El día que Figo no aguantó la presión del Camp Nou

Tras abandonar el Barça para fichar por el Real Madrid, Figo visitaba por primera vez el Camp Nou con la camiseta blanca. Era uno de los momentos más esperados de la temporada y durante la semana previa al partido se habló mucho del recibimiento de la afición azulgrana y de cómo aguantaría la presión el jugador portugués.

Miki Soria

Al final, la realidad superó al madridista. Figo se vio desbordado e intimidado por las circunstancias, los gritos, la pañolada y las pancartas de un afición dolida por la manera en la que uno de los jugadores más queridos se fue al máximo rival aún habiendo negado públicamente la mayor -desmintió su marcha en una entrevista a SPORT y no sería hasta años después cuando reconoció haberse equivocado: "Mi único error en aquellos días fue una entrevista en la que dije que no me iba", afirmó a 'El País'-.

Dos horas antes del partido, Figo empezó a sentir la ira de la afición a la salida de la expedición blanca del Hotel Diplomatic. Poco después, ya en el calentamiento en el Camp Nou, pudo comprobar de primera mano cómo estaban los ánimos entre el aficionado culé, que le recibió con una gran pitada y pobló las gradas con numerosas pancartas: "Judas a tu lado era un aficionado", "Figo = traidor, embustero y pesetero", "Figo, te fuiste como un rey y vuelves como un esclavo" o "Ya decía yo que tanta gomina era sospechosa" fueron algunas de las más 'suaves'.

Pero lo peor estaba por llegar, porque en cuanto saltó al campo vestido de blanco la pitada aumentó de decibelios y miles de pañuelos blancos sembraron el coliseo azulgrana. A partir de ahí, cada balón que tocaba Figo se convirtió en un calvario para el madridista, que sintió el marcaje imparable de una afición indignada.

Eso lo acusó Figo, que jugó uno de los peores partidos que se le recuerdan. Anulado en el campo por un joven Puyol, -que se doctoró con su marcaje al luso-, no fue capaz de desplegar su juego y apenas probó el tiro a puerta. La presión pudo con él y no se atrevió a lanzar ni siquiera un solo saque de esquina, cuando el portugués era el encargado de hacerlo habitualmente. Además, vio cómo el público no le dejaba respirar en ningún momento y aprovechaba cualquier ocasión, -como una entrada suya a Rivaldo que acabó en amarilla-, para desatar su ira sobre él.

Al final del partido, con 2-0 para los azulgranas, el portugués se despidió de excompañeros como Puyol, Sergi, Rivaldo o Cocu, y tomó el camino de los vestuarios como un autómata. No tuvo fuerzas ni siquiera para atender a los medios de comunicación tras el partido y acabó así una de sus noches más duras en un terreno de juego.

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