Un mensaje a Europa

El Barça conquista Turín por primera vez en su historia y reclama su jerarquía en la Champions

Con un excelente Pedri, el equipo cuajó un partido muy serio que sirve de rehabilitación tras la derrota en el clásico y de alivio ante la tormenta institucional

El Barça recupera su fútbol en Turín | MEDIAPRO

Necesitaba el Barça algo así: un partido completo, en un escenario de primer nivel y ante un equipo que aspira a estar entre los mejores de la Champions. El último viaje europeo del Barça fue tan amargo –el 2-8 aún pesa- que conquistar Turín era una obligación. Había que enviar un mensaje a Europa y el Barça lo hizo: es un equipo dispuesto a competir contra los mejores. Lo demostró contra la Juventus.

No tuvo nada que ver con la Sábana Santa custodiada en una capilla de la ciudad, pero el Barça vivió en Turín una especie de resurrección. Se recuperó el equipo después de dos derrotas consecutivas y del lío institucional que rodea al club. También se recuperaron jugadores que llegaban alicaídos, tocados o bajo sospecha: el gol de Dembélé, el buen partido de Griezmann, la versatilidad de De Jong. 

Adiós al maleficio


Y además, el Barça rompió su maleficio turinés. Nunca había ganado a la Juventus como visitante, desde que en 1970 rindiese su primera visita. A la séptima, fue la vencida. 

Cátedra de Pedri

El Barça regresa de Italia con buenas noticias. Entre ellas, la graduación europea de Pedri, un muchacho de 17 años. Es un futbolista alejado de cualquier ornamento. No necesita adornarse para jugar como los ángeles. Lo suyo es el fútbol, nada más. Entiende el juego como si lo hubiera estudiado en la universidad

Alumno aplicado, casi siempre acertado en la toma de decisiones, se ha ganado un puesto en el dibujo de Koeman a base de talento y sencillez. En Turín se movió por la zona de tres cuartos con armonía y elegancia. Con permiso del gran partido de Messi, fue el mejor del Barça ante la Juventus.  

Dembélé se sube al carro

También se incorporó a la dinámica del equipo un jugador acostumbrado a vivir en la irregularidad: Ousmane Dembélé abrió el marcador con un extraordinario disparo de media distancia (el balón besó la red tras rebotar en la pierna de Chiesa), ofreció detalles muy interesantes y sobre todo, dio la sensación de que está en condiciones de subirse al carro de Koeman con todas las consecuencias. 

A su compatriota Griezmann solo le faltó el gol, pero su partido admite pocos reproches. Sacrificado y solidario, tuvo dos ocasiones extraordinarias para estrenarse como goleador esta temporada, pero le faltaron milímetros. “No se puede hacer mejor”, le elogió Koeman, empeñado en rescatar a Griezmann del anonimato en el que parece vivir en este arranque de curso.

Solo la lesión de Ronald Araujo, que se retiró al descanso con unas molestias, amenazó con empañar el partido. Pero De Jong se recicló para jugar la segunda parte en el centro de la defensa y cumplió a la perfección. 

la batuta de Pjanic

Aprobó Pjanic, que alternó un par de balones perdidos con detalles de jugador de primer nivel. Tiene el partido en la cabeza, elige bien y aporta un ritmo de circulación de balón que es puro oxígeno. Será un jugador importante.  

Y por supuesto, Messi, que gobernó el partido con jerarquía y autoridad. Sentenció al final, con un gol de penalti, y durante los 90 minutos se movió por la zona de la media punta con fluidez, convertido otra vez en el motor del equipo.  

Ronald Koeman salió eufórico del campo de la Juventus: nada que ver con lo que había sucedido en el clásico. El entrenador también esperó desde el banquillo después del partido, pero no para protestar al árbitro (el VAR funcionó sin problemas, para desgracia de Morata, que marcó tres goles posteriormente anulados) sino para saludar a los rivales y felicitar a sus jugadores. No era para menos. 

En Turín se vio un Barça compacto, competente y convincente; empeñado en regresar a Europa, si es que algún día se fue del todo.  

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