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FC BARCELONA | Ignasi Taltavull Periodista, humorista y voz de La Ruina

Ignasi Taltavull: "Me habría costado más salir del armario en el periodismo deportivo"

El humorista, guionista y presentador del programa 'La Ruina' reflexiona para SPORT sobre su relación el fútbol, su etapa como periodista y los resultados precarios de algunas maniobras de evasión como el Barça y otras drogas

Test rápido con Ignasi Taltavull

Test preguntas rápidas con Ignasi Taltavull / SPORT

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Dídac Peyret

Dídac Peyret

Ignasi Taltavull (Barcelona, 1988) me cita en una cafetería de especialidad del barrio de Sants, pero tras intercambiar algunas bromas sobre expats, terminamos en la Plaça d'Osca, donde se deja fotografiar para esta entrevista.

Durante cerca de 30 minutos responderá a preguntas sobre el trabajo y el Barça, pero también a temas personales -algunos muy personales- con la misma ironía. Taltavull tiene el sentido del humor y la generosidad de los que saben reirse de sí mismos y aceptan que todos somos imperfectos y torpes.

¿Cuál definirías tu estado de ánimo actual?

Muy arriba empezamos. Muy bueno, te diría. Pero también comparado conmigo mismo [carcajadas]. O sea, a lo mejor me verías con otra persona y sería como: “está normal”. Pero para lo que suelo ser yo, sí, muy bien. Ha terminado la temporada, ya es verano y hay una ola de calor, que eso siempre alegra.

En el podcast con Adri Romeo era evidente vuestra insatisfacción con la vida y funcionó muy bien. ¿La gente no soporta a la gente feliz?

[Sonríe] Sí, La Ruina nos ha dado la razón. Muchas veces escuchas a gente hablando de que es feliz y desde fuera piensas: “estás equivocado, tu felicidad no es correcta”. Pero sí, lo que decías del podcast es verdad. Se grabó en los tres años posteriores a la pandemia, que fue un momento en que estás obligado a mirar tu vida, cuando estás encerrado en tu piso y tienes tiempo para valorar decisiones vitales que te habían llevado hasta ahí. Y creo que sí: había insatisfacción. Y no creo que ahora esté resuelta, sino que la he aceptado. Y eso me hace estar más tranquilo. Hay partes de la vida de todos que al final son así y no pasa nada. No es que haya encontrado la felicidad, es más que estoy en paz con cosas que no he solucionado y quizá no solucionaré.

Las drogas me daban una pausa al ruido y al caos; el fútbol me da esa evasión sin destruirme

Te escuché decir que te habías volcado en el trabajo como un espacio de validación...

Creo que tenía una necesidad de control: sentir que controlas algo cuando todo se tambalea. Entonces inviertes muchas horas y sientes que en esa parcela controlas. Pero con el tiempo ves que tampoco. Simplemente estoy loco y soy un obsesionado.

Al final creo que es mejor aceptar que no estamos en control de nada. Solo estoy aquí este rato. Y prefiero intentar disfrutar de lo que está sucediendo ahora en vez de intentar retenerlo, que es absurdo.

¿Qué te ha funcionado mejor para evadirte: trabajo, drogas o fútbol?

Hombre, el trabajo me ha dado una sensación de propósito y una excusa para no atender el resto de aspectos de mi vida. Las drogas me han dado evasión, pero me han destruido casi por completo. Por suerte ya no: lo dejé hace dos años y pico y estoy mejor que nunca.

Me daban una pausa al ruido y al caos. Como que en ese rato estoy flotando. Y el fútbol me ha dado eso, pero no he tenido que entrar a desintoxicarme por el fútbol [carcajadas].

La gente se va a pensar que eras un consumidor radical...

Sí, sí, es que lo era.

Nadie lo diría...

Claro, ese era el truco. Esa era la habilidad que yo tenía. También me lo permitía el ser muy funcional en mi trabajo. Como no fallaba, nadie me preguntaba qué hacía el sábado cuando nadie me veía. Como mantenía los mandatos que la sociedad te pide, que es ser alguien productivo, a la gente le daba igual lo que yo hacía en casa. También la comedia lo permite: nadie se sorprende si consumes en ese contexto.

Piensas: drama + tiempo = comedia...

¡Claro! O tú imagínate que entras en el despacho del doctor y tiene una mediana en la mesa y va bebiendo mientras te atiende: dirías: bueno, a lo mejor vuelvo en otro momento. En cambio, cuando aparece alguien en un escenario con una cerveza, es casi esperado. Yo me colé por esa trampa. Pero el fútbol me ha dado la oportunidad de estar dos horas no concentrado en otra cosa. Es una evasión, pero que no tiene consecuencias negativas a largo plazo para mí, excepto cuando pierde el Barça, que a lo mejor estoy cabreado unos cuantos días.

¿Dejaste el periodismo deportivo o te dejó él a ti?

Pues medio-medio. El problema del periodismo deportivo conmigo es que yo nunca pretendí dedicarme al periodismo deportivo. Yo me lo encontré. A mí me gustaba mucho el fútbol, entonces estudié Periodismo, hice una beca en radio, me ficharon y de repente estaba dentro sin haberlo planificado. Entonces, como me molaba, pues iba tirando. Cuando cerró Ona FM y nos echaron a todos, estuve en SPORT un tiempo haciendo y pensé: ¿realmente es esto lo que me apetece hacer? Y a la vez empecé comedia, guiones… y dejé una cosa por otra.

Cuando tu afición se convierte en trabajo es complicado. Empiezas a ver patrones repetidos, polémicas recicladas... y te obliga a hacer interesante algo que a veces claramente no lo es, ¿a quién coño le importa el falso 9?

En SPORT también estabas un poco solo en las transmisiones de los partidos en esa cabina; aquello también daba para reflexionar, claro...

[Risas]. Sí, claro. Pero no era tanto cuando estaba encerrado en esa sala, que había como un vinilado del Camp Nou muy bonito pero falso... un poco metaverso. Era más el resto de la semana: yo trabajaba dos horas y media, que eran los partidos. Y el resto de la semana era como: bueno, ¿y qué hago con mi vida?

Ignasi Taltavull asegura volver a disfrutar del Barça desde la llegada de Flick

Ignasi Taltavull asegura volver a disfrutar del Barça desde la llegada de Flick / VALENTÍ ENRICH

¿Estabas desencantado con la profesión?

Ahora lo disfruto mucho más. Cuando tu afición se convierte en trabajo es complicado. En mi caso lo vivía literalmente como una apuesta porque si el Barça, por ejemplo, caía en cuartos, yo cobraba menos porque no hacía las semis y perdía dinero directamente. Cuando estás tan dentro empiezas a ver patrones repetidos, polémicas recicladas… y te obliga a hacer interesante algo que a veces claramente no lo es. En plan: vamos a hablar del falso 9… ¿a quién coño le importa el falso 9? Cuando lo dejé me costó volver a engancharme al fútbol como aficionado, porque estaba empachado. Echaba de menos verlo así; eso sí que notaba que me lo estaba estropeando.

¿Qué polémica te parecía más troll o se te hacía más cuesta arriba?

Hostia, la del nuevo Larsson era tremenda [risas]. Es que además luego piensas en Larsson y tampoco era tan espectacular. Lo del ADN Barça también… era como: “¿este tiene ADN Barça?”. Los parones de selecciones son horribles porque no había nada que decir y aun así había que hablar. El de septiembre es malísimo. Mucha polémica era simplemente rellenar el tiempo. No lo echo de menos.

Hace ya un tiempo que saliste del armario… ¿te habría costado más hacerlo si hubieras seguido en la prensa deportiva?

Muy buena pregunta. Pues mira, creo que sí, no tanto por compañeros, sino de manera pública. Porque, para empezar, la figura del periodista deportivo también es un poco… o sea, yo no sé mucho de la vida de ningún periodista deportivo [sonríe], excepto que son de un equipo si es que explican esa parte. Entonces hay un espacio en el que pienso: a lo mejor con esa excusa me habría ahorrado exponerme cuando en realidad era miedo a la reacción. No es por la prensa deportiva en sí, es por el ambiente futbolero, que sigue siendo muy heteronormativo y no incentiva ese paso. En la comedia la gente sí que te sigue a ti y quiere saber un poco quién eres. Tiene más sentido que seas más transparente.

¿Te gustaría que algún futbolista lo hiciera público?

Sí me gustaría, pero entiendo que no lo hagan y lo respeto mucho. Porque me parece injusto pedirle a alguien que sea pionero o abanderado de algo en plan: “tírate a los leones, prueba tú primero a ver qué hay”. Las carreras de los futbolistas son tan volátiles y tan breves… y ahora mismo ya es una polémica que tu novia suba una story en un helicóptero y aún se habla del helicóptero un año después. Cosas como estas son muy sensibles. Es muy probable que terminen mal para ti. Y entiendo que no den el paso, y a la vez me gustaría que, si alguien quiere darlo, lo dé. Y si pudiera ser en el Barça, mejor. Creo que la afición culé lo respetaría. No pasaría nada y creo que lo celebraríamos y se integraría como un dato más.

Un dato más para la guía del Mundial de The Guardian...

Sí, exacto. Tal cual [risas].

Si tu relación con el Barça fuera sentimental, ¿en qué fase dirías que estás?

Uy, he pasado por todas. Ahora diría que en una reconciliación. Como de “en realidad nos queremos”. Sí, hombre sí. Cuando hacemos un esfuerzo nos llevamos muy bien. Hemos pasado etapas de distancia, pero ahora hay ilusión otra vez. De “aún nos quedan cosas por hacer”. Nos entendemos.

El aficionado del Barça se siente muy cómodo en la prudencia. Y cuando sale alguien tan desacomplejado como Lamine eso te engancha

¿Qué ha reactivado esa relación?

Flick, claramente… Lamine Yamal, toda la nueva generación de jugadores. Gente joven que son más radicales que nadie. Cuando ves a Fermín o a Gavi que están loquísimos… es como: buah, si esta peña cree yo voy a muerte también. Es como: no me puedo quedar atrás. Hay una identificación de los jugadores con el equipo y de la gente con los jugadores. Y a mí no me importa tanto perder de la manera que se ha perdido. ¿Sabes? Como de: pero se ha intentado y lo hemos dado todo. Y creo que en eso ha cambiado el sufrimiento o la ilusión. El nuevo Camp Nou también. Creo que hay una sensación como de inicio de algo. Así como con Messi, cuando ya empezaba a tener unos años, cada Champions que caías se sentía como una oportunidad perdida de: hostia puta tenemos al mejor de la historia y no hemos ganado la Champions este año. Aquí hay una sensación de: no se ha ganado la Champions, pero no pasa nada, tenemos mucho camino. El año que viene será. Es distinto.

¿Qué te llama la atención de Lamine?

La naturalidad y la seguridad. No hay impostura. Hay una seguridad a la que no estamos acostumbrados porque creo que el Barça se siente muy cómodo en la prudencia. “No digas la palabra remontada porque lo gafaremos”. Este tipo de cosas. Si tú dices remontada, ya no se remonta. Hay que hacer ver que vas a perder y luego a lo mejor ganas [sonríe]. Y yo me siento así, cien por cien. Y en cambio cuando alguien sale desacomplejado es un choque que te engancha.

Esa mentalidad es como que se emparenta con Cruyff...

Sí y de meterse en jaleos. Es más fácil ser un jugador que no dice nada. Y en cambio yo creo que mola tener un jugador que dice cosas de tu equipo. Y creo que Lamine es un reto para muchos seguidores. Yo lo veo con mi padre. Somos de otra generación. La idea de alguien que destaca mucho por cosas que no son tan futbolísticas les pone nerviosos.

Prefieren esa imagen de Messi siempre en casa con su perro Hulk...

[Sonríe]. Sí, exactamente. De Messi sabíamos que pasaba mucho tiempo en casa y tenía un perro gigante.

Sigue en Barcelona el perro...

¿Sí? Se habrá quedado el piso entero claramente. Era como un elefante para los niños. Podríamos fichar a Hulk.

A lo mejor nos solucionaria los problemas en defensa y el fuera de juego...

Lo expulsarían seguro.