Faas Wilkes, el ídolo de Cruyff que ayudó a pagar Mestalla

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Faas Wilkes, el ídolo de Cruyff que ayudó a pagar Mestalla

Wilkes, en un partido con el Valencia
Wilkes, en un partido con el Valencia | Sport.es

Jugó en el Valencia entre 1953 y 1956: fue el contrapeso de los 'che' a Di Stefano (Real Madrid) y Kubala (Barça)

La prensa italiana lo bautizó como la 'Monna Lisa de Rotterdam'; de él decían que era el único jugador del mundo capaz de hacer una pared consigo mismo

El primer extranjero de la historia del Valencia fue un delantero holandés nacido en Rotterdam, uno de los mejores regateadores de la historia del fútbol, capaz de maravillar a un niño de diez años llamado Johan Cruyff y de generar tal expectación que la tribuna de Mestalla tuvo que ampliarse en 15.000 espectadores más.

Se llamaba Servaas ‘Faas’ Wilkes y durante sus años en España fue el contrapeso a dos gigantes, Kubala en el Barça y Di Stefano en el Madrid. Su fichaje generó tal expectación que el presidente del Valencia, Luis Casanova, pudo ampliar la grada de Mestalla gracias a los abonos que vendió a los aficionados deseosos de ver al futbolista holandés. 

Nacido en 1923, desde muy joven contribuyó a sacar adelante la empresa familiar de muebles, Wilkes & Zoonen, en un Rotterdam destrozado por los bombardeos del ejército nazi en mayo de 1940.

Once meses después, Wilkes se incorpora al Xerxes de Rotterdam (el estadio del club lleva ahora su nombre) y no tarda en despuntar. Tuvo ofertas del Charlton y del Milan, pero en aquella época, mediados los años cuarenta, el fútbol neerlandés era puramente amateur y la federación (KNVB) se oponía no solo a que los jugadores recibiesen salarios, sino a que fuesen traspasados a clubes extranjeros. 

La KNVB accede a regañadientes

Finalmente, la KNVB dio su brazo a torcer y en 1949 le permite firmar por el Inter de Milán. Fue uno de los primeros holandeses en jugar fuera de su país, aunque la federación lo excluyó de la selección durante cinco años como represalia por haber abandonado el país para jugar el Italia. 

Tras ganar la Liga italiana en 1952, firmó por el Torino, que intentaba recomponerse de la tragedia de Superga (1949). A sus nuevos compañeros les pedía que le llamasen Vaas, como en los Países Bajos, pero debido a la pronunciación en neerlandés, se nombre acortado se quedó en Faas.  

Wilkes, a la derecha, junto a Di Stefano y Gento

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El mundo del fútbol ya empezaba a hablar de las cualidades futbolísticas del holandés, habilidoso como pocos, excelente regateador y notable goleador. "Di Stefano sabía utilizar a la perfección todo el espacio del campo. Wilkes era parecido: un regateador magnífico, empezaba en el centro del campo, superaba a cuatro o cinco rivales y llegaba al área. Era increíble", diría Johan Cruyff.

Wilkes estuvo muy presente en la vida de Cruyff desde que el '14' era un niño. De pequeño, Johan compartía con su hermano Henny los cómics de Kick Wilstra, un futbolista inventado, "inspirado en los famosos futbolistas Kick Smit, Faas Wilkes y Abe Lenstra; que cabeceaba con la potencia de Smit, tenía la elegancia de Wilkes y la técnica de Lenstra", según recoge el libro 'El joven Cruyff', publicado en 2013 por Jan Eilander y traducido al castellano por Armand Carabén.

En ese mismo libro se recoge un detalle curioso: en la habitación que compartían los hermanos Cruyff, había cinco banderines del Ajax y dos pósters. Uno de Wilkes, el ídolo de Johan, el otro de Lenstra, el ídolo de Henny.

A sus nuevos compañeros les pedía que le llamasen Vaas, como en los Países Bajos, pero debido a la pronunciación en neerlandés, se nombre acortado se quedó en Faas

El 20 de junio de 1953, el Torino jugó en Mestalla un partido amistoso que servía de homenaje a Antonio Puchades. Gana el Torino 1-4. La exhibición de Wilkes fue tal que el presidente de la Federación Valenciana, Guzmán Zamorano, le preguntó al presidente del Torino, más en broma que en serio: "¿cuántos camiones de naranjas aceptarían a cambio de Wilkes?". La ‘Monna Lisa de Rotterdam’, lo bautizó la prensa italiana.

"Wilkes era parecido a Di Stefano: un regateador magnífico, empezaba en el centro del campo, superaba a cuatro o cinco rivales y llegaba al área. Era increíble", decía Cruyff

La broma se convirtió en realidad semanas más tarde. En el entorno del Torino flotaba la sensación de que Wilkes no acababa de explotar y el Valencia logró incorporarlo: era un fichaje estratégico, que debía servir para que el club del Turia diese un salto de calidad y aspirase a ganar títulos. Si el Madrid tenía a Di Stefano y el Barça a Kubala, el Valencia plantaría batalla con Wilkes

En la habitación que compartían los hermanos Cruyff, había cinco banderines del Ajax y dos pósters: uno de Wilkes, el ídolo de Johan; el otro de Lenstra, el ídolo de Henny

El club ‘che’ estaba en plena remodelación del estadio de Mestalla y la llegada de Wilkes fue decisiva para ampliar el aforo y sobre todo, para pagar la reforma. "Este fichaje os ayudará a pagar el nuevo Mestalla", le dijo Guzmán Zamorano a Luis Casanova, presidente del Valencia, cuando se plantearon la posibilidad de fichar al neerlandés.

Mestalla disfrutó desde el primer día de un jugador diferente: tenía una técnica prodigiosa, era elegante con el balón en los pies y destacaba, sobre todo, por su capacidad para regatear. Lo hacía mirando siempre al frente. "Te miraba a los ojos, se iba de uno, de dos, de tres. Fue el mejor jugador con balón que he visto, un auténtico malabarista", le definía su compañero Tonín Fuertes. 

"Este fichaje os ayudará a pagar el nuevo Mestalla", le dijo Guzmán Zamorano a Luis Casanova, presidente del Valencia, cuando se plantearon la posibilidad de fichar al neerlandés.

Otro de sus compañeros, Manuel Mestre, resumió a la perfección las virtudes de Wilkes: Mestre decía que era el único jugador del mundo capaz de hacer una pared consigo mismo. Wilkes era un maestro en la suerte de cambiarse el balón de pie, algo muy poco habitual en aquella época y que hoy conocemos como croqueta. Y como todos los genios, era capaz de lo mejor y de lo peor, porque también tenía tardes indolentes en las que parecía no estar en el campo.

"Te miraba a los ojos, se iba de uno, de dos, de tres. Fue el mejor jugador con balón que he visto, un auténtico malabarista", le definía su compañero Tonín Fuertes.

Se adaptó a Valencia como un guante: frecuentaba el restaurante La Pepica –llegó a vivir en la pensión del propio restaurante y luego se mudó al edificio de al lado, junto a la playa de La Malvarrosa-, era un enamorado de la paella, chapurreaba el valenciano y sus compañeros le tomaban el pelo preguntándole ‘che, Faas, què fas?’

“Yo vi jugar a Pelé, a Di Stefano y a Kubala”, recordaba el presidente Luis Casanova, “pero lo de Wilkes era otra cosa: elegancia, reprís, imaginación, cambio de ritmo”.

Mestre decía que era el único jugador del mundo capaz de hacer una pared consigo mismo

Hiponcondríaco, unos persistentes problemas de garganta le obligaron a viajar a menudo a su país en su última temporada en el Valencia, por lo que su rendimiento fue a la baja. Estaba convencido de que tenía cáncer de garganta, pero finalmente le diagnosticaron bocio. 

De vuelta a los Países Bajos

En 1956 regresó a su país: el fútbol holandés empezaba a profesionalizarse y Wilkes firmó un buen contrato con el VVV-Venlo, en el que jugó dos temporadas: fue la época en la que un prometedor chaval de diez años llamado Johan Cruyff quedó prendado de su fútbol.

Ya veterano y con la rodilla tocada, Wilkes volvió a Valencia en 1958. No para jugar en el Valencia, sino para hacerlo en Segunda con el Levante (años después, también Cruyff desembarcaría en el equipo granota, también en Segunda).

A punto de ascender a Primera

Cuajó una buena temporada y estuvo cerca de ascender a Primera, pero el Levante perdió la promoción de ascenso ante la UD Las Palmas: Wilkes se perdió el partido decisivo por lesión. Fue una ausencia polémica, porque apenas cuatro días antes había participado en un partido de homenaje que le había preparado en Mestalla el Valencia

Falleció en Rotterdam en agosto de 2006: su nombre sigue ocupando un lugar de honor en el fútbol holandés (es el octavo máximo goleador de la selección ‘oranje’) y su estatua es una de las once que adornan las instalaciones de la KNVB en Zeist, junto a mitos como Cruyff, Van Basten, Rijkaard o Rinus Michels

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