El mercado que le espera al Barça

El mercado que le espera al Barça

El presidente del Barça ha comparecido en rueda de prensa esta mañana para analizar la situación del club | FCB

Joan Laporta tiene que reconstruir la plantilla del primer equipo azulgrana en un contexto muy complicado y con un margen de maniobra excesivamente estrecho

Los fichajes de agentes libres y los intercambios serán las dos principales vías para 'zarandear' un vestuario necesitado de nuevos liderazgos

La situación económica del Barça es extremadamente delicada. La aplicación de un modelo de gestión insostenible por parte de la junta directiva de Josep Maria Bartomeu y el gigantesco impacto de la pandemia del coronavirus en términos financieros han situado al club azulgrana entre la espada y la pared. Con un margen de maniobra excesivamente angosto, el presidente Joan Laporta está obligado a ejecutar una reestructuración profunda del primer equipo de fútbol masculino. El verano será largo. Muy largo. Se tendrán que tomar cuantiosas decisiones transcendentales en los despachos de la zona noble del Camp Nou.

La entidad culé se encuentra en el inicio de un nuevo ciclo deportivo dentro de la misma era, la de Leo Messi. Aunque con diferencias en muchos sentidos, vive un momento parecido al de 2014, en el que la dirección deportiva ‘zarandeó’ el vestuario y modificó bastante la plantilla. Antes de una temporada que contra todo pronóstico finalizaría con el segundo triplete de la historia del club, el Barça invirtió 166,72 millones de euros en reforzar el equipo con efectivos como Luis Suárez, Rakitic, Ter Stegen, Rakitic o Bravo. Recibió 81,80 millones por las ventas, entre las que destacaron las de Alexis Sánchez y Cesc Fàbregas. El balance global fue de 84,9 ‘kilos’ pagados, una cantidad que, evidentemente, ahora no se puede igualar.

Laporta tiene que remodelar el Barça como lo tuvo que hacer Sandro Rosell hace siete años, pero en un contexto mucho más complicado; un mercado completamente frenado por la Eurocopa, la Copa América y los Juegos Olímpicos; la renovación (inminente, pero complicada) de Messi; y muchos futbolistas en nómina con fichas que duplican o triplican sus valores de mercado. Ni los directores de cine más malvados serían capaces de escribir un guion tan vil para los dirigentes barcelonistas. Ha llegado la hora de demostrar que el ‘lo hicimos y lo volveremos a hacer’ que tantas veces repitió ‘Jan’ en campaña electoral no era papel mojado. De llevar a cabo el plan para reflotar el club que aseguraba tener entrevista tras entrevista, comparecencia tras comparecencia, cuando pretendía persuadir por segunda vez a los socios.

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Una tendencia de ineludible corrección

Para entender cómo es posible que el Barça haya llegado a este callejón sin salida solo hace falta analizar sus traspasos desde que el PSG pagó la cláusula de Neymar Jr. En 2017, el conjunto culé no se creyó que el brasileño se iría al Parque de los Príncipes hasta que vio al futbolista abonar su cláusula de rescisión de 222 millones a la sede de LaLiga. Tarde y con los bolsillos llenos, el club intentó fichar a los mejores futbolistas del momento y acabó pagando en exceso por un jovencísimo Ousmane Dembélé y Philippe Coutinho. El caso del brasileño evidenció una improvisación imperdonable: no llegó en verano porque el vicepresidente Jordi Mestre consideraba una irresponsabilidad apoquinar tanto dinero por él, sobre todo teniendo en cuenta que ya se había hecho un gran esfuerzo por el extremo francés. Pocos meses más tarde, el día de Reyes de 2018, la estrella del Liverpool aterrizó en Barcelona.

Ese curso, en el que también llegaron jugadores como Paulinho o Semedo, el Barça ingresó 232,50 millones y, sin embargo, el cómputo global fue de -142 millones. La cifra no era inverosímil: el balance de los últimos ejercicios económicos azulgranas en materia de altas y bajas había sido de -84,9 (2014/15), -12,7 (en el 2015/16 solo se fichó a Arda Turan y Aleix Vidal por la prohibición de la FIFA) y -90,95 (con André Gomes y Paco Alcácer como incorporaciones más costosas), siempre en millones de euros y según datos del portal especializado ‘Transfermarkt’. La tendencia conducía, irremediablemente, hacia el punto en el que se encontró la entidad catalana cuando tuvo que reaccionar al adiós de Neymar. La dinámica ya hacía tiempo que consistía en acudir al mercado como solución a prácticamente todo.

El verano de 2018 fue atípico: la secretaría técnica invirtió mucho dinero en Malcom, Lenglet, Arthur, Arturo Vidal y compañía (141,10 millones) pero aún recaudó más por las ventas de Paulinho, Yerry Mina, Lucas Digne, Gerard Deulofeu, Marlon, Aleix Vidal y otros efectivos (146,05 millones). Si tiran de hemeroteca y buscan en el catálogo de ‘Movistar+’ un documental titulado ‘La Decisión’, no obstante, podrán cerciorarse de que la intención de Bartomeu era la de acometer el fichaje de Antoine Griezmann, que hubiera vuelto a ‘empujar’ el club a cerrar el cómputo de incorporaciones y traspasos en negativo. El francés rectificó un año más tarde y el entonces presidente culé le perdonó. En gran medida influenciado por él y por De Jong, el balance de la temporada 2019/20 –en las que las cuentas ya empezaron a mostrar síntomas de estar ahogándose– fue de -139,1 millones.

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Se produjeron dos hechos nada azarosos en esa campaña. En primer lugar, se realizó el primer ejercicio de ingeniería financiera de Bartomeu: el trueque Cillessen-Neto con el Valencia. Un ‘pan para hoy y hambre para mañana’ descaradamente peligroso. Por otro lado, en invierno las lesiones en ataque obligaron a la secretaría técnica a fichar a Braithwaite. En vez de fijarse en la Masia, el Barça volvió a hipotecar el futuro para centrarse obstinadamente en el presente, en el ahora. Que esa operación de finales de febrero, tres semanas antes de la inesperada paralización de la competición por el coronavirus, fuera la última antes del desbarajuste económico que se ha producido en el Camp Nou fue muy significativo.

La ‘nueva’ normalidad vino acompañada de otro trueque –éste con la Juventus y entre Arthur y Pjanic–, la imposibilidad de satisfacer las peticiones de Koeman y la consecuente confianza (obligada en algunos casos) en los canteranos, el ‘regalo’ de futbolistas contrastados como Suárez, Rakitic o Arturo Vidal a la competencia para ahorrarse sus sueldos y unos ‘artificiales’ 17 millones de beneficios entre bienvenidas y ventas que, ni por asomo, permitieron cerrar en números verdes las cuentas que la Asamblea de Socios Compromisarios aprobó hace un par de semanas. Tampoco para maquillar el cómputo de millones pagados y recibidos (-447,7) por todos los movimientos realizados desde 2014. Realmente, lo único que ha hecho la pandemia ha sido dinamizar, precipitar, un contexto de adversidad económica que difícilmente se podría haber sido esquivado.

¿Y ahora, qué?

“El Barça no sabe vender” es una de las frases que más se repite para explicar el comportamiento azulgrana en el mercado de fichajes. Existe una realidad que, sin embargo, muchos no consideran: generalmente, y aunque siempre hay excepciones, el club incorpora a los jugadores cuando se encuentran en su mejor momento y pueden ofrecer un rendimiento inmediato, mientras que efectúa las ventas cuando percibe que algún jugador ya ha ofrecido todo su potencial y, por ende, su valor de mercado es considerablemente más bajo que en anteriores años. Griezmann, líder del Atlético antes de aterrizar en el Camp Nou, y Rakitic, por el que la entidad podría haber recibido una cantidad muy elevada en su ‘prime’, lo ejemplifican a la perfección.

En los primeros compases del verano, Laporta ha demostrado, con hechos, que es consciente de que está obligado a abonarse a la austeridad. El único gasto que ha asumido para fortalecer el equipo ha sido el necesario para ‘recuperar’ a Emerson tras dos años y medio en el Betis. Todas las otras llegadas –Eric Garcia, ‘Kun’ Agüero y Memphis Depay– se han producido a coste cero. Es posible que la vía de los trueques entre en acción más pronto que tarde. El Barça no se puede permitir un dispendio importante como en la mayoría de los últimos cursos. En la operación salida, en la que hasta ahora se han visto involucrados Todibo, Miranda y Konrad, así como en las próximas horas lo harán muy probablemente Junior y Pjanic, también se ha enviado un mensaje claro: si la estructura técnica no confía en algún efectivo, será traspasado o cedido. O incluso rescindido, como Matheus Fernandes. La necesidad de adelgazar la masa salarial es imperiosa.

Salvo sorpresa, la balanza de pagos y cobros del Barça antes de la temporada 2021/22 volverá a estar equilibrada. No queda otra. El presidente tiene que reconstruir el equipo con unas cuentas que piden oxígeno y esta misión, cuyo éxito o fracaso será ‘vital’ para el proyecto deportivo de los años venideros, es extremadamente complicada. Nadie dijo que sería fácil.

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