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FC BARCELONA

"Estuve muerto durante 16 minutos. Fue como marcar en el 93' y forzar la prórroga"

Andrea Orlandi, exfutbolista catalán, debutante en el Barça campeón de Frank Rijkaard, estuvo a punto de morir por un paro cardíaco en un torneo de tenis. "No puedo hacer deporte, pero vivo sin miedo", afirma. "Soy feliz. Celebro el doble los logros de mis hijas". El ahora agente de futbolistas deshoja su ajetreada carrera.

Andrea Orlandi: / SPORT.es

David Bernabeu

David Bernabeu

La historia de Andrea Orlandi Stabilin (Barcelona, 1984) no tiene un segundo de pausa, algo que su fútbol sí respetaba en el césped. Mediapunta fino, de talento, con zurda de culto, tiene una buena colección de cuadros. Rijkaard, tres días después de la segunda orejona de París, le dió el 44 del Barça en San Mamés. Debutó en Primera junto a Samuel Etoó, jugó con Ronaldinho y entrenó con Messi. Un error de juventud le impidió ser dirigido por Pep, pero degustó la Premier en Swansea. Del Barça, hijo de perico y ahora representante del minigenio azulgrana, Toni Fernández, Andrea da las gracias a cada paso que da. A punto de estampar su último contrato en Italia, el corazón le obligó a dejar el fútbol. Tenía 34 años. Hace muy poco, a los 40, casi le quita de la circulación. Varios chicos le salvaron la vida en una pista de tenis. Estuvo un cuarto de hora colgando del alambre, pero sorteó el peor match ball que recuerde. Por suerte, puede contarlo. En Sport.

Se puede afirmar que usted está aquí de milagro...

Sí, esa es la verdad. En el informe médico emitido a mi salida del hospital se lee "paciente resucitado"...

¿En serio?

Te lo digo en serio. Hasta me hizo gracia... Me dije, Jesucristo y dos más, ¿no? Fue lo primero que pensé. Pero sí, se puede decir perfectamente que ando por aquí de milagro. Aunque creo que la experiencia me ha trastocado la vida para bien. 

¿Qué ocurrió?

Había dejado el fútbol profesional por un problema cardíaco, en 2019. Creía que lo tenía bastante controlado, sin necesidad de medicarme. Bajé el ritmo, jugaba un poquito a pádel, a tenis y poco más. Una mañana me apunté a un torneo social de tenis, en el Laietà, justo al lado del Camp Nou. No me acuerdo de nada más. Sólo sé que me desperté tras haber estado cuatro días en coma. No me enteré de nada. Luego me contaron que me había desplomado por un paro cardíaco. La persona contra la que estaba jugando y otros cuatro chicos que estaban haciendo un doble en la pista de al lado me salvaron la vida. Me hicieron un masaje cardíaco. Uno de los tenistas cogió mi móvil y llamó a mi contacto de emergencia, que es mi cuñada, porque mi mujer nunca coge el teléfono. Mi cuñada respondió, fue a buscar a mi mujer y bueno, estuve muy cerca de no sobrevivir. Tardaron 16 minutos en estabilizarme, es decir que me tiré más de un cuarto de hora en paro, sin oxígeno. Prácticamente muerto. Me llevaron al Clínico en condiciones críticas, pero estable, dentro de la gravedad. 

¿Y no tiene secuelas?

El miedo era ese: sobrevivir con secuelas. Básicamente, es una muerte progresiva y celular. Cada minuto y cada segundo que pasa es fatal. Pero gracias a la asistencia y a la reanimación tan rápida de esos chicos, se consiguió que me llegara algo de oxígeno y evitar las secuelas en el cerebro. Quizá noto algo más de cansancio, pero a nivel cerebral, en el día a día, me siento bien. No he notado diferencia. 

¿Qué recuerda de esos 15 días en la UCI?

Me acuerdo que cuando desperté lo primero que vi fue a mi mujer. Me dijo: no te asustes, has tenido un paro cardíaco, estás en el hospital, estás bien, estamos aquí... Me acababan de desintubar y me quedé en shock. Sorprendido. Pero tenía una sensación de paz, no me sentía ni nervioso ni angustiado. La UCI es un sitio complicado, se producen cuadros muy difíciles y la gente que trabaja ahí es especial. Son espectaculares y me hicieron sentir increíble. Fue un despertar dulce. Seguía vivo. 

¿Cómo hace para convivir con esto?

Vivo bien. Llevo un desfribilador subcutáneo y debo medicarme de por vida. Se acaba convirtiendo en tu normalidad. Cada jueves tengo que apretar un botón para mandar toda la información al clínico sobre mi estado. Ando monitorizado las 24 horas. Si hay un problema, me llaman. 

¿Y le han llamado alguna vez?

Sí, me han llamado. Estaba haciendo pilates y me animé con un ejercicio contraindicado. Me avisaron que eso no procedía. Si te pasas, el desfibrilador se dispara y no es conveniente. Sólo hago pilates y algo de gimnasio, a un ritmo bajo. Y si me meto en la cinta, ando. No puedo correr. No puedo hacer nada más. 

¿Vive con miedo?

No. Vivo feliz. Todo lo que me está pasando es un extra. Me lo tomo como una prórroga, como si hubiera empatado en el 93 y ahí sigo. Me enfado igual que antes, vivo el día a día intensamente... Pero claro, los logros de mis hijas los valoro mucho más y pierdo más tiempo en celebrar las cosas. En todo el proceso, quién peor lo ha pasado es mi mujer. No les dijo a mis hijas, al principio, lo que me había pasado. Fue fuerte, estuvo conmigo en el coma, me daba la mano y estaba convencido de que iba a salir de esta. Es mi sostén, una crack. Yo en su situación no sé cómo habría reaccionado. No es fácil. 

El primer aviso fue hace seis años y le obligó a colgar las botas...

En Italia. Iba a firmar, casi seguro, mi último contrato. En el Virtus Entella. Ahí ya habían parado a dos jugadores por problemas de corazón. Me vieron algo extraño en la revisión médica. En una segunda prueba, me detectaron una cicatriz. Jamás había notado nada en quince años de carrera y estaba convencido de que no tenía nada. Esperé un tercer informe, de un médico de la Federación Italiana que ya había estudiado el expediente de Morosini y de Astori, el capitán de la Fiorentina. Ambos fallecidos. En Roma me dijeron que mis pruebas eran peores que las suyas. El doctor me agarró y me dijo: "tienes dos niñas, ¿verdad? Pues se acabó". Nunca fui de emocionarme mucho, pero ese día pensé en mis hijas y me pasé media hora llorando. Rescindí, pillé el coche y volví a Barcelona. 

Orlandi, su padre, fue un italiano que se enamoró del Espanyol...

Locamente, además. Era perico a muerte. Me hizo socio del club y me llevó a Sarrià desde que nací. Él se enamoró del estadio en el Mundial 82, cuando Italia eliminó a Argentina y Brasil. Cuando volvió a Barcelona tuvo claro que quería vivir cerca de Sarriá, se compró un piso delante del campo y se hizo socio. Yo pasé mi infancia delante del estadio del Espanyol. 

Y a usted, ¿le caló ese sentimiento?

Ellos, mi padre y mi madre, me influyeron. Le tengo mucho cariño al Espanyol. Pero soy aficionado al Barça. 

Dónde aterrizó procedente del filial del Alavés en 2005...

Lo tenía casi hecho con el Salamanca. Y me llama mi padre diciéndome que ha visto una noticia en Sport, te lo juro, de que el Barça buscaba un mediapunta zurdo. En ese momento, no había scouting ni videos casi. Mi repre se llevaba con Alexanko. Hablaron. Joan Barbarà llamó a Edu Alonso. Había coincidido los dos en Salamanca. Le preguntó por mí. Y Lluís Carreras también me conocía. Me ayudó mucho y le dijo a Quique Costas, el míster del filial, que me fichara porque era muy bueno. Mandamos sólo un video VHS de un partido de Copa contra el Valladolid. Me incorporaron y me marché cedido. 

Y Quique Costas le recibió en el Muntanyà con honores...

Ellos llevaban unos días concentrados. Y allí me presenté, con toda mi rubia melena. Nada más llegar me reune casi como estamos tú y yo y me suelta: "oye chaval, tú juegas con cinta, ¿verdad? Sí, le digo. Y me contesta: "pues en el Barça te vas a tener que cortar el pelo". Le dije que me diera una semana de margen y que cuando volviéramos a Barcelona le iba a pedir hora a mi peluquero. Y así fue. Sin rechistar. Me fumaron la melena. Pero me lo dejé crecer y acabé la temporada como vine. (risas) 

En el B conoció a Bojan.. 

Un chico supersensible. Lo detecté rápido. Tenía 16 años recién cumplidos. Yo estaba cerca de los 21. Era de los veteranos y casi un hermano mayor para él. Su talento era descomunal y quise ayudarle y protegerle. Metió 12 goles en la segunda vuelta, siendo juvenil en un filial que no funcionaba. Le intimidaban en todos los campos y le decían que iban a romperle la pierna.Si hubiese sabido que él lo estaba pasando mal, lo habría protegido incluso más.Es muy difícil entender esas situaciones. Yo también lo he pasado muchas veces mal y he sonreído hacia afuera. No supe ver entonces que lo estuviera pasando mal. Detodas formas, él sabía y sabe que me tenía para lo que quiera.Y de hecho, la relación sigue hasta el día de hoy.Somos muy amigos.

Me salté una cita con Pep Guardiola porque no quería jugar en Tercera. Pasé de poder estar con él a ser descartado en el Alavés. Cometí un error gravísimo"

¿Ha sufrido ansiedad en el fútbol?

Sí. Recuerdo una vez, cuando estaba en el Swansea, llegar al campo sin poder respirar.Y en un partido que sabía que iba a ser titular. Obviamente, no quise contarlo. Cuando te falta confianza, dudas de todo. No pedí ayuda profesional, porque en esa época no se estilaba. Un jugador con problemas era un jugador débil. En momentos así, intentaba relajarme. Al final, si a te dan la oportunidad de jugar en un equipo profesional es porque estás preparado, pero claro, eso es algo en lo que un jugador nunca piensa. Y acabas dudando, y te acabas lesionando más de lo debido, y te dicen que eres de cristal, que no te cuidas... Bueno, lo superé solo. Me dije... no merece la pena sufrir para hacer algo que es lo que más te gusta hacer. 

Jugó con Ronaldinho en Saint Etienne, en un amistoso. ¿Le ha perdonado la que mandó al limbo?

(Risas) Ronaldinho no se acuerda de mí, gracias a Dios. Fíjate, las cosas las vives de una manera y yo he podido ver luego esa acción. Al cabo de los años, porque al principio no podía verla. Recuerdo que dieron el partido en diferido y les pedí a mis amigos que no lo vieran. Lo viví en directo como si estuviera dentro de un videojuego. Ves a tu ídolo irse de tres y casi te comportas como un espectador. De repente, me da un pase de esos sin mirar y yo digo hostia que viene... Y para que veas como a veces funciona la cabeza. Yo creía que estaba dentro del área y muy cerca del portero. Pensé, bueno, le doy con el interior y si me la para el portero que me la pare. Pero tuve la mala suerte que me botó un poquito la pelota y se me marchó por encima de la valla de seguridad que había detrás de la portería. Allí acabó el partido. Fue la última jugada. Cuando llegué al vestuario me sentía la cosa más insignificante del mundo. Digo... es que aquí no puedo jugar. Que no me llamen más, por favor. 

Pero si a usted le apadrinó Johan Cruyff...

Sí, pero lo supe más tarde. Johan fue el que salvó mi periplo culé. Cuando llegué al filial, no conseguía sacar lo mejor de mí. El Barça, aunque sea el B, es una realidad que te abruma y eso me llevó a un bloqueo mental. Y Quique Costas, el míster, me cogió un día y me dijo: a ver, entrenas bien, tienes calidad, ¿qué te pasa? Y para motivarme, me contó que en el Muntanyà, Cruyff nos había visto entrenar y se le había acercado. "Oye, el rubito este es bueno, juega bien", le comentó. Y claro, si lo dice Johan... Quiero pensar que Quique no se lo inventó y me voy a quedar con que fue verdad. Pero lo cierto es que aquello me ayudó mucho, me dio una confianza increíble y empecé a tener continuidad y a jugar bien.

Y llega el día de autos, en San Mamés. Tres días después de levantar la segunda Champions en París...

Sí. Viajé con el equipo y no pensaba ni en jugar. En mi posición había mucha gente de ataque, pero jamás creí que me fueran a poner de lateral. Recuerdo que estaba con mi amigo Ludovic Silvestre, del filial. Yo estaba de espaldas a la pizarra, merendando. Y Ludo me dice: Orlandi, juegas. Perdón, cómo que juego. Mira, me empezaron a temblar las piernas, me giro y veo a Orlandi de lateral izquierdo. No puede ser. Me había puesto un plato de pasta en la mesa y ya no pude comer. No me entró nada. Samuel Eto´o estaba en la mesa y se dio cuenta de lo nervioso que estaba. Me dijo... Nene, qué pasa. ¿Nunca has jugado de lateral izquierdo? Y le dije, no no. Nunca he jugado. Me contestó: "tú tranquilo, no te preocupes. Me la pasas a mí y ya está". Samuel se jugaba el pichichi en ese partido. Le dí las gracias. Y creo que estuve bien. Por lo menos, di la cara. 

"Cuando vi mi nombre en la pizarra de Rijkaard, se me cerró el estómago. No merendé nada. Se me acercó Eto´o y me dijo: escucha nene, tranquilo vale. Tú me la das a mí"

Oiga, ¿qué pasó con Pep Guardiola? Le citó y no acudió...

Acabábamos de bajar con el filial a Tercera y llega Pep al B. Yo seguía cedido por el Alavés, que estaba en segunda división. Tenía 22 años y no quería jugar en tercera. Guardiola quería hablar con varios jugadores y me citó para una reunión. Pues no fui. Pensé que me iba a ir igualmente a Vitoria y que no había opción de que Pep me convenciera. Cometí un error gravísimo. Estaba claro que no sólo me habría convencido, sinó que me hubiera enamorado de él y me habría querido quedar seguro. Pasé de poder jugar a las órdenes de Guardiola a ser descartado en el Alavés. A Josu Uribe, que era el entrenador, no le gustaba. Cosas del fútbol.

Se marchó al Swansea. Mucho frío fuera del Barça...

Mucho, mucho. Muchísimo. En el primer entrenamiento me dan la ropa. No había vestuario. Tenías que ir cambiado cada día desde casa. Los jugadores nos lavábamos la ropa, había viento y lluvia casi todos los días, sólo funcionaba una luz del campo, que estaba embarrado y teníamos apenas 30 metros para entrenar. Pensé... vaya una he liado. No sé que hago aquí sabes... Hasta que jugamos contra el Leeds y me vi jugando ante 30 mil espectadores. Esto ya me gustó más. Pero el día a día era complicado. Además, los dos primeros años Roberto Martínez no me dio bola. Fue difícil. 

¿Le perdigonaron una pierna en Londres?

Esta es una historia increíble. Estuve en Swansea hace muy poco y todo el mundo se acuerda aún de eso. Era el tercer entrenamiento. Hoy en día es una ciudad deportiva fantástica, pero imagínate en aquel momento un pequeño campo de hierba con cuatro porterías y un edificio casi en ruinas donde había duchas. Me metí ahí, me duché y salí con mi compañero Angel Rangel. Había un aficionado que quería un autógrafo en la camiseta. Le firmo la camiseta y me llegan dos disparos a la pierna, pero seguidos. Pam, pam. Un daño alucinante y yo preguntándome qué había pasado. Los moratones en la pierna eran tremendos. Me giro y veo a un compañero mío con un rifle de aire comprimido. Lo descarga, lo pone en el maletero y se va. Y digo, joder. Pero, "esto ¿qué c... es? Pues era Thomas Butler, un compañero irlandés. Se lo dije a Roberto Martínez y me comentó que igual era una iniciación... Pero a ver, ¿una iniciación? Si me da en el ojo me deja ciego. Bueno, lo dejé pasar y al cabo de un año y pico me llevaba bien con él y le saqué el tema. Me dijo textualmente: "bueno, juegas en mi posición, vienes del Barça, eres mejor y más guapo que yo. Algo tenía que hacer". 

Tremendo. Al menos, luego vino Michael Laudrup a entrenarle...

Se ponía a jugar y era el mejor del equipo. Un nivel alucinante. El toque, el pase, sin mirar... Un fuera de serie. Otro nivel. No estuve ni cerca de eso. 

Toni Fernández tiene mucha personalidad y una gran fortaleza mental. Es un enfermo del trabaja, no se relaja nunca y es cuestión de tiempo. Es un futbolista diferencial"

Sí estuvo en la India, pero sólo medio año...

A ver, es que lo de la India... De entrada, las vacunas ya me sentaron fatal. La de la fiebre amarilla, el tifus, en fin... Me pasé diez días en la cama antes de viajar. Me fui y bebí agua del avión, en un vaso que debieron llenar en el depósito del aparato. Me mató. Fui al lavabo y no salí en seis meses. Perdí siete quilos. Me quedé raquítico, jugué muy mal, estaba lejos de la familia. Lo pasé mal. Es la única vez que he tomado una decisión por dinero pero no disfruté nada. 

Y ahora, en esta segunda vida, representa usted a futbolistas. Por ejemplo, a nuestro Toni Fernández. Un minigenio de la Masia...

Sí, lo mejor de Toni es la mentalidad que tiene. Tiene una fortaleza mental, unas ganas y una disciplina fuera de lo común. Tiene mucha personalidad, muchísimo talento y es un enfermo del trabajo. A veces, le transmitimos que debe relajarse un poco, pero él que va. No se relaja nunca. El tema de la alimentación, la hidratación, el entreno... Es una locura. Y eso es lo que le hace diferencial. 

¿Le ve consolidándose en el Barça?

Yo creo que sí. Con paciencia y esperando su oportunidad, no tengo dudas. Sé que el club cree en él, él cree en el club y le llegará su momento. Debemos gestionar bien el proceso. Entrena con el primer equipo, ha ido convocado, ha tenido minutos, luego tienes que bajar al filial... Es difícil pero Toni lo lleva muy bien. Hay que recordar que, en su día, viniendo del Juvenil B se le dio pretemporada con el primer equipo y lo aprovechó. Hay una apuesta, creo que a Flick le gusta y el club tiene claro el camino. Nosotros no presionamos porque no es nuestra manera de trabajar. ¿El fichaje de Rooni Bardghji? Es un jugador joven y era una oportunidad de mercado. Pero es otro tipo de futbolista, aunque Toni ha jugado en banda. Para mí, Toni es un 10, para jugar por detrás del delantero. Y en todo caso, esto es el Barça. Competencia va a haber. Si no es Bardghji, va a ser otro. 

Para Lamine, ¿habría algún consejo?

No hombre. Qué consejo voy a darle yo a Lamine... Que disfrute y que haga lo que quiera. La percepción que tengo es que a Lamine le da completamente igual todo lo que se dice de él. Para empezar tiene una lesión, que yo también tuve, que es muy fastidiosa. Y en el campo está rindiendo mucho para lo que ha tenido. ¿Fuera del campo? Creo que sabrá gestionarlo. Ha estado en La Masía, le han inculcado los valores y por lo que sé en el vestuario es un chaval fantástico. Me parece que tiene la capacidad para escuchar pero también hay que entender que las decisiones las toman los futbolistas. 

Tuve pubalgia, como Lamine. Es un lesión muy fastidiosa. La sientes en todas las acciones y no te deja estar al cien por cien. A mí me pegaba unos latigazos increíbles"

¿Dice que tuvo también pubalgia?

Las he tenido todas. La pubalgia es jodida. La sientes en cualquier acción. En la aceleración, la desaceleración, en el pase, los giros... Es como si tuvieras un cuerpo extraño que te impide hacer todo. A veces, en el golpeo te pega unos latigazos increíbles. Se te va reposando, pero claro, hay que competir. Y no puedes hacerlo al cien por cien. Pero tengo que decir que conseguí superarla con un tratamiento conservador. 

En su primera experiencia como agente, conoció a Griezmann. ¿Fue feliz en el Barça?

No. Yo creo que no del todo. A veces, el timing de las cosas no es el adecuado. Llegó al Barça en el momento equivocado. No fue un desastre, porque estuvo a buen nivel, pero no dio lo que se esperaba. No acabo de ser feliz y él necesita serlo para dar todo lo que lleva dentro. Se ha visto en el Atlético de Madrid. Futbolísticamente, creo que en el Barça él y Messi podrían haberse entendido mejor. Cuando Koeman les puso arriba a los dos, conectaron muy bien. Pero claro, si fichas a Antoine para meterle en banda izquierda, tienes que saber que no le vas a sacar el mejor rendimiento. 

Vamos a terminar con Messi. Usted entrenó con Leo. ¿Que sintió cuando le vio en el Camp Nou, en el post que colgó?

Pensé que era IA. Luego, ya vi que no, que era verdad. Me gustó, fue algo emocionante. Sobre todo, para él. Yo creo que necesitaba ese gesto de cariño hacia la afición. 

¿Forzaría un Last Dance?

Sería una historia increíble. La mejor jamás contada del fútbol. Pero a mí me parece que lo mejor para todos es pasar página. Que se le hagan todos los homenajes posibles porque se los merece pero tengo la sensación de que cuando ya has pasado por el disgusto una vez, lo más recomendable es dejarlo ahí. 

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