De Coutinho a Dest, margen para creer

Al Barça le faltó la energía de los primeros partidos pero siempre compitió ante un Sevilla enorme

La propuesta de Koeman sigue confirmando un equipo vertical que se define por sus delanteros

Ilusionarse no cuesta dinero y es muy tentador aunque no siempre sale gratis. Puede generar frustraciones, pero le salva a uno de la indiferencia, el peor estado posible para el aficionado y un equipo de fútbol. Lo sabe el barcelonismo, que después de mucho tiempo vuelve a esperar los partidos del Barça con el cosquilleo de la expectativa. 

La alegría estaba justificada tras dos actuaciones esperanzadoras. Pero llegó el Sevilla y rebajó el estado de optimismo con un empate. Lo hizo con una actuación vibrante, cargada de energía, coral y con un sentido táctico quirúrgico. La acumulación de partidos en un calendario apretado pareció afectar a un Barça más rígido, menos alegre, con la lengua fuera pero que compitió hasta el final. 

El Sevilla empezó agobiando al Barça, incapaz de quitarse de encima la presión vibrante de los andaluces. Le costó un mundo llevar el balón a la zona de peligro. Le costó un mundo gobernar el encuentro.

Le costó una barbaridad sentirse cómodo o disfrutar del partido. Pero, incluso así, dio una imagen permanente de peligro. Nada raro, porque este Barça ya no es el equipo parsimonioso de las últimas temporadas. Tiene prisa con el balón, ha ganado vértigo, como en los tiempos de Luis Enrique en el banquillo. 

Es un Barça que cuida menos el balón, más salvaje, menos sofisticado. Un equipo que mira más a los delanteros, mayoría (cuatro), que a los centrocampistas (dos), un espacio ahora más de paso. Pero enfrente tuvo un señor equipo.

Un Sevilla febril y esforzado, pero sobre todo con un plan para incomodar al Barça ejecutado con precisión. Jugando a un toque, rapidísimo. Moviéndose en bloque. Como un acordeón, de arriba abajo, siempre juntos. 

El partido empezó con mucha energía y se fue volviendo más táctico. No fue el Barça exuberante de las dos primeras jornadas, pero su puesta en escena fue coherente con la propuesta de Koeman.

Un Barça vertical cuando ataca y rápido cuando defiende. El partido se fue al descanso con la posesión repartida al cincuenta por ciento y el empate en el marcador.  Y cuando el Barça volvió al campo se encontró de nuevo con un equipo muy hecho, con las ideas claras, listo para la máxima exigencia en Europa.

Hace unos meses el Barça se habría venido abajo, pero la predisposición de este equipo ha cambiado. Y desde ahí es mucho más fácil construir algo. Lo intentó pero le faltó gasolina ante un equipo muy bien posicionado.

Aguantó el Barça, con buenas noticias en defensa (Araujo juega con la naturalidad de un veterano), pero sin la mejor versión de sus delanteros. Fue un equipo que sigue siendo demasiado asimétrico; la banda derecha solo acompaña al equipo. Y Griezmann sigue sin encontrar su sitio. Se mueve, pero el equipo no lo encuentra. 

No hay manera, aunque sus movimientos sin balón ayuden a sus compañeros. Mejor estuvieron Ansu y Messi, pero lejos de su mejor versión.

Lo intentó todo Koeman, que dio entrada a Trincao, Pedri, Pjanic e incluso Dest, que dejó muy buenas sensaciones. Al estadounidense no le quedó grande la camiseta y demostró personalidad y fútbol.

Pero no remató un Barça que terminó a la desesperada; con Busquets centrando un balón y De Jong rematando como un nueve. La tuvo Trincao, pero no acertó. Al Barça no le bastó el gol de Coutinho en la primera parte. El Sevilla le dio un baño de realidad a un Barça en construcción, que no quiere dejar de creer.  

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