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Olmedo, la curiosa historia de un paraguayo en el Barça

Olmedo, junto a Eulogio Martínez
Olmedo, junto a Eulogio Martínez | sport

Melanio Olmedo Bretón nació en Asunción (Paraguay) el 19 de enero de 1932. Su pasión por el fútbol lo llevó a despuntar muy pronto en este deporte y a los 16 años ya jugaba en las filas del Sol de América, equipo de Primera División radicado en la capital guaraní. Jugaba de defensa lateral por ambos lados, aunque también podía evolucionar con gran rendimiento en el eje de la zaga. Corría el año 1948 y, desde entonces juró fidelidad al 'Danzarín' Hasta que apareció el Barcelona.

David Salinas

El club catalán había lanzado sus redes en Paraguay, donde seguía de cerca a varios jugadores, entre ellos Melanio Olmedo y Eulogio Martínez, este último delantero que destacaba en el Club Libertad. En 1953, el primero se proclamó campeón de América con su selección en Perú después de derrotar en la final, que precisó desempate, al todopoderoso combinado de Brasil (3-2).

Pero Olmedo y Eulogio no llegaron a Barcelona hasta el mes de septiembre de 1955, más de dos años después. Ni uno ni otro, de entrada, pudieron jugar oficialmente porque por aquel entonces solo podían alinearse jugadores extranjeros que acreditasen tener familiares españoles. Debutaron en un amistoso el domingo 17 de junio de 1956, contra los alemanes del Frankfurt. El zaguero reconoció que “llevaba un año prácticamente sin jugar” y aunque no había descuidado la preparación física, “falta la costumbre”.

En una entrevista que concedió a la Revista Barça, en agosto de 1956, con motivo del traslado a su nuevo domicilio, muy cerca de Les Corts, explicaba que “en Paraguay no era profesional, aunque nos compensaban con un poquitín de plata”. Olmedo agregaba que trabajaba como “funcionario público, en el servicio de recaudación de impuestos”.

Todo parecía ir viento en popa y los dos paraguayos fueron 'aptos' para jugar partidos oficiales. Ya tenían el correspondiente permiso para alinearse al inicio del curso 1956-1957. Pero el entrenador, Domènec Balmanya, solo ponía al delantero. ¿Es que la situación de Olmedo no estaba legalizada? Sí, el engorroso y pesado papeleo había acabado. Solo esperaba que el técnico le diera una oportunidad para demostrar su valía, pero no llegaba. Pasaban y pasaban los partidos y el paraguayo era invisible. Un campeón sudamericano, una torre de 1,83 metros, era un cero a la izquierda. Para hacer más llevadera la interminable espera, cuando nació su segundo hijo, Augusto, el presidente del Barça, Enric Llaudet, fue el padrino de bautizo.

Aparecieron entonces, con fuerza, nuevos elementos de la cantera que cerraron el paso a Olmedo: Biosca, Gensana, Olivella. Estaba nacionalizado pero no tenía sitio. En marzo de 1958, cansado ya de esperar casi tres años, obtuvo la carta de libertad del Barça. Y para aprovechar el tiempo hasta el final del curso se comprometió con el Europa, de Tercera División, hasta el 30 de junio. Con el cuadro escapulado jugó en todas las posiciones, incluso de delantero centro, pero no pudo lograr el anhelado ascenso.

Tras jugar en el Europa se pasó el verano preparándose para firmar por un grande. Melanio estaba decidido a seguir en España. Y a triunfar después de perder tres años. Ese verano de 1958 se alineó en una selección húngara que jugó en Andorra un par de amistosos (homenaje a Basora) y con el Gandesa. Poco después se iría a Portugal, al Lusitano de Évora. Y de allí pasaría al Martítimo de Funchal.

Superada la etapa portuguesa, que cubrió con éxito, regresó a Paraguay en 1960 para trabajar en una región nueva del país, Ciudad del Este, que fue inaugurada en 1957. Se dedicó entonces al asentamiento de personas y al cooperativismo, siendo uno de los socios fundadores de la mayor cooperativa paraguaya: Minga Guazú, que traducido del guaraní significa Gran Ayuda Mutua. También fue el fundador de la Liga Deportiva Paranaense, del que fue tesorero, vicepresidente e incluso técnico

Olmedo había entrado de lleno en el mundo de la política de la mano del Partido Colorado, la formación que controló el militar Alfredo Stroessner entre 1954 y 1989. El exjugador del Barça llegó a ser administrador de la Colonia Presidente Stroessner (hoy Minga Guazú), un cargo que equivaldría hoy día a alcalde. Desde su puesto siempre ayudó a hacer más llevadera la vida de sus compatriotas, alcanzando elevadas cuotas de popularidad.

Tras la muerte de su esposa Miguela, en 2001, se retiró definitivamente de la vida pública y se dedicó a su granja. Se casó nuevamente, mudándose a San Juan Nepomuceno, una ciudad del interior del país. Ya solo se dedicaba entonces a visitar a la familia. Falleció el 4 de febrero del 2012 en Ciudad del Este a los 80 años. Era diabético y murió a consecuencia de unas complicaciones derivadas de su dolencia. Sus restos fueron inhumados un día después en el cementerio de Minga Guazú. Se fue un grande que no llegó a debutar con el primer equipo del FC Barcelona de forma oficial. El fútbol no le dio esa oportunidad.

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