Jornada de estrellados

Los resultados del día subrayan la distancia entre los grandes de LaLiga y la élite europea

Lo más llamativo fue que un chico de 17 años, Pedri, fue el que mejor interpretó el partido del Barça

Los partidos incómodos se agravan cuando llegan después de un parón de seleccionesQue se lo digan a Barça y Madrid, representantes de una Liga venida a menos, que mira de lejos a la Premier y se acerca a la Bundesliga. Cuesta recordar en los últimos años a los dos grandes de LaLiga tan lejos de la élite europea.  

Al Barça ya no le vale jugar a medio gas para imponerse a sus rivales. Ni siquiera en LaLiga, una competición en la que durante mucho tiempo le bastaba el Factor Messi para dominarla. La versión más demoledora del argentino maquilló errores de planificación, estiró un presente exitoso -en la competición doméstica- y pospuso decisiones incómodas. 

Todo eso ya forma parte del pasado y el presente es el de un equipo mucho más terrenal, que ha perdido jerarquía y trata de recomponerse a base de juventud con jugadores como Pedri. El chico es especial. Tiene mucho fútbol. Pero lo que llama más la atención es su lectura de juego.

Pedri, punto y aparte

Pocas veces toma malas decisiones. Y solo tiene 17 años. Ante el Getafe fue titular. Jugó como mediapunta y dejó esa aroma de futbolista sabio ni rastro de ansia. Pedri no tiene prisa por ser protagonista; deja que el fútbol fluya con naturalidad.

Jugó solo una hora pero El Coliseum lo vio brillar, una de las pocas buenas noticias de un Barça menor. Que se fue apagando ante el plan de desgaste del Getafe y terminó tan derrotado como el Madrid ante el Cádiz. 

El conjunto azulón dio una exhibición tan legítima como irritante del otro fútbol en el Coliseum. Cortó el ritmo a base de pequeñas faltas. Perdió tiempo siempre que pudo. Y a veces jugó más con los brazos que con los pies. En todas estuvo Nyom, que desde hace tiempo convierte los partidos en un suplicio para sus rivales. Una prueba de resistencia. Un dolor de muela desquiciante. 

El Getafe sometió al Barça a una prueba de estrés y paciencia que no superó. Empezando por los jugadores más señalados. Ni Dembélé ni Griezmann salieron airosos.

El primero volvió a dejar claro que sin espacios tiene una tendencia natural a cometer errores no forzados. Dembélé juega siempre su partido y a menudo tiene poco que ver con lo que ocurre a su alrededor.  

Tampoco Griezmann tuvo su mejor día. Esta vez como falso nueve. Fallar una ocasión clara condicionó seguramente otra actuación poco convincente del francés.

No fue el mejor Griezmann pero tampoco el mejor Barça. Messi no terminó de encontrarse y ninguno de los jugadores que fueron entrando (Coutinho, Ansu, Trincao...) lograron cambiar la cara del equipo. Seguramente lo más llamativo que dejó el partido fue que el jugador del Barça que mejor interpretó el partido fue un adolescente de 17 años.  

El Barça no encontró el camino del gol y terminó desordenado y sin energía. No siempre acumular muchos delanteros supone encontrar más soluciones. Así se vio en el Coliseum, donde Koeman sufrió su primera derrota como entrenador del Barça. Un resultado que vuelve a rebajar las expectativas tras la euforia de las dos primeras jornadas. 

El gran consuelo para los azulgrana fue la derrota del Madrid, horas antes, por la mínima en casa ante el Cádiz. Dos resultados que subrayan el bajón de nivel de los grandes y el apagón de LaLiga de las estrellas en una jornada de estrellados.  

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