Una herida cada vez más profunda

Koeman planteó un partido para no ser atropellado, pero el Bayern volvió a golear

El orgullo de los jóvenes en la recta final fue la única nota positiva de una realidad muy dolorosa

El resumen de la derrota del Barça ante Bayern | Movistar

Diecisiete años después, el Barcelona jugó la Champions sin Leo Messi. No ocurría desde 2004 cuando el Barça parecía el Barça y los rivales sabían, cuando pisaban el Camp Nou, que correrían detrás del balón. Nada que ver con el equipo tétrico que se midió ayer al Bayern

El Barça ha pasado de ser un equipo que se sabía superior a la mayoría a un equipo desacomplejadamente acomplejado. Empezando por Koeman, que fue el primero en asumir la inferioridad y fue consecuente: jugó a no hacerse daño, temiendo las limitaciones del equipo, tratando de sobrevivir, agarrado a un 3-5-2 como red de seguridad. El Barça jugó con el miedo de repetir un 2-8, agarrotado, y a remolque del Bayern, de nuevo con dos o tres marchas más. 

Sufrió el Barça, porque no está acostumbrado a defenderse y porque perdió todas las batallas. Las individuales y las colectivas, como si el Bayern anticipara todos los movimientos del Barça. Cada vez que un jugador azulgrana recibía el balón, sentía encima la presión de un gigante alemán y el miedo de vivir una noche como la de Lisboa. 

Ningún jugador del Barça disfrutó del partido, pero los que vivieron el 2-8 sintieron verdadero terror. París, Roma, Liverpool y Lisboa, demasiada mochila para competir con ánimo contra este Bayern. El partido recordó demasiado al duelo ante el PSG en el Camp Nou de la temporada pasada. La misma impotencia, la misma sensación que no escondió Piqué al final del partido: “Esto es lo que hay”.

Koeman terminó reparando en jóvenes como Gavi, Demir y Balde cuando el marcador ya empezaba a ser bochornoso. Fue emocionante ver el orgullo de los más jóvenes, los únicos que trataron de rebelarse. Les mueve el entusiasmo y la pasión que otros ya han perdido. 

El Barça ha pasado de ser un equipo que aspiraba a ganar títulos a uno que aspira a competir ante equipos ante el Bayern. El resultado (0-3) no fue lo peor. Aún más triste fue ver a los socios que volvían al Camp Nou en la Champions, 22 meses después, desconectados de su equipo, pasándose un balón en las gradas, entre olés irónicos. La banda sonora macabra de un funeral.

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