Sin sombras.
En las urnas, ¿habrá partido?
Si las elecciones fueran mañana mismo, creo que Laporta gana de calle. De aquí a seis meses, pueden pasar imprevistos. Si el equipo sigue compitiendo bien y lo del Camp Nou marcha más o menos sin sobresaltos, tengo la sensación de que no habrá partido. Pero ojito con lo que transmiten las redes. En 2015 iba a arrasar Laporta. El Barça ganó el triplete y Bartomeu, que estaba casi muerto, ganó de largo. La diferencia es que Laporta ahora está dentro y nunca un presidente que fue a la reelección perdió el cargo en las urnas.
Lamine Yamal. ¿Es de los que se preocupan con el crack o no?
No. Soy bastante de Lamine. Ronaldinho estuvo tres años al máximo nivel. Se lo dije un día y su respuesta fue: '¿Y para qué más años? Conmigo acabó con otra Copa de Europa?, me apuntó... El otro día, un psiquiatra que nos sigue en las tertulias me comentaba que él piensa todo lo contrario que mucha gente sobre Lamine. Y lo argumentaba así. Hay tres edades: la cronológica, la emocional y la cognitiva. En la emocional y en la cognitiva, Yamal es mucho más maduro que cualquier chaval de su edad. Pues creo que igual tiene razón.
La última para el 'Last Dance' de Messi. ¿Lo haría?
José Mari Bakero, que colabora en el programa con nosotros, nos dejó una frase que se me quedó grabada. 'Jugadores excepcionales merecen finales excepcionales'. El carril normal está en que la historia ya acabó. Pero como es Messi, igual deberíamos descarrilar el tren. Mi yo racional te dice que no. En el yo emocional te digo un sí rotundo.
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