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Daniela Svedin Figo: "Mi padre nos decía que iba a ser el número uno"

La mentalidad competitiva de Luis Figo, que lo llevó a tener éxito en el deprote, es un ejemplo para sus hijas Daniela y Martina, quienes han construido sus caminos profesionales con esfuerzo

Daniel Sveden Figo, junto a su padre, Luis

Daniel Sveden Figo, junto a su padre, Luis / SPORT.es

Xavi Espinosa

Xavi Espinosa

Luis Figo fue una de las grandes figuras del fútbol europeo a finales de los años noventa y principios de los 2000. Llegó al Barça en 1995 y, durante su etapa en el club, se consolidó como uno de los mejores extremos del mundo. Entre 1997 y 2000 fue una pieza clave del equipo, lo que le convirtió en uno de los futbolistas más admirados por la afición culé. Incluso llevó el brazalete en varios partidos, especialmente en ausencia de Pep Guardiola, que era el capitán habitual del equipo en esos años.

Sin embargo, su historia en el Barça tuvo un desenlace inesperado en el verano del año 2000, cuando fichó por el Real Madrid. El traspaso, anunciado el 24 de julio de 2000, supuso uno de los movimientos más polémicos de la historia del fútbol español y marcó un antes y un después en su carrera. A partir de ese momento, Figo pasó de ídolo a rival para la afición barcelonista, en un episodio que definió la rivalidad entre ambos clubes en el inicio del nuevo siglo.

Figo, un jugador con mucha mentalidad

Figo, en lo estrictamente deportivo, fue un jugador decisivo, sobre todo en los grandes partidos y un jugador muy ambicioso. Esa forma de entender la profesión, basada en el trabajo constante y la confianza en uno mismo, marcó profundamente su carrera y terminó trascendiendo el ámbito profesional.

Esa mentalidad competitiva y perseverante que definió la carrera de Luis Figo es, con el paso del tiempo, uno de los valores que más han interiorizado sus hijas. Daniela y Martina Svedin Figo coinciden en señalar que su padre siempre les inculcó la importancia de confiar en una misma y de trabajar con constancia para alcanzar cualquier objetivo. “Mi padre nos ha transmitido siempre la importancia de creer en uno mismo. Decía: ‘Yo voy a ser el número uno’, y lo fue. Con trabajo todo se consigue”, recuerda Daniela en 'harpersbazaar', cómo esa convicción fue una lección práctica más que un simple consejo.

Martina añade que la educación familiar ha sido clave en su forma de relacionarse con el mundo. Para ellas, el respeto y la humildad han sido valores innegociables desde pequeñas. “Nos enseñaron a tratar a todo el mundo por igual”, explica, dejando claro que el apellido nunca ha sido un privilegio automático, sino una responsabilidad para construir su propio camino con esfuerzo y coherencia.

La familia ocupa un lugar central en sus vidas y en su manera de entender el éxito. Daniela destaca las oportunidades que han tenido gracias a sus padres, como la posibilidad de viajar, conocer otras culturas y formarse en distintos países. Todo ello ha contribuido a crear una base sólida sobre la que ambas han ido desarrollando sus proyectos personales y profesionales.

Daniela y Martina han seguido su camino alejadas del entorno del fútbol

Esa cercanía familiar se refleja también en la relación entre las dos hermanas. Daniela y Martina mantienen un vínculo marcado por la complicidad, el apoyo mutuo y la admiración compartida. Martina reconoce en su hermana mayor una guía constante, tanto a nivel académico como vital, un referente que ha influido en decisiones importantes de su trayectoria.

Aunque ninguna siguió los pasos de su padre en el fútbol ni los de su madre, Helen Svedin, en el mundo de la moda, ambas han sabido encontrar sus propios intereses. Martina se decantó por los estudios científicos inspirada por Daniela, mientras que las dos han desarrollado una faceta creativa ligada al entorno digital y a colaboraciones con marcas de moda y lujo.

Ese equilibrio entre herencia y evolución conecta de forma natural con su vínculo con casas históricas como Louis Vuitton. Daniela y Martina valoran la capacidad de una firma para adaptarse al paso del tiempo sin perder su identidad, una idea que trasladan también a su propia historia familiar.