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Haruna Babangida, la joya que volvía locos a los veteranos del Barça y no llegó al primer equipo: “Con 15 años era el mejor del mundo”
Antes de Messi, Bojan, Ansu y Lamine, un adolescente nigeriano de La Masia ya había desatado un fenómeno mediático en el Barça de Van Gaal. Babangida, excompañeros y técnicos recuerdan en SPORT cómo vivieron aquel boom tremendo

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Antes de depositar nuestras ilusiones de adultos en menores de edad de La Masia como Messi, Bojan, Ansu o Lamine, ya nos habíamos ilusionado muchísimo con un nigeriano de quince años: Haruna Babangida (1982, Kaduna, Nigeria).
Babangida hacía barbaridades en el Barça de Van Gaal en amistosos de pretemporada. Contra equipos holandeses. De categorías dudosas. Y con futbolistas de cuerpos poco normativos. Así de desesperados estábamos por encontrar lo que las revistas del corazón llaman una nueva ilusión.

Babangida posa para SPORT LA TEMPORADA 1998-99 / P. LARGO / Sport
Van Gaal conocía el sonido que hacía mi Nokia y cuando sonaba en el vestuario se volvía loco
Babangida era un extremo tan bueno que inclinó la balanza en el pulso con un Espanyol histórico cuando se incorporó al cadete del Barça procedente del Ajax, donde jugaba su hermano, Tijani.
Aquel Espanyol venía de ser el mejor equipo infantil del mundo en 1996. Había ganado la Nike Premier Cup, con Jacinto Ela como MVP y otras promesas como Albert Crusat.
“Cuando llegué estaban todos diciendo: ‘joder, es que nos ganan siempre, es imposible’, pero yo les decía: ‘¡qué va! Si les vamos a ganar’, y les metimos cinco. No perdí ni una sola vez contra el Espanyol”, apunta al otro lado del teléfono.

Babangida junto a Valdés, Fernando Navarro, David Sánchez, Roberto Trashorras y Dani Tortolero / J. MONFORT / Sport
"Tenía que haber sido una estrella"
Babangida era tan bueno, insistimos, que hace solo seis años The New York Times le dedicó un artículo larguísimo con el titular “el futbolista que podría haber sido el mejor del mundo” y una de esas declaraciones que se leen casi con banda sonora y palomitas:
“En la residencia teníamos a Pepe Reina, Víctor Valdés, Andrés Iniesta y Carles Puyol. Pero recuerdo que había un chico que se llamaba Haruna Babangida. Uf, con 15 años era el mejor jugador del mundo. No puedo expresar con palabras hasta qué punto era talentoso. Acabó en Grecia, Chipre y Rusia. Debería haber sido una estrella”.
Quien dijo esto es el actual entrenador del Arsenal, Mikel Arteta. Un exjugador interesante y un técnico fantástico. Pero también un tipo especial: capaz de comparar a sus jugadores con la luz, bombilla en mano, animándolos a compartir la energía y conectar.
“Loco no estaba", recuerda Babangida con una sonrisa de oreja a oreja. "Pero ya era un poco intenso”.

Babangida, en primer plano, con Arteta detrás la temporada 1999-2000 / M. FRANCH / Sport
“Era mi compañero de habitación en La Masia y le llamaban Guardioleta. Era de esos que te comen la oreja todo el partido: que piden la pelota, que hablan de la posición… y siempre quería aprender: se fijaba mucho en mis controles orientados y me preguntaba siempre cómo los hacía. Ver después cómo los incorporaba a los partidos me hacía reír”.
El día antes de mi primer entrenamiento con el primer equipo estaba cagado, pero mi estilo era regatear. Se lió y fueron a darme para que no me flipara
Nadal, Abelardo y Ferrer marcaron territorio
“Baba”, como lo conocían en La Masia, sonreía mucho más de lo que hablaba, y cuando hablaba en castellano lo hacía mucho peor de lo que él mismo creía —según los entrenadores consultados, él lo niega—. Pero cuando pisaba un campo de fútbol se convertía en uno de esos descarados que te hacen un caño aunque tengas más pelo en las piernas que Miquel Àngel Nadal.
“Era un jugador especialmente desequilibrante. Tenía salida hacia las dos piernas y ese recorte en el que te enseñaba la pelota y con el interior se la llevaba hacia el otro lado. Tenía una potencia de piernas brutal. La consecuencia lógica era que fuera un jugador importante del primer equipo”, apunta el exfutbolista del Barça, Jofre Mateu.
En su primer entrenamiento con el primer equipo algunos defensas no dudaron en demostrarle que no le iban a dejar pasar ni una.
“El día antes del entrenamiento estaba muy nervioso y casi no dormí. Era la época de Figo, Guardiola, Luis Enrique… estaba cagado. Pero mi estilo era regatear, hacer recortes, caños… algunos se enfadaron conmigo, pero yo la lié porque era mi estilo”.

Van Gaal entrena una situación de juego con Babangida / M. FRANCH / Sport
Van Gaal, el técnico de entonces, se lo pasaba en grande con la escena. “Abelardo era muy buena persona pero se enfadaba. Además Van Gaal se motivaba y gritaba mi nombre cuando lo superaba o hacía alguna buena jugada. Eso hacía que en la siguiente jugada vinieran como locos a darte. Nadal y el Chapi me dieron alguna para que no me pasara y no fuera de flipado, pero yo seguía”.
Era un niño que se veía muy niño y tenía el punto de inconsciencia de ser muy buena persona
Van Gaal estaba muy encima de él. Futbolísticamente le insistía muchísimo en que tenía que acabar mejor las jugadas. Pero también vigilaba otros detalles fuera del campo. “Conocía el sonido que hacía mi Nokia y cuando sonaba en el vestuario se volvía loco”.
En general, todo el mundo estaba muy pendiente de Babangida fuera del campo porque —recuerda Jofre— “era un niño que se le veía muy niño y tenía un punto de inconsciencia de ser muy buena persona”.

Babangida y Jofre sonríen en un entrenamiento / J. FERRANDIZ / Sport
Figo, por ejemplo, le recomendó que pusiera el dinero en el banco cuando vio la cara de Babangida de gastárselo todo al recibir la prima de la pretemporada.
Novatadas y broncas en La Masia
En La Masia también fueron sonadas las broncas. Serra Ferrer, entonces responsable de la cantera, le reprendía por levantarse tarde. Y Joan Farrés, exdirector, llegó a pensar que era el culpable de que un japonés a prueba dijera “cabrón” cada vez que quería decir “gracias”. “Era mentira, pero como era mi compañero de habitación lo dieron por hecho. Aún me hace gracia”, recuerda Baba.
“Era un desastre: siempre llegaba tarde a los entrenamientos a pesar de vivir en La Masia, que estaba a cinco minutos. Siempre le gastábamos bromas de que se las daba de hablar muy bien el castellano pero que no era así cuando venía con las excusas de siempre”, recuerda Josep Maria Gonzalvo, su entrenador en el filial.
"A mi yo de 15 años le diría que estuviera más concentrado"
En el Barça Atlètic Babangida marcó 42 goles en 110 partidos. “Lo tuvimos meses esperando a que cumpliera los 16 porque no podía jugar. Lo preparamos y el día de su debut, contra Osasuna en el Mini, hizo un partido redondo: 4-0, marcó y acaparó todos los titulares”.
Pero no tuvo continuidad. "Le costaba llegar al primer equipo y se fue desinflando. También su físico, tan menudo, hacía que quisiera recibir demasiado abajo. En el fútbol actual, quizá jugaría a pierna cambiada. Sería interesante verlo".
Babangida acaparó muchos titulares de la época del tipo “se les cae la Baba”. Brilló en pretemporada, pero nunca llegó a disputar un partido oficial con el primer equipo.

Babangida en un filial con Iniesta, Valdés, Oleguer y Nano, entre otros / JAVI FERRÁNDIZ
“Siempre hay cosas que mejorar, pero me faltaron oportunidades. Si pudiera hablar con el Babangida de 15 años le diría que estuviera más concentrado, que el fútbol no es fácil. Siempre tenía a la familia en la cabeza. También le diría que estuviera tranquilo, centrado en el fútbol”.
Baba reconoce ahora que el momento más feliz de su carrera fue cuando le dijeron que fichaba por el Barça. Irónicamente el más difícil llegó justo después: al llegar a La Masia tan joven: solo, sin hablar el idioma y coincidiendo con la muerte de su padre.
Puede que no lo disfrutáramos en el primer equipo como nos habría gustado, pero en aquellos veranos de pretemporada, cuando acaparaba portadas y elogios, nos disparó la imaginación tirados en la toalla. Como solo hacen los jugadores especiales.
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