Ya es oficial: una temporada de transición para temblar

El Barça cierra su particular 'annus horribilis' con un triste empate ante el Eibar

Pasó lo impensable: el Eibar comió en la misma mesa que el Barça en el Camp Nou

No hay diagnóstico que tenga vigencia a una semana vista con este Barça. Imposible hacer planes, establecer un patrón o fijar una hoja de ruta. Cada partido es una aventura. A un gran partido puede seguirle una castaña. Y a una castaña una actuación prometedora.

Es un panorama agotador porque obliga a revisar las expectativas cada siete días. O peor aún: asumir que es una temporada de transición con voluntad estoica.

Una cosa sí está clara: el Barça de Koeman no tiene flor. En cada partido tiene algún momento para poner el partido de cara. Y normalmente desaprovecha la oportunidad de marcar una inercia para luego tener que remar a contracorriente. Y a partir de ahí todo cuesta un mundo.

Así ocurrió de nuevo ante el Eibar: falló una ocasión Dembélé clarísima y en la siguiente jugada marcó el Eibar tras una torpeza de Araújo. Antes a Braithwaite le habían anulado un gol por un fuero de juego muy riguroso. Y antes el danés había fallado un penalti tirado con el pie torcido y los ojos cerrados. 

Y en esas ocurrió lo impensable. Una imagen desoladora: el Eibar comía en la misma mesa que el Barça en el Camp Nou. Un Barça con el mismo sistema que en el Zorrilla pero con una imagen totalmente opuesta.

Con Messi en las gradas y Griezannn en el césped. En realidad sin ninguno de los dos, porque el francés jugó con la mirada perdida.

En un día para dar un paso adelante dimitió de tirar el penalti y jugó con la moral por los suelos. Ni siquiera Pedri, lo mejor del Barça esta temporada, la gran ilusión, estuvo inspirado. El canario no encontró su ritmo y tuvo menos presencia que de costumbre, pero terminó haciendo suyo el partido. 

Dembélé, aire para el Barça

Le ayudó Dembélé, que le dio otra marcha al equipo, que marcó y que dejó claro que es uno de los diferentes del equipo. Para lo bueno y para lo malo pocos como él para desequilibrar un partido.

Cuando está bien, el Barça encuentra el camino más corto para que pasen cosas en sus botas. Con su entrada el equipo regresó al 4-2-3-1 y mejoró pero no terminó de descoser al Eibar, que aguantó el ímpetu local.

Ni Trincao, que hace tiempo que es intrascendente, ni Coutinho, que vuelve a ser Coutinho, dieron soluciones al equipo. Sin noticias de Riqui Puig hasta el 85', y de nuevo con el plan habitual de Koeman (el de acumular delanteros) el Barça cerró el 2020 con mucho pesar. Con la melancolía de su annus horribilis.

Ya es oficial: es una temporada de transición y la única duda es cuántos puntos de sutura necesitará el equipo a final de temporada. Solo hizo falta ver a Messi viviendo los últimos minutos de pie con las manos en los bolsillos, lanzando bufidos de frustración y haciendo que no con la cabeza. Que no puede ser. Que así no se puede seguir. Se confirman sus peores presagios. Se lo dijo a Évole. El futuro Dios dirá.

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