Dembélé: hacer jugadas o jugar a fútbol

Conseguir la mejor versión de Dembélé se antoja absolutamente necesaria para tratar de conseguir los objetivos de la temporada

Dembélé, a sus 24 años, sigue siendo una promesa, un jugador del que se sigue esperando su explosión definitiva

Si Dembélé hubiera querido, ya hubiera firmado hace un mes | Rondeando en SPORT

En el minuto 66 del pasado 23 de noviembre el Camp Nou estalló ante la salida de Ousmane Dembélé al campo. El equipo debía ganar al Benfica para acceder a octavos de final de la Liga de Campeones y la afición confiaba en que el francés cambiara la dinámica del 0 a 0 que señalaba el marcador.

Su aparición fue tan excitante que Jorge Jesús, el entrenador rival, se vio obligado a doblar el lateral (Lázaro más Grimaldo) para detener la irrupción del extremo azulgrana. El resultado no cambió aunque su primer partido con Xavi Hernández en el banquillo llevó al optimismo.

Solo fútbol

 No vamos a hablar de dinero, ni de lo que costó, ni de lo que cobra ni de lo que pide por renovar su contrato. Hoy, no; hoy, solamente fútbol. Dembélé, a sus 24 años, sigue siendo una promesa, un jugador del que se sigue esperando su explosión definitiva. Tras cuatro años y medio como barcelonista, solo ha jugado el 50% de los partidos -122 de 243- y solo ha sido titular en un 31%; solo ha marcado 30 goles y solo ha dado 21 asistencias de gol. Solo, solo, solo y solo.

Pero así y todo, la afición es tan generosa que sigue esperándolo. ¿Por qué? Porque tiene unas cualidades espectaculares, según su propio entrenador, “para convertirse en el mejor jugador del mundo en su demarcación”. Para ello, además, confía en el talento de Ricard Pruna, a punto de volver al F. C. Barcelona y dispuesto a convertirse en el doctor milagro que sea capaz de acabar con el rosario de lesiones que han martirizado al futbolista. Y al Barça.

Titular por primera vez

Mañana, ante el Bayern, Xavi va a apostar por el francés como titular por primera vez desde que es entrenador del club para tratar de desestabilizar al equipo alemán desde el extremo derecho.

Su aportación en los 80 minutos disputados en los tres últimos partidos es más espectacular que efectiva, con cero goles y cero asistencias, y con un rendimiento sin influencia positiva en el marcador: contra el Benfica salió con el partido empatado y acabó 0-0; contra el Villarreal salió con 0-1 y el Barça ganó por 1-3; y contra el Betis apareció con 0-0 y su equipo acabó perdiendo por 0-1.

Sin embargo, su puesta en escena siempre ha aportado elementos interesantes que van en el sentido de lo que pretende su entrenador para encontrar la mejor versión del equipo. Son sensaciones que apuntan lo que puede ser...

Xavi quiere desborde y Dembélé lo tiene; necesita profundidad y el francés, la da; desea chut desde lejos y el 7 azulgrana es capaz, con las dos piernas. Lo que le falta ahora es una buena lectura de la jugada y acierto en la ejecución. Porque Dembélé, hasta el día de hoy -y en la misma tónica de las otras cuatro temporadas y media-, ha hecho muchas jugadas pero todavía no ha sido capaz de jugar a fútbol.

Correr y pararse

Lo que le sucede a él no es exclusivo. El equipo, en conjunto, no es capaz de pensar de manera unitaria para desarrollar el fútbol que necesita para ganar. Con la aparición de Dembélé, la descoordinación aumenta porque su anarquía no es interpretada de manera positiva por sus compañeros. ¿Es mala? No, pero genera desorden y el equipo, de momento, no está preparado para compensarlo.

¿Recuerdan lo que sucedía con el tridente de Luis Enrique? Cuando el Barça perdía el balón el equipo se rompía y sufría en defensa hasta que el técnico tocó la tecla justa convirtiendo a Neymar en el cuarto centrocampista, Iniesta se juntó con Sergio y Rakitic fue la red de protección de Messi. Pues eso. Xavi debe encontrar la fórmula.

De entrada hay que decir que Dembélé es el único futbolista del equipo capaz de equilibrar la tradicional hegemonía ofensiva azulgrana por la banda izquierda de Jordi Alba, hecho muy positivo.

Sin embargo, su aportación va acompañada de una toma de decisiones no siempre positiva para el equipo, ya sea porque es imposible ganar todos los duelos contra el rival -en su caso, habitualmente de dos o tres contra uno-; porque su juego provoca muchas pérdidas de balón -seis en 31 minutos, contra el Betis- que, dependiendo del momento, penalizan mucho al equipo; o porque el resto del conjunto no juega coordinado: o los interiores no llegan, o el delantero centro no está preparado para la mejor opción, o tocaba regate y eligió el chut, o al revés.

La pausa y la aceleración son instrumentos básicos sin los cuales el juego del Barcelona, tanto en ataque como en defensa, tiene poca solución. En el caso de Dembélé, también: sin pausa y con solamente aceleración sus virtudes son menos letales. Sea como fuere la cuestión es que, como antes se ha demostrado numéricamente, su rendimiento es mejorable.

Xavi Hernández confía en la pedagogía para revertir la situación. Por eso pide su renovación. Los extremos son una raza en extinción en el universo del balón y conseguir la mejor versión de Dembélé se antoja absolutamente necesaria para tratar de conseguir los objetivos de la temporada. Veremos.

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