CHAMPIONS LEAGUE (F)
El Barça cumple, golea y acaricia la perfección antes del clásico
Alexia, Vicky y Paredes firmaron un triunfo sólido ante el Leuven (3-0) que refuerza el liderato europeo del Barça antes de enfrentarse a Madrid y Chelsea

Alexia abrió la lata desde los once metros contra el Leuven / Valentí Enrich
Cumplir no siempre es fácil. Cumplir cuando todo el mundo espera que arrases, todavía menos. Pero el Barça volvió a hacerlo: venció al Leuven (3-0), mantuvo su pleno en la Champions y se marchó del Estadi Johan Cruyff con la sensación de que todo vuelve a encajar justo a tiempo, antes del Clásico y del duelo ante el Chelsea que son determinantes. Goles de Alexia, Vicky y Paredes para un equipo que, incluso cuando no brilla, sigue siendo una máquina de precisión.
Pere Romeu repitió casi el mismo once que goleó al Deportivo: Graham como falsa nueve, Vicky y Pina en los extremos, y un único cambio —Brugts por Aïcha— con Ona volviendo al carril derecho. En la previa, el técnico había advertido del peligro de un debutante Leuven. Joven, agresivo y con presión alta. Pero Arno Van Den Abbeel, sabiendo lo que hace sufrir al Barça, sorprendió con un plan más conservador: un bloque bajo, ordenado, diseñado para resistir. El resultado fue un monólogo azulgrana. Todas, salvo Cata Coll, jugaron en campo contrario.
El Barça movía el balón con ritmo y paciencia. Vicky López fue la brújula, la chispa y la sonrisa del juego. Cada toque suyo tenía algo de magia, capaz de arrancar un “olé” desde la grada. Graham rozó el gol en los primeros minutos, pero la portera Seynhaeve evitó el tanto con una parada excelente. Era el preludio de un asedio constante: 81% de posesión al descanso, 18 remates y la sensación de que el gol llegaría tarde o temprano.
Y llegó justo antes del intermedio. Una entrada dura de Veekfind sobre Graham derivó en penalti, que Alexia transformó con la serenidad de quien entiende que cada detalle importa. Su golpeo, seco y preciso, abrió la compuerta.
Con el marcador en contra, el Leuven se atrevió a adelantar líneas y fue esa versión que había vaticinado Romeu. Y el Barça agradeció los espacios. Diez minutos después, Graham desbordó por la izquierda, levantó la cabeza y sirvió un pase de la muerte que Vicky empujó con la calma de una veterana. Tocó en Everaerts, pero el gol era suyo: premio a su electricidad. El tercero, obra de Irene Paredes, fue pura autoridad: cabezazo impecable tras un córner picado de Mapi León. La vasca celebró con rabia contenida, como si quisiera recordar que también desde atrás se construyen los imperios.
Romeu aprovechó para rotar: minutos para Pajor, Kika, Serrajordi, Aïcha y Sydney; descanso para Pina, Graham, Aleixandri, Ona y Aitana. El guion ya estaba escrito. Solo Seynhaeve evitó un gol más de Aitana y otro de Brugts, y la colegiada anuló uno a De Ceuster por fuera de juego.
El Barça cierra la jornada en lo más alto, con 14 goles a favor y solo uno en contra. Domina, convence y transmite que vuelve a ser lo que quiere ser. Lo que viene —Madrid y Chelsea— pondrá a prueba su instinto competitivo. Pero hay señales de que este equipo vuelve a encontrar su tono justo cuando el calendario se pone serio. Porque el Barça no solo gana: afina. Y cuando afina, suena a algo parecido a la perfección
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