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El 'plan Serrajordi': así se ganó un sitio en el once en el día más exigente del curso

Pere Romeu apostó por la centrocampista de 18 años en un Clásico de Champions tras una decisión meditada y un plan muy concreto de partido ante el Real Madrid

Clara Serrajordi en la jugada de la asistencia a Pajor con Däbritz, en el clásico de Champions en el Di Stéfano

Clara Serrajordi en la jugada de la asistencia a Pajor con Däbritz, en el clásico de Champions en el Di Stéfano / AFP7

Maria Tikas

Maria Tikas

Clara Serrajordi (2007) tenía 14 años cuando el Barça abrió por primera vez el Spotify Camp Nou para el femenino con público. Era el 30 de marzo de 2022, la vuelta de los cuartos de final de la Champions ante el Real Madrid, y el estadio se llenó hasta firmar un récord mundial. Ella estaba allí. En la grada. Como tantas otras jugadoras de la Masia. “Fue increíble todo, con tanta gente. Siempre que les daban la oportunidad de jugar allí, a nosotras nos daban entradas. Y yo siempre iba”, recuerda. Entonces, el sueño ni siquiera tenía forma. “En ese momento no se me pasó por la cabeza que algún día podría ser yo una de ellas”. Cuatro años después, ese mismo escenario la espera. Y esta vez, sobre el césped.

Porque en Valdebebas, en el primer asalto de los cuartos de final, Pere Romeu sorprendió con su nombre en el once. Serrajordi fue titular en un Clásico de Champions. Con 18 años. En un partido que exigía precisión, control y personalidad. El más importante de la temporada hasta ahora. Lo supo horas antes. “Mucha felicidad”, dijo sobre lo que sintió cuando Pere Romeu le comunicó que sería titular. “Para mí ya es un orgullo tener minutos en este equipo, salir de inicio en un partido tan importante… aún más”, explicó tras el encuentro.

Su gente recibió la titularidad con sorpresa y una alegría contenida, desde la naturalidad con la que han acompañado siempre su crecimiento. Nadie lo esperaba. Ni siquiera ella. Pero sí lo entendieron como una consecuencia lógica de todo lo que hay detrás. Años de trabajo, de constancia y de pasos dados sin prisa. Los suyos lo viven así, con los pies en el suelo, orgullosos de ver cómo empiezan a llegar los frutos de un camino construido desde muy joven. “Creo que se lo ganó en la final de la Supercopa”, confiesan. Un clásico donde ya aportó al equipo el control que necesitaba en un partido de máxima exigencia.

Factor sorpresa

La apuesta no fue casual. Era una decisión que llevaba tiempo madurándose, también a partir de lo visto en los precedentes ante el Real Madrid. El perfil de Serrajordi encajaba con lo que exigía el partido: ritmo alto, capacidad de ida y vuelta y presencia física para sostener un duelo que prometía ser exigente en el centro del campo. Ante un rival que presiona arriba por momentos y que busca ataques directos, el Barça necesitaba una interior capaz de abarcar mucho campo, ganar duelos, recuperar arriba y conducir para superar líneas. Y ahí, Serrajordi ofrecía un perfil diferencial dentro de la plantilla. Además, el plan pasaba por asegurar el control en el inicio con Vicky López —una garantía en la circulación y la pausa— y reservar más profundidad para la segunda parte, con la entrada de jugadoras como Graham o Salma.

El once del Barça contra el Real Madrid en Champions

El once del Barça contra el Real Madrid en Champions / FCB

El técnico, que bromeó —eufórico— con un juego de palabras al ser preguntado por el gran partido de la canterana (“clara-mente”, dijo, desatando las risas en la sala de prensa), explicó sus motivos: “Las eliminatorias a doble partido se tienen que jugar con cabeza. Queríamos control del medio campo, sostener su arreón y tener una interior con capacidad de llegar a defender al área, porque una de sus dos pivotes, Sara Däbritz, llega muchísimo al área rival. Clara esto lo tiene. A veces sale bien, otras no. El entrenador tiene que tomar decisiones”. Y el plan funcionó a la perfección.

Perseguida por Däbritz

Serrajordi respondió como si llevara años ahí. Con naturalidad, con carácter. Celebrando acciones defensivas y ocasiones como si fueran goles, compitiendo cada balón. “Estos partidos se tienen que competir al máximo si queremos que las cosas salgan bien”, afirmó. A su lado, Patri Guijarro, con quien ha construido un vínculo especial. “Es un orgullo jugar con ella, me lo hace todo mucho más fácil, me da seguridad y me ayuda mucho cuando estamos juntas en el campo. Le estoy muy agradecida”, confesó.

Su partido tuvo también momentos de puro impacto. Como en la jugada del cuarto gol, cuando firmó un control orientado de mucha calidad, arrancó en conducción, perseguida por una leyenda como Däbritz, y filtró una asistencia precisa para Pajor. Una acción que resume bien lo que es: energía, personalidad y talento al servicio del equipo.

Ambición sin ruido

El Barça firmó un 2-6 contundente en Madrid. Otro 2-6 para la memoria azulgrana en Madrid. El de Pep, Messi, Henry, Puyol y Piqué, ella no lo vivió —tenía apenas un año y medio en 2009—, pero, como buena culé de cuna, celebra el simbolismo del marcador. “Resultado contundente, ¡siguiendo sus pasos!”, sonrió. Aun así, el discurso no cambia. Ni en el vestuario ni en ella. “Hemos hecho un gran partido, pero queda la vuelta en el Camp Nou y tendremos que jugar igual de bien si queremos estar en semifinales”. Porque si algo transmite Serrajordi es eso: ambición sin ruido.

Ahora, el círculo está a punto de cerrarse. De la grada al césped. Del sueño al presente. “Jugar en el Camp Nou es un sueño y lo espero con muchas ganas”, admite. Y lanza un mensaje a la afición, porque en el vestuario no dan la eliminatoria por sentenciada: “Que compren la entrada, que será un gran partido”. Esta vez no irá como espectadora. Esta vez, el Camp Nou será también suyo