Maradona: "Es mentira que Messi me imponía jugadores"

"De mi historia solo cambiaría lo de la enfermedad que me llevó a no poder disfrutar de mis dos hijas en su mejor momento"

Cuando Messi escuchó a Maradona, y su evolución en los tiros libres | Perform

En mayo el 2015, Soccerex organizó una entrevista pública con Diego Armando Maradona. Nuestro colaborador Guillem Balagué le hizo las preguntas y lo que salió de aquella conversación en la que el astro argentino repasó su brillante carrera con capítulo especial para etapa en el FC Barcelona y su relación con Leo Messi.

Entiendo que ustedes, los futbolistas, tienen una relación personal con la pelota. ¿Usted también?

Sí, sí, sí, sí. Yo veo un balón y me desespero. Me desespero porque quiero entrar a jugar, quiero... a pesar de mis años, quiero poder entregarle a los chicos todas las vivencias y todo lo que podía ser yo. Aunque era muy difícil hacer lo que hacía yo; lo veía con mis compañeros: yo hacía algo y mis compañeros me querían imitar y no podían. Mi relación con la pelota es un amor que no va a morir jamás.

Imagine esta situación. Usted pasea por un parque, hay unos chicos jugando y le dicen ‘juegue con nosotros’, sin saber quién es usted. ¿Qué hace?

Primero elijo el mejor equipo y después me meto con ellos. Es que yo lo he hecho muchas veces. En Argentina, yendo por General Paz, hay muchas canchitas alrededor de la ruta y he frenado el auto y me he puesto a jugar con los chicos, y los chicos se dieron cuenta de que estaba jugando yo después de cinco minutos. 

¿Cómo? ¿No le reconocieron?

No, no, alguna vez pasó. Me gustó toda mi vida estar cerca de la pelota, entonces cuando veía el balón, me acercaba, y ahí se daban cuenta “uy, es Diego, mirá, estamos jugando con Diego”. Y yo “sí, pero sigan jugando, dale, dale”. 

Hay una cosa de la que no se suele hablar. El dolor, el eterno compañero del futbolista. ¿Cómo se lleva usted con el dolor? 

Yo viví un momento del fútbol donde los doctores infiltraban mucho. Infiltraban con una aguja así de grande (forma con los dedos una aguja imaginaria de gran tamaño), y nadie preguntaba y nadie decía nada. Y como yo quería jugar siempre, yo por más que tuviera la rodilla mal, el tobillo mal, la cintura mal, yo jugaba igual porque la xilocaina era el remedio más rápido y eficaz para jugar el próximo partido. Y yo, que no me quería perder ningún partido, hacía...

...Lo que le decían...

Claro. Voy a contar una anécdota aquí.  Yo tenía el pie muy hinchado en el partido contra Brasil en el 90. Y como ya la sangre se había coagulado, la aguja no entraba. El doctor hacía así, y no entraba. Y viene Bilardo y me dice ‘bueno, te voy a tener que mandar al banco’. Le digo ‘¿al banco? No, al banco vas vos. Yo al banco no voy. Doctor, deme la aguja’. Agarré la aguja, y esto lo juro por mi nieto, que es lo que más quiero, que agarré la aguja, me puse el tobillo así y le hice ‘plas’. ‘ Ahora, infíltreme doctor’. Porque quería jugar ese partido, ese partido que Brasil mereció ganar pero que no supo ganar. Y cuando nos dejó una gota de sangre a nosotros le metimos el contragolpe de Caniggia y a cobrar. Los que se tenían que ir, que eran los argentinos, se cambió por una camiseta amarilla. 

¿Qué recuerda de su debut en Primera División con Argentinos Juniors?

Perdimos 1-0 contra el Talleres de Valencia, de jugadores impresionantes. Talleres en ese momento jugaba para campeonar. Nosotros jugábamos para salvarnos del descenso. Y la verdad que perdimos 1-0 y al otro día fue la avalancha del chico que había debutado tan joven en Primera. Y de repente se me vino todo encima, querían que hable de política, de esto, de lo otro, y yo digo, pero si recién salí del potrero, ¿por qué tengo que hablar de todo el mundo? Con quince años. Aunque la verdad es que el fútbol me fue formando y aquí estamos.

Al saltar de Argentina a España, ¿cambia algo? Porque la atención es universal, cobra más... 

Que cobraba más sí, eso es verdad, pero no te cambia la cabeza ni tampoco te dan una pelota cuadrada. Me parece que lo que más te pega es que te faltan los amigos, te falta el barrio, te falta ir a ver a tu abuela, te falta recorrer los lugares que vos frecuentabas, eso es lo que te cambia. Pero en sí, cuando yo llegué a Barcelona por ahí sufrí un poco con Udo Lattek, que descanse en paz... Yo cambié un poco el modo de entrenar de los delanteros. Udo Lattek me hacía con una medicine ball... esto es gracioso, porque me hacía llevar de arco a arco una medicine ball, iba al arco allá y volvía con la pelota medicine ball acá. Yo estaba muerto, estaba cansado, y digo ‘no, los domingos a mí no me dan la medicine ball’’, de al menos 15 kilos, entonces le digo ‘Udo, yo prefiero patear al arco, y me sirve mucho más’. ‘¡No! ¡Medicine ball!’. Le digo ‘¡No! ¡No! ¡Patear al arco!’ y ahí fue un roce con Udo Lattek muy grande.

¿Quién ganó esa vez, que no me acuerdo? (risas) 

Pues este... yo. Vino el flaco Menotti (risas)

Antes del Mundial de 2010 usted se reunió con Messi un poco para lo que le hicieron hacer a usted en el Nápoles, escoger el equipo. ¿Es verdad que se sentó con Leo y le dijo ‘con quién trabajarías y te sentirías mejor’? ¿Por qué no montamos el equipo?

No, no. Absolutamente lo desmiento, yo no me senté con nadie. Yo no me senté ni con Bilardo ni con Grondona, todo corre por cuenta mía. Yo hablaba con Mascherano, cuando tenía que hablar, que era el capitán, y a Lio lo dejaba libre. 

¿Esa es la relación que tuvo con Leo, dejarle volar?

Sí, sí. Es mentira que Leo me imponía un jugador o yo hablaba con Messi para... no. No, eso no, eso es traicionar al resto del plantel, y yo traidor no soy. 

Del Maradona jugador, el Maradona entrenador y el Maradona persona, ¿qué se lleva de cada uno de ellos? 

Se lleva la persona. Yo no puedo encallarme en jugador, en técnico, o en hablador en conferencias de prensa. No. Yo veo a la persona y yo no tengo problemas con nadie, con casi nadie, pero yo de todas maneras me quedo con el Maradona persona. 

¿Es fácil compartir la vida con Diego Armando Maradona? Es decir, con esa fama que le acompaña, con ese seguimiento continuo, la manera en la que le miran, cómo le hablan, ¿eso es fácil?

Es divertidísimo. Es divertidísimo. Me río mucho, disfruto, disfruto cuando se habla de fútbol y me dicen a través de la televisión lo que hay que hacer dentro del fútbol, y me río mucho porque son todos buenos técnicos, pero cuando los tirás a la cancha te tiran la pelota con la mano. No saben patear.

¿Se ha contado bien su historia?  

Sí, sí, sí. Es que muchos toman mi historia como si la quisieran hacer ellos, y cada uno le da su toque particular, pero... 

¿La reescribiría de otra manera?

No, no, no. Lo que no haría es lo de la enfermedad, lo de la enfermedad que me llevó a no poder disfrutar de mis dos hijas en su mejor momento. Pero después no cambiaría absolutamente nada, porque fui líder, me sentí líder y cuando llegué al Napoli me sentí como un jugador mimado que venía a darle alegría a la gente, y no me equivoqué, porque en ese momento nadie quería ir a Napoli, porque Napoli era una ciudad sucia, porque Napoli no pagaba, porque Napoli esto... Y yo dije ‘yo quiero ir a Napoli’. 

Otro reto mayúsculo más en su cuenta.

Claro, y lo gané.

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