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El Barça abraza la calma antes de Oslo: “Sabemos lo difícil que será, pero no estamos nerviosas”

El vestuario azulgrana transmite tranquilidad y confianza antes de la sexta final consecutiva de Champions mientras Cata Coll, Claudia Pina, Vicky López y Ewa Pajor destacan la madurez competitiva del equipo

El vestuario del Barça se conjura antes de la final de la Champions

El vestuario del Barça se conjura antes de la final de la Champions / Valentí Enrich

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Maria Tikas

Maria Tikas

La cuenta atrás ya ha empezado, pero en el vestuario del Barça no hay espacio para el ruido. Sí para la ilusión. También para esa sonrisa inevitable al pensar que, en apenas unos días, volverán a disputar una final de la Champions. La séptima. La sexta consecutiva. Otra más en una dinastía que ha convertido las grandes citas europeas en una costumbre. Budapest, Göteborg, Turín, Eindhoven, Bilbao, Lisboa… y ahora Oslo.

El escenario cambia, pero no la sensación que transmite el equipo: tranquilidad absoluta. Una calma que no nace de la relajación, sino de la confianza. Del trabajo acumulado y de la experiencia de un grupo que ya ha aprendido a convivir con la presión de jugarse títulos constantemente.

“Es algo que define muy bien al equipo: cada una, de forma individual, es muy ambiciosa. Queremos más, queremos mejorar nuestra versión cada año”, explicó Vicky López durante el media day organizado por el club. La madrileña afronta una semana especial. Ya no como la joven promesa que empezaba a asomarse en el primer equipo, sino como una futbolista importante dentro de la rotación de Pere Romeu. “He notado normalidad. Para estar tranquilas todas, damos normalidad todas. Pero una por una sabemos que es una semana especial. Yo me he levantado con esa sonrisa de que en una semana jugamos una final de la Champions”, confesó.

Ese crecimiento colectivo también se percibe en la manera de afrontar el reto. El Barça ya no juega estas eliminatorias con vértigo. Ha cambiado la mentalidad. “Antes se jugaba para intentar llegar a semifinales; ahora se entrena y se compite para llegar a la final y ganarla, que es el objetivo principal”, resumió Cata Coll. Una frase que explica perfectamente la evolución competitiva del equipo azulgrana durante los últimos años.

La portera mallorquina sabe que delante estará uno de los rivales más exigentes posibles. Un Lyon con capacidad para castigar al espacio, pero también para dominar partidos desde la posesión. “Si ganamos, me expongo a lo que sea. Me da igual. Si somos campeonas, me expongo a lo que haga falta”, bromeó entre risas, dejando claro que el foco está únicamente en levantar la copa.

Semana especial, pero sin grandes cambios

También Ewa Pajor transmitió esa serenidad competitiva que se ha instalado en el vestuario. La delantera polaca disputará otra final europea más en su carrera, aunque todavía persigue el único gran título que le falta. “No estoy nerviosa, estoy muy bien, con calma, estamos muy bien como equipo”, aseguró. “No puedo cambiar el pasado y no sé el futuro. Solo pienso en prepararnos lo mejor posible”.

Pajor, además, volvió a mostrar su admiración por el ecosistema azulgrana desde que aterrizó en Barcelona. “El Barça tiene un juego muy especial y para mí cada día aprendo cosas porque juego con las mejores futbolistas del mundo”, explicó. “Es el mejor club del mundo. Este club es más que un club y para mí es un privilegio estar aquí”.

La final también tendrá muchos componentes emocionales. Uno de ellos será el reencuentro con Jonatan Giráldez, ahora en el banquillo rival. Claudia Pina quitó hierro al morbo, aunque reconoció que el conocimiento mutuo será inevitable. “Al final estuvo aquí, nos conoce, y nosotros también lo conocemos a él”, señaló. “Será un partido bonito. Ellas siguen siendo las reinas de Europa y serán un hueso duro”.

Mientras tanto, el vestuario azulgrana intenta protegerse de todo lo que rodea a una final de esta magnitud. Del favoritismo, de las comparaciones y también de las emociones inevitables. Porque Oslo puede ser mucho más que otra final. Puede ser otro capítulo histórico para una generación que sigue negándose a poner techo a su ambición.

Y en medio de esa semana cargada de emociones, Vicky también dejó una frase que refleja el vínculo especial que existe dentro del grupo cuando fue preguntada por la posible despedida de alguna compañera. “No lo pienso porque si no me pondré a llorar”, admitió entre risas. Porque el Barça afronta otra final desde la calma, sí, pero también desde algo todavía más poderoso: el sentimiento de familia que sostiene a un equipo acostumbrado a ganar sin perder nunca la ilusión