Supercopa de España
Patri Guijarro, la MVP que volvió para mandar y ganar
La balear volvió a ser titular más de tres meses después y firmó una final impecable en el clásico contra el Real Madrid que valió la Supercopa

Patri Guijarro: "Hay que disfrutar de este primer título. Nuestro objetivo es ganarlo todo" / @rfef

Volver en una final no es solo volver. Es hacerlo cuando el equipo más lo necesita y hacerlo bien. Patri Guijarro reapareció en el once tres meses después de su lesión y convirtió su regreso en una lección de exigencia y control. Primera titularidad tras el parón, noventa minutos completos y un reconocimiento que explicó su partido: MVP de la Supercopa.
Había recibido el alta médica hace poco y había ido sumando minutos con cuentagotas —diez ante el Alhama, algo más de media hora frente al Athletic— para recuperar sensaciones. Pere Romeu había dejado la incógnita abierta en la previa, consciente de lo que supone tenerla: “Para cualquier entrenador es un privilegio tener a Patri Guijarro”. En una final, el privilegio se volvió necesidad.
Dentro del campo, Patri sostuvo al Barça. Mandó en el centro, corrigió, robó y dio sentido a cada posesión en un partido incómodo y exigente. Defensiva cuando tocaba, ofensiva cuando el equipo lo pedía, siempre en el lugar exacto. Incluso cojeando durante un tramo del inicio de la segunda parte, no pidió el cambio y completó los 90 minutos, después de más de tres meses sin disputar un partido entero.
Pero el partido también se ganó desde la cabeza. Patri explicó después que, para ella, el aspecto mental fue lo más importante. Si físicamente se sentía al límite, tenía claro que pediría el cambio, pero no quería que la exigencia consigo misma le jugara en contra. Por eso empezó el partido “jugando fácil”, buscando pases sencillos, sin forzar, y creciendo poco a poco hasta sostenerlo todo. Aguantó, se gestionó y respondió.
Fuera del campo, volvió a ejercer de líder. En una final marcada por la ausencia de Kika, algunas compañeras habían repetido el ritual: “Vamos a ganar por ella”. La superstición flotaba, como el año pasado en Lisboa. Con el trofeo de MVP en la mano, Patri sonrió y rompió el hechizo: “¿Veis cómo no la gafamos?”.
El premio lo eligió Sonia Bermúdez, seleccionadora absoluta, pero Patri volvió a repartir focos. En la sala de prensa, restó importancia a su actuación: “Para mí la MVP es Ona”. Definió la final como “muy igualada y competida” y volvió a hacer equipo, como siempre.
La celebración confirmó el regreso. En el vestuario, entre risas y música, sus compañeras cantaban “un chicharro de Patri Guijarro”, celebrando su vuelta como se celebran las cosas importantes. Luego llegaron los abrazos a médicos, fisios, al psicólogo, a todos los que la acompañaron en la recuperación. Y al final, la mirada a la grada. Allí estaba su madre, con la bufanda rosa de siempre para que la viese. Como siempre
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