Martín Caparrós: "De no haberse inventado nadie extrañaría el fútbol"

"Con Messi nos tocó la rifa, pero nunca tendrá el dramatismo de Maradona", asegura

El escritor argentino estrena la novela 'Sinfín', donde reflexiona sobre la idea de la inmortalidad

Martín Caparrós es hincha de Boca
Martín Caparrós es hincha de Boca | JAVI FERRÁNDIZ

Martín Caparrós (62 años, Buenos Aires) maneja los tiempos del relato. En el texto escrito y en la conversación. Si el entrevistador le interrumpe una respuesta, lo frena en el momento adecuado para regalarle un final redondo.Ganador de los premios Planeta (2004) y Herralde (2011) de novela, estrena su último libro ‘Sinfín’ (Random House), una distopía que plantea una sociedad que logra la inmortalidad. 

El punto de partido de ‘Sinfín’ es la eterna pretensión de los humanos de ser inmortales, ¿la muerte es el gran tema de siempre?

Bueno, lamentablemente es un tema de cierto peso [sonríe]. Los esfuerzos que han hecho los hombres para tratar de esquivar la certeza de que todo se acaba ha tenido una gran influencia en la historia. Las grandes religiones parten de ahí y a partir de eso consiguieron imponer sus reglas de cómo hay que vivir.  A cambio nos dan una especie de vida después de la muerte. 

Con los años la idea de que todo se acaba se vuelve más real, ¿hay forma de prepararse para eso? 

A mí me rompe mucho las pelotas [risas]. Me gusta mucho vivir. La paso muy bien. Pero al mismo tiempo por más que me moleste sé que no hay nada que hacer. Lamentablemente nunca pude creer en ninguna de estas patrañas teológicas, así que voy vendido. 

Una constante en tu vida es que te mueves bastante, ¿por qué esa necesidad de viajar tanto?

Es verdad que estoy fuera la mitad del tiempo. También tiene que ver con pelear contra el tiempo, que es una manera de pelear contra la muerte. El tiempo se escapa un poco más lentamente cuando cambias de lugar. Va quedando como marcado. Si yo paso 20 años en el mismo lugar esos años empiezan a hacerse confusos. Es lo mismo que te pasa a otra escala en cada viaje. El primer día  siempre se hace larguísimo.  Son estúpidos intentos por detener un poco la fuga del tiempo. Viajar sirve para eso [sonríe]. 

¿Qué te queda de argentino?

 No lo tengo muy claro. Yo descubrí hace muy poco esos lugares comunes que nos atribuyen a los argentinos. Todo eso de que somos elocuentes, y otras cosas por el estilo, por decirlo de una manera amable.  Para mí ser argentino tiene más que ver con no ser de ninguna parte. Mi padre era español. Los padres de mi madre eran una rusa y un polaco. Mis primos viven en Francia, en Israel... Esa es una marca muy fuerte de los argentinos. 

En esa lógica Messi sería muy argentino, pero en cambio en Barcelona lo vemos  muy argentino y en Argentina lo ven muy catalán…

Sí. Pero a mí siempre me sorprende lo argentino que sigue siendo Messi. Porque, en él, ser argentino no es para nada una marca de transitoriedad, sino el apego muy extremo  a veinte manzanas. A su barrio de Rosario. Y a mí me sorprende como alguien que prácticamente no vivió ahí lo tiene tan pegado. Como que necesita agarrarse a algo que se le tenía que haber escapado.

Villoro dijo que Messi para los argentinos es como si te aparece un hijo con 15 años que no sabías que existía....

[Sonríe]. Con Messi siempre tuvimos esa sensación  de que nos tocó en una rifa. Fue como: ‘¡Qué suerte tener este pibe! Pero... ¿De dónde vino?’ Como uno que llega a la escuela al quinto curso y de repente cuando hace el primer partido dices: ‘¡Uau! ¡Qué bárbaro que juega este! Pero que no es de la banda de la escuela. 

¿En la comparación con Diego, hay alguna batalla que pierda Messi?

Maradona tuvo siempre un dramatismo que Messi nunca tuvo. En todo. Por supuesto en la vida privada, pero también en la cancha. Maradona jugaba como si todo lo que estuviera haciendo fuera imposible. Lo conseguía pero siempre estaba al borde de no conseguirlo. En cambio Messi juega como si todo lo que hace fuera lo más normal del mundo. Lo ves jugar y dIces: ‘Claro, yo también me habría ido de esos cuatro’. Eso le da como una cierta desventaja. Messi parece que fuera cada día a la oficina. 

"Lo más revolucionario del Barça de Guardiola es que jugaba de la misma manera en los dos áreas que en el centro del campo"

Caparrós durante la charla con SPORT | JAVI FERRÁNDIZ

Hay un momento de tu vida que reconoces simpatía por el Madrid y en otro por el Barça; ¿uno puede cambiar de equipo en el fútbol?

No, yo creo que no. Pero yo no lo he hecho, yo soy de Boca [sonríe]. En algún momento pensé que era hincha del Madrid por mi padre.  Que era algo ridículo, porque  en los sesenta me enteraba del resultado por  un cable de EFE o un diario del martes. Pero hubo un momento culminante, que fue cuando Madrid y Boca jugaban la final de la Intercontinental.  Durante unas semanas pensé: ‘¡Ui, qué choque de lealtades! ¿Con quién iré?’

¿Resolviste el enigma? 

Cuando se acercó el momento quedó muy definido el asunto: quería que ganara Boca. Y después me empezó a molestar el Madrid prepotente, del talonario, de los galácticos. Y al mismo tiempo el Barcelona jugaba muy bonito. Nunca vi jugar tan bien al fútbol como el Barcelona de Guardiola. Y entonces me empezó a dar más ganas de que ganara ese equipo que jugaba tan bonito. Pensé que chocaba contra mi convicción de que uno no cambia de equipo, pero en realidad lo que descubrí es que nunca había sido hincha del Madrid [risas]. Yo soy de Boca.

Me hablabas de jugar bien ¿para ti qué es jugar bonito?

Básicamente, tratar bien la pelota. Ser amable , darle gusto. Y eso el Barcelona lo hizo como nadie. Con movimientos, con desmarques, con lujos, con arabescos. Esas largas posesiones dinámicas.... No como las de ahora que están todos en un jardín. Lo más revolucionario de aquel Barcelona era que jugaba de la misma manera dentro de las dos áreas que en el centro del campo. Cosa que no había visto nunca. Normalmente en el área se trata de terminar rápido; ya sea para pegarle un puntazo y sacarla a la tribuna, o para pegarle tres dedos y meterla en el arco.   

El fútbol es el espectáculo que más gente reúne al mismo tiempo, ¿cuál es el truco?

[Se lo piensa]. Siempre digo que el fútbol es algo que podría no haberse inventado y nadie lo extrañaría. Sin embargo ocupa un lugar decisivo. 

Pero nadie extraña nada que no haya vivido, ¿no?

Bueno, no, pero uno extraña qué sé yo, ¡una buena vacuna! Fíjate ahora con el coronavirus. Cosas que uno siente como necesidad. Pero el fútbol si no hubiera existido nadie lo habría necesitado ¿Por qué atrae tanto a la gente? Es un misterio absoluto. Quizás sería más fácil analizar por qué el fútbol y no otro deporte.

¿Por qué el fútbol?

A finales del siglo XIX había una serie de deportes que podían haber ocupado ese lugar. El rugby, el hockey, el baloncesto, el béisbol, qué sé yo. Pero fue el fútbol. ¿Por qué? El fútbol permite que lo juegue cualquiera.  El gordito tiene un lugar. El flaco también. Es un deporte que se puede jugar en cualquier lado. Se puede armar un balón con ocho calcetines viejos. Se podría profundizar en eso pero yo creo que realmente la diferencia es el gol. 

¿Qué tiene el gol?

El fútbol, igual que la vida, es un 99,8 % de fracasos y un 0,2% de logros. En el fútbol estás fracasando todo el tiempo. Lo que quieres es hacer un gol: fracasas, fracasas, fracasas y en algún momento eventualmente lo consigues. Y es maravilloso conseguir aquello para lo que has fracasado tanto. Por eso se produce un júbilo como pocos otros. En el baloncesto y otros deportes tienes éxito 45 veces por partido. Se mueren del éxito [sonríe] ¡Demasiado éxito! En cambio el fútbol es puro fracaso, así que se vuelve glorioso dejar de fracasar.

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