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El ‘Yabba Dabba Doo’, el gesto de Alexia y el espectador culé de lujo: lo que no se vio del Bayern-Barça en el Allianz

Más de 31.000 personas llenaron el estadio en una tarde de sol, ambiente festivo y detalles que explican por qué Alemania vive el fútbol de otra manera

Alexia se llevó a sus compañeras hacia el córner donde estaban los aficionados del Barça desplazados a Múnich

Alexia se llevó a sus compañeras hacia el córner donde estaban los aficionados del Barça desplazados a Múnich / ANNA SZILAGYI / EFE

Maria Tikas

Maria Tikas

Múnich

Múnich amaneció en modo fútbol. Desde primera hora, las calles ya respiraban partido. Camisetas del Bayern por todas partes —muchísimas con el nombre de Giulia Gwinn a la espalda, la que más, pero también de Kane, Musiala o Luis Díaz—, también algún vestido tradicional bávaro y terrazas llenas gracias a un sol casi veraniego. Ambiente de día grande.

La peregrinación hacia el Allianz empezó pronto. La línea 6 del metro, directa al estadio, se fue tiñendo de rojo… y también de blaugrana. A las 16:00, más de dos horas antes del inicio, ya había marea de gente. Muchas camisetas del Bayern, bastantes del Barça —Alexia Putellas, Aitana Bonmatí— e incluso alguna sorpresa vintage, como una de De la Peña con el 23. También se colaron nombres del masculino como Lamine o Raphinha. Mezcla generacional y cultural.

Se hablaba de unas 20.000 o 25.000 entradas vendidas, pero la cifra final sorprendió: más de 31.000 espectadores, récord en un partido femenino en el Allianz Arena. Y con una particularidad muy alemana: a la gente le gusta estar dentro pronto, ver a las jugadoras pisar el césped, sentir el ritual completo. De hecho, los últimos en llegar fueron los de la grada de animación del Bayern. Curiosidad paralela: cuando se abrieron las puertas del estadio, el Bayern masculino perdía 3-0 en Mainz. Media hora después, remontada. Cuatro goles. Muchos aficionados lo seguían desde el móvil o en pantallas del estadio… y lo celebraron como un gol más antes del inicio del partido.

Can-can

Ya en el césped, ambiente constante. Banderas, bufandas, todo teñido de rojo. Cultura futbolística alemana en estado puro: animación continua, sin pausas, con un estadio muy metido. El momento álgido llegó con el empate de Kett. El Allianz estalló… y sonó el “Yabba Dabba Doo”, ya convertido en himno oficioso en Múnich. Ese que nos volvió locos en el Bayern-Madrid masculino de la semana pasada.

En el banquillo, Pere Romeu vivía el partido con tensión, especialmente molesto por las faltas constantes del Bayern sin castigo claro. En el campo, el duelo se fue calentando hasta desembocar en la acción más comentada: el agarrón de trenzas de Kett a Salma. Roja directa para la lateral, indiscutible y confirmada por el VAR. Y también expulsión para José Barcala por protestar. Ambos acabaron el partido viendo los minutos finales desde el videomarcador. El técnico, especialmente nervioso, consciente de que el Barça apretaba con una más.

Y es que el tramo final fue blaugrana. Tres ocasiones claras para el 1-2… pero sin premio. Sensación de oportunidad perdida en el césped y de vida en la eliminatoria. Porque el Bayern resistió y celebró el empate casi como una victoria. “Jugamos contra el mejor equipo del mundo”, dijo Edna Imade, la delantera andaluza que marcó el gol de la Real Sociedad —donde jugó cedida hasta febrero— en la única derrota del Barça este curso.

Aplausos

Tras el pitido final, imagen significativa: Alexia Putellas reunió a sus compañeras y las llevó hacia el córner donde estaban los aficionados culés desplazados. Aplausos, agradecimiento y comunión. Al otro lado, silbidos de la grada local. Cosas del fútbol. Entre los espectadores, uno especial: Xavi Puig, exdirectivo del Barça femenino y futuro responsable del área a partir del 1 de julio. Invitado por el club, no quiso perderse una cita así. Tampoco lo hicieron las protagonistas, que abandonaron el estadio por zona mixta rumbo al autobús con prisa: la cena en una bolsa y vuelo de vuelta a Barcelona.

La última imagen de la noche la dejó Klara Bühl. MVP del partido, fue la última en salir del estadio, con una Coca-Cola en una mano y el trofeo en la otra. La esperaban para una foto. Sonreía.

En el vestuario azulgrana, sensación compartida: el resultado no es malo, pero hay margen de mejora. Autocrítica por no haber jugado al nivel habitual y por no haber sabido atacar con más claridad a un Bayern mucho más cerrado de lo esperado, cómodo esperando atrás y buscando las transiciones, especialmente con Bühl. El Barça sabe que tendrá que ajustar cosas en la vuelta. El Allianz dejó la eliminatoria abierta. El Spotify Camp Nou decidirá