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El enigma Puyal: ¿qué ha sido de la voz del Barça?
Joaquim Maria Puyal dejó de narrar al Barça en 2018 tras 33 años en Catalunya Ràdio, pero no se jubiló. ¿Qué hace hoy y cómo era Quim cuando se apagaba el micrófono? SPORT reconstruye su perfil a partir de testimonios de su entorno

Joaquim Maria Puyal en su cabina del Camp Nou / DESCONOCIDO / EDECASA
Para hablar con Joaquim Maria Puyal (1949, Barcelona, hijo del Barrio Gótico) hay que seguir un protocolo: llamar a su despacho, formular la petición y esperar. Así lo hago. Me atiende su secretaria, Pepy Casanova, y dos horas más tarde, con amabilidad impecable, me comunica que declina la propuesta.
Puyal siempre ha cuidado las distancias y se ha esforzado en compartimentar su vida: “Quim es una cosa y Puyal, otra”, ha repetido siempre. Esta distancia entre el yo más íntimo y la figura pública la ha protegido con firmeza toda su vida.
También ahora que no quiere saber nada de entrevistas y disfruta de largos paseos por Collserola, ocho años después de anunciar que dejaba de narrar los partidos del Barça en Catalunya Ràdio.
En 2018 ya dejó claro que no se jubilaba y lo ha cumplido: sigue yendo a su despacho, revisa la prensa y si le interesa un artículo, aún puedes recibir una llamada con un escueto: "Et passo el Quim".
Personas de su entorno también confirman que estos años ha asesorado a empresas de comunicación, pero sobre todo colabora con el Institut d'Estudis Catalans (IEC). "Está muy bien ahí", aseguran.
Con Quim podías compartir amistad, pero con Puyal no. Puyal era siempre exigente; Quim, generoso hasta el punto de invitarte a comer
Puyal quiere gobernar su relato y desconfía profundamente de exhibir la intimidad. Cuanto más me acerco a su círculo más íntimo, más evidente se hace la incomodidad de hablar del Quim persona para este reportaje.
A Puyal siempre le han interesado los vínculos y su naturaleza difusa. En una sección que hacía en Catalunya Ràdio se preguntaba: “¿Puedo considerarme amigo de una persona con la que no he comido nunca?”.
En esa duda insinuaba los límites de la amistad con alguien con quien apenas había coincidido un par de horas en días distintos, pero con quien mantiene una relación “siempre franca, fácil y sana”.
Es una idea potente que captura la mirada de Puyal: cuestionar todo lo que damos por hecho. Y al mismo tiempo una cierta inclinación por quienes pasan por la vida sin cargarla innecesariamente.
Podía ser asfixiante, pero absolutamente adictivo y muy satisfactorio. Aún sueño que me da paso para cantar la alineación y no funciona el micro
"Somos poca cosa, pero podemos gobernar nuestras vidas"
Puyal cree firmemente que podemos gobernar nuestras vidas. Es su manera de decir que ha salido adelante a su manera. “Sí que lo creo. Sé que es pretencioso, porque somos muy poca cosa, pero a veces te permites el lujo de decirle a la vida: no, esto no va por ahí”, tal como explicó a Mònica Terribas en Catalunya Ràdio.
En él conviven la necesidad de control obsesiva y la mirada del niño que necesita experimentar. Esta dualidad, que podría convertirse en un nudo, en él funciona con una extraña armonía y se traslada a sus proyectos.
“En los últimos años viajaba sin maleta a los partidos”, recuerda el periodista Toni Padilla. “Llevaba un portafolios con los guiones y dentro metía lo mínimo: un cepillo de dientes, ropa interior… En un viaje a Minsk quiso ir en tren y salió cuatro días antes”.

Joaquim Maria Puyal, durante una transmisión de 2006 / JAVI FERRANDIZ / EDECASA
Lo más singular de Puyal
Marta Carreras, que trabajó en La TdP, reconoce ahora que no ha vivido ninguna experiencia laboral similar. A día de hoy, admite entre risas que algunas noches aún sueña que Puyal le da paso para cantar la alineación… y el micrófono no funciona.
“Cuando dejé de trabajar con él respiré. Pero al poco tiempo noté un vacío que no he vuelto a llenar. No he vuelto a trabajar con nadie que, a nivel de creatividad y liderazgo, se le parezca, ni de lejos. Era muy obsesivo con el qué y el cómo. Podía ser muy exigente, a veces asfixiante, pero absolutamente adictivo y muy satisfactorio”.
Para Carreras, lo que hace más singular a Puyal es “la manera de pensar a lo grande”.
“La mayoría de la gente te dice: ‘Esto es imposible’. Él, en cambio, te decía: ‘Eso no me interesa; dime cómo lo haríais y luego ya veremos si es posible o no’. Eso es muy motivador. Te hace pensar que todo es posible”.
Yo no fui capaz de adaptarme a su método, pero creo que con el tiempo él lo llegó a entender. Lo quería tener todo controlado al detalle. Era como una orquesta
Ricard Torquemada, una de las figuras más cercanas a Puyal, lo definió en una entrevista en VilaWeb como “alguien que frenaba la inercia permanentemente y se planteaba una revisión constante del trabajo”.
En 2006 definía así aquellas transmiones: "Vivimos un partido paralelo, con intensidad y concentración. No te puedes distraer ni un segundo porque si lo haces quedas retratado. Yo acabo la transmisión agotado".
Torquemada asegura ahora que mira el fútbol con los ojos de Johan Cruyff, y la vida y la radio con los de Puyal. “Me enseñó a tener los ojos siempre abiertos y experimentar. No me es fácil, porque soy más bien tímido, pero entiendo que es la vida”.

Puyal, al lado de Ricard Torquemada, durante la transmisión de un Benidorm-Barça de Copa / JOAN IGNASI PAREDES / EDECASA
En la misma línea se expresa Rut Vilar, que trabajó con Puyal del 1998 al 2008. "Trabajando con él aprendí a desautomatizar; a pensar las cosas antes de hacerlas. A no hacerlas porque tocaba, a pensar". A día de hoy reconoce que, si quiere contactar con él, sabe cómo hacerlo, pero no tiene una manera directa.
Algunas de las personas consultadas en este reportaje reconocen que les costó gestionar la exigencia del método Puyal. “Es el tío más exigente con el que he trabajado nunca. A mí, la figura ya me imponía mucho, y no fui capaz de adaptarme a su método”, apunta Sandra Sarmiento, predecesora de Carreras en las retransmisiones.
“Lo quería tener todo controlado al detalle. Era como una orquesta: todo tenía que entrar en su momento. Yo entraba, cantábamos el gol, Ricard hacía el comentario, y yo tenía que volver a entrar con una frase concreta… todo tenía que durar el tiempo exacto. Si no, se desmontaba todo”.
Aun así, Sarmiento valora positivamente la experiencia. “Con los años creo que él llegó a entenderme. Le tengo mucho afecto. Y cuando lo veo, noto que él también me lo tiene. Al final, cumplí un sueño de trabajar a su lado y solo por eso le estaré siempre agradecida”.
Cuando llegaba el camarero, decía: “No hace falta la carta. Tenemos mucho dinero, mucha hambre y mucha confianza en usted”. Y convertía el momento en un pequeño juego
La preocupación por la lengua
Una de las grandes batallas de Puyal era el catalán. Sarmiento recuerda cómo, al principio, catalanizó su apellido y tuvieron que corregirle que no era “Sarmientu”, sino Sarmiento: “Mi padre es de León”. Era muy obsesivo con la lengua. “En partidos de Champions iba incluso a los consulados de los equipos rivales para saber cómo se pronunciaban los nombres de los jugadores. Era muy meticuloso con eso”.
Pionero de las retransmisiones del Barça en catalán, cuidó la lengua como nadie durante cincuenta años de emisiones.
Puyal podía ser duro consigo mismo —se torturaba cuando le sacaban algún corte en el que se confundía de jugador o se equivocaba— y con su equipo cuando las cosas no se estaban haciendo como las había imaginado.

Puyal, en el aeropuerto de El Prat / VALENTI ENRICH / EDECASA
"Su cabeza iba muchos pasos por delante"
Jordi Nomdedeu, que también formó parte de las retransmisiones, cree que esa dureza nacía de una mente privilegiada. “Él siempre decía que lo que hacíamos era orfebrería radiofónica: cuidaba cada detalle hasta el extremo. Y siempre quería más”, apunta.
“Cuando no salía como él quería, se frustraba y lo exteriorizaba. Podía parecer que se enfadaba y te lo podías tomar como algo personal, pero nunca lo era. Lo que pasaba es que él lo veía tan claro en su cabeza y iba tantos pasos por delante que no podía entender que tú no lo vieras igual".
"Después, sin embargo, se preocupaba: venía y te decía ‘¿has entendido por qué me he puesto así?’ Ahí reaparecían los dos planos. “Él separaba las dos figuras: con el Quim podía compartir amistad, pero con Puyal no. El Puyal siempre era exigente, y el Quim era más generoso, hasta el punto de que podía invitarte a comer”, recuerda Nomdedeu.

Puyal, la temporada 2011/2012, durante un Barça-Villarreal en el Camp Nou / JOAN IGNASI PAREDES / Enviados
El Quim que invitaba a comer lideraba el pedido con la misma predisposición al juego que practicaba cuando no trabajaba. Cuando se acercaba el camarero decía: “No hace falta que me dé la carta”, hacía una pequeña ceremonia y añadía, teatral: “Mire, tenemos mucho dinero, tenemos mucha hambre y tenemos mucha confianza en usted”.
Otro clásico era cómo, en los países más insospechados, conseguía que le trajeran la comida que quería, a pesar de hacerlo en catalán. “Os demostraré que es más importante la intención comunicativa que la propia lengua”, decía antes de hacerlo. Y lo conseguía.
“También hay algo que he incorporado a mi vida”, interviene Sarmiento. “Cuando reservo para comer, siempre reservo para una persona más, porque él siempre lo hacía así. Reservaba por si acaso, y luego si no venía nadie más, teníamos más espacio para estar más cómodos”.
Toni Padilla todavía no ha olvidado la primera vez que compartió mesa con Puyal. Aquel día, mientras explicaba las variedades de vinos toscanos y anécdotas de retransmisiones, no podía dejar de pensar que tenía ojos de niño. Y quizá ahí estaba todo.
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