Confidencial SPORT
FC BARCELONA
La noche en la que Joan García habló sin decir nada
El guardameta de Sallent firmó una actuación estelar ante su exequipo y eligió el silencio y las paradas para asegurar los tres puntos al Barça

DAVID BERNABEU
La actuación de Joan García en Cornellà el pasado sábado es de aquellas que dejan huella en la memoria culé. El Barça, que se ha caracterizado durante años por ser un equipo en el que el portero iniciaba las jugadas y asumía todo tipo de riesgos con el balón en los pies, ha girado el timón hacia una lectura más pragmática del fútbol apostando por un guardameta que, ante todo, sabe parar. Y precisamente ha fichado a un guardameta de los que dan partidos y ligas. Su actuación será recordada como una demostración de que, por encima de la presión mediática y el ruido, el estado de forma y la concentración siempre terminan marcando la diferencia.
Nada más salir a calentar —fue el primero en hacerlo, con todo el estadio pendiente para abuchearle—, Joan se mostró concentrado y con un lenguaje corporal propio de un futbolista ajeno a lo que sucedía en la grada y preparado para asumir el que iba a ser, muy probablemente, el partido más exigente de su carrera. Y, a la vista de lo ocurrido, también el mejor.
Entre bromas y calma antes del regreso a Cornellà
Según ha podido saber este periódico, a varias personas presentes en la Ciutat Esportiva les llamó la atención la semana que completó el guardameta en los entrenamientos. Especialmente motivado, pero sin rastro alguno de nerviosismo, el de Sallent preparó el encuentro con una normalidad sorprendente para un futbolista que estaba a punto de reencontrarse con un ambiente tan hostil.
Durante la semana hubo varias bromas en el vestuario, especialmente de compañeros del Barça desde la cuna, muy conscientes de la rivalidad con el Espanyol. Alguno dejó caer, siempre en tono bromista, que hiciera algún gesto, fruto de la rivalidad histórica que rodea este tipo de partidos, pero Joan tenía claro que su partido no iba de gestos ni de mensajes, sino de rendir y pasar desapercibido fuera del foco. Con el paso de los minutos, el portero fue haciéndose más grande en su antiguo estadio, llevando a cabo grandes paradas de mérito y con unos reflejos felinos que incluso sorprendieron a futbolistas del Espanyol como Carlos Romero que, cuando ya se veía anotando el 1-0, quedó mirando a la grada con gesto elocuente, como pareciendo decir "¿y qué más puedo hacer yo?".
Acciones que dan partidos
Lejos de encogerse en los momentos de mayor peligro, Joan respondió con determinación. En una acción durante la segunda parte, cuando ya se veía superado, no dudó en empujar a Gerard Martín para evitar un remate claro del conjunto blanquiazul. A medida que avanzaba el encuentro, Joan desesperaba a su antigua afición parando dos claros mano a mano consecutivos a Roberto Fernández y el ambiente fue cambiando. Los pitidos perdieron mucha fuerza, aunque cabe destacar que ayudó, y no precisamente poco, la gestión de un árbitro que supo calmar el partido en todo momento.
El contraste se hizo evidente al final. Con la victoria azulgrana, mientras algunos futbolistas del Barça celebraban los tres puntos buscando a las cámaras de televisión para festejar, Joan optó por desaparecer del plano. No buscó el foco ni dedicó gesto alguno a la grada, porque él ya había completado su misión.
El reencuentro con Jofre Carreras
Tampoco cambió su actitud fuera del césped. En la zona mixta, marcada por la cercanía, varias preguntas buscaban una reacción, una mueca, un gesto mínimo. No lo encontraron. Joan pasó sin hacer ruido. Porque así es él, un portero que habla en el campo. Tras el encuentro, ya en el túnel de vestuarios y sin tanta gente observando, charló con varios futbolistas del Espanyol que le felicitaron por su actuación. Una escena que recuerda que, más allá del relato público, varias relaciones personales siguen intactas. Un buen ejemplo es Jofre Carreras, que en la previa reconoció que Joan García es uno de sus mejores amigos.
De hecho, Carreras fue clave en los meses más delicados del guardameta, cuando recibió presiones durante su proceso de llegada al Barça. El delantero fue testigo de su decisión de cambiar de aires y pasó toda la semana con él en el paddock del Gran Premio de Montmeló de Fórmula 1 para aislarle del ruido. Incluso llegando a acogerlo en su casa, situada en un municipio lejano de Barcelona para ayudarle a desconectar del ruido, especialmente cuando en redes sociales se filtró la ubicación del domicilio del portero.
Pero todo eso ya forma parte del pasado. Hoy, Joan García se siente más respaldado que nunca y ofreciendo actuaciones decisivas a la afición azulgrana. Lo de Cornellà no fue solo un gran partido. Fue una confirmación silenciosa. De las que no necesitan gestos ni cámaras.
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