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Entrevista SPORT | Juan Pablo Villalobos Escritor

Juan Pablo Villalobos: "Si Lamine hubiera escogido Marruecos, la campaña se habría multiplicado por mil"

El escritor mexicano publica una versión revisada de 'Al estilo Jalisco' (Editorial Panenka), una novela que nace de cómo le impacto el Brasil de 1970. Hablamos con él de su relación con el fútbol, del Barça y de ese fenómeno llamado Lamine Yamal

Juan Pablo Villalobos, en su estudio del barrio de Gràcia

Juan Pablo Villalobos, en su estudio del barrio de Gràcia / VALENTÍ ENRICH

Dídac Peyret

Dídac Peyret

"No se puede vivir sin esa fe absurda de que un día las cosas van a cambiar y todo va a estar bien [...] Si no creyésemos en eso, nos mataríamos", dice el protagonista del libro cuando, desesperado, teme que el partido de fútbol que está organizado acabe en desastre ¿Haces tuya esa idea de rebelarse contra el derrotismo?

[Sonríe]. Bueno, digamos que no soy pesimista. Hay una cosa que me preocupa que tiene que ver con quejarse todo el tiempo y vaticinar catástrofes. Es algo que se ha ido imponiendo como tono general de nuestra época, incluso en los discursos literarios de moda o las películas que triunfan. Y es problemático, porque la ficción es un lugar para explorar alternativas y la imaginación, una herramienta para plantear otras maneras de vivir. Si la ficción abandona ese espacio, nos entregamos a lo apocalíptico, que es hacerle el trabajo a las fuerzas reaccionarias. Aquellas que nos prometen que lo mejor está en el pasado. Tenemos que pensar que lo mejor está en el futuro, aunque la realidad sea cabrona.

¿Qué es lo que más te hace disfrutar del fútbol?

No entiendo el afán meramente competitivo, porque es un juego. También es un gran negocio, por supuesto, pero ahí es donde todo se estropeó. No tendríamos que alejarnos mucho de lo esencial, que es que el fútbol nos divierta y nos entretenga. Yo no quiero que mi equipo gane a cualquier coste. No quiero que mi equipo sea campeón, pero me aburra. No tiene sentido ganar por ganar, ganar mal o hacer trampa y al final del año decir, "Somos campeones pero qué mal lo pasé." O sea, no me divertí nunca.

Cuando Raphinha marcó el 2-3 al Inter le dije a mi hermana, "voy a por el taquito de la victoria". Aún se ríe de mí, pero las historias de tu relación sentimental con un equipo se hacen así. ¿Con quién viste ese partido? ¿Dónde estabas? ¿Qué te pasó el día del Inter-Barça?

Al culé en general le interesa el cómo como a ti, pero practica un derrotismo preventivo ¿Ser mexicano te ayuda a ser un aficionado diferente?

[Sonríe]. Bueno, piensa que yo soy aficionado del Atlas, que es una escuela de la derrota. Hay una cosa que se dice 'perder a los Atlas', que es perder en el último minuto, después de haber dominado el partido, con un gol de rebote y habiendo dominado por completo todo el partido. Entonces, yo vengo de allí. En el Barça, en cambio, lo raro es perder, pero el culé es muy pesimista. Es muy curioso porque mi hijo, que es de aquí, ya es así.. Mi hijo ya es un culé de los que ve todo mal, porque lo aprendió de sus amigos.

Pues fue con un Barça que ha ganado mucho....

Claro, imagínate. Ahora ya tiene 19 años, pero de pequeño con los amigos en la plaza, cuando aún estaba Messi, escuchaba: "hoy nos meten cuatro, hoy no sé qué." Este discurso a mí me hace gracia porque, cuando pierde el Barça, me parece como un accidente. Si lo piensas, pierde no sé qué porcentaje de partidos, pero debe ser el 20% como mucho aunque ande mal. Entonces es insólito, ¿no? Es como si solo tuviera derecho a ganar.

Y eso que en la vida lo normal en general es perder...

De hecho, creo que hay una presión competitiva mayor en los últimos 20 años. Parece que solo podamos disfrutar si nuestro equipo gana pero deberíamos reivindicar la escuela de la derrota. Si no, no tendría ninguna gracia que jugaran el Barça y el Madrid el clásico. No sería un partido importante si fuera siempre como el año pasado, que le pasó por encima todos los partidos. El Madrid te va a ganar alguna vez y te va a pasar por encima. Esta temporada después de perder me dio rabia, pero al mismo tiempo también pensé: Está bien, es esto, a veces te van a ganar. Es por eso que la siguiente vez que jueguen voy a querer ver el partido.

Seguro que no pensaste lo mismo tras la eliminación ante el Inter la temporada pasada...

[Sonríe]. Eso sí que fue un trauma terrible. Tengo una anécdota muy chistosa del partido. Yo estaba en México porque mi padre se puso mal y tiene como 90 años, y bueno las noticias eran de que a lo mejor no aguantaba, así que fui a verle y por suerte se recuperó. Entonces, estaba en la casa de mis padres con el partido en la televisión comiendo con mi hermana, y el Barça marcó el gol con el que se clasificaba a la final. Creo que fue Raphinha y le dije a mi hermana: "el taquito de la victoria". Y claro, yo hice el gafe. Tenía el tuétano reservado, lo puse en la tortilla, me lo empecé a preparar y empató el Inter. Mi hermana se sigue riendo hasta ahora: "El taquito de la victoria", me sigue diciendo. Porque le pegó el Inter y se fue todo a la mierda, pero ahí queda la anécdota.

Y así es cómo se recuerdan días así...

Sí. Las historias de tu relación sentimental con un equipo se hacen así. ¿Con quién viste ese partido? ¿Dónde estabas? ¿Qué te pasó el día del Inter-Barça? Esos son los partidos que 10 años después recuerdas, ¿no? Y con un amigo dices, "¿Te acuerdas?" Que justo ese día tú me estabas contando no sé qué lío del trabajo, de la novia, del novio, de algún problema, tal. Y justo era ese partido. Eso es lo importante del fútbol, que nos acompaña toda la vida.

El escritor mexicano Juan Pablo Villalobos, durante la entrevista

El escritor mexicano Juan Pablo Villalobos, durante la entrevista / Valentí Enrich / SPO

Otro fenómeno es cómo encumbramos al ídolo, pero lo enterramos cuando falla. Dice el protagonista de 'Al estilo Jalisco': "La caída de los imperios, la destrucción de los mitos, la desgracia de los héroes, la ruina de los ricos.... a la gente le encanta descubrir que todo el mundo falla. Ahora pueden volver a sus vidas insulsas....

Tiene que ver con una pulsión destructiva con la que justificamos nuestras propias circunstancias. Quiero que a otro le vaya mal para yo no sentirme tan mal con cómo está mi vida y cómo soy yo. Y por eso nos satisface ver que aquel político al que todos admirábamos resulta que es corrupto o que aquel jugador modélico lo agarran en un escándalo. Hay una proyección de nuestras propias debilidades, de nuestros propios miedos, de nuestras propias fragilidades. Y es humano el placer por el mal del otro. O sea, es triste, pero es humano, ¿no? Nos alegramos por el mal del otro y no solo de los enemigos, también a veces secretamente nos alegramos un poco de que le vaya mal a ese otro que queremos. Nos alivia de alguna manera. Decimos, "Uf, pues no estoy tan mal".

El fútbol de Flick tiene algo elemental como la media hora del recreo: si tú ganabas 1-0 no pensabas, 'vamos a especular para que no empaten'. Tú no querías jugar de defensa, lo único que importaba era meter goles

En el Barça lo estamos viendo con Lamine. Parece que haya ganas de que haga algo mal para poder criticarlo....

Sí, hay una sospecha permanente sobre si se va a echar a perder. Toda esa campaña que ya es brutal, se habría multiplicado por mil si hubiera jugado con Marruecos. Sería 10 veces mayor. O sea, lo estarían matando ya. No sería sospecha, sería que si es un mala persona, que si no se cuida... habría 1000 chismes de que se fue con no sé cuál, si le puso los cuernos a la novia. Todo eso que está pasando estaría multiplicado por 1000, porque hay una cuestión racial. Se duda más de él también porque es marroquí en el fondo. Y es como: no es fiable. Pero, como ha optado por jugar con la selección española, es buenísimo y puede hacer que la selección española gane el mundial, lo toleramos.

En la etapa de Xavi como entrenador con mi hijo siempre nos preguntábamos: "¿Hace cuánto que no nos divertimos?"

Flick está siendo una figura muy querida por el barcelonismo, hay incluso esa especie de temor a que nos deje como con esas parejas que nos parecen mejor que nosotros...

[Sonríe]. A mí encanta y ya me encantaba cuando estaba en ese Bayern que nos metió una goleada horrible. Me parece que tiene algo elemental que nos recuerda por qué nos gusta el fútbol. Es como si nos dijera que esto se trata de tener la pelota, ir para adelante y meter goles. Y para que eso ocurra hay que hacer que el rival se equivoque. Y esta cosa como de ir-ir-ir el año pasado aunque te pudieras quedar fuera de Europa es una manera de interpretar que el fútbol es un juego. A mí me hacía recordar mucho esa sensación de media hora del recreo en México. De 11 a 11:30 hacíamos los equipos y jugábamos en una cancha. Y era esto: tú estabas ahí 1-0 y no pensabas: "vamos a especular que si no me empaten". Tú no querías jugar de defensa, tú querías ser delantero y lo único que importaba eran todos para arriba, todos a meter gol.

Veníamos de una época menos atractiva con Xavi...

Con mi hijo siempre hablábamos de eso: "¿Hace cuánto que no nos divertimos?" Porque los partidos del Barça de las últimas temporadas como que los veías como por obligación. Tengo amigos que me decían: "yo ya no los veo". El Barça de ahora es mucho más descontrolado pero a mí eso me encanta. La gente dice, "en los partidos importantes tiene que defender de otra manera". Y es como: ¿no ves que se puede? No puedes variar el plan en mitad del plan. Y además que creo que genuinamente Flick no sabe hacerlo. O sea, si Laporta le dijera, "Oye, en la semifinales de la Champions nos encerramos atrás", Flick tendría que llamar a alguien. No sé si a Mourinho, no sé a quién. Y a mí me gusta eso. Esta manera de entender el fútbol es la de Flick y el año pasado me divertí lo que no me había divertido en no sé cuántos años.