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ESPECIAL: 10 AÑOS SIN JOHAN CRUYFF

Cruyff y el arte de llevar gabardina: "Mi padre le preguntaba a mi madre cada mañana qué ponerse"

El magnetismo y la influencia del estilo de Cruyff provenían de un carácter genuino e indomable

La gabardina se convirtió en una seña de identidad de Cruyff en el banquillo del Barça

La gabardina se convirtió en una seña de identidad de Cruyff en el banquillo del Barça / SPORT

Dídac Peyret

Dídac Peyret

El legado estético de Cruyff no se puede entender sin la máxima que dice que la elegancia es la expresión natural del carácter. La gente sigue a figuras así porque detecta algo genuino.

Fuera del campo, Johan también se escapaba siempre de los contrarios defendiendo su individualidad. Usando una expresión de Guardiola, a quien se le atribuye ser más cruyffista que Cruyff, podríamos decir que siempre meaba con la suya.

Tanto es así que a menudo mostraba una indiferencia absoluta ante la opinión de los demás. Quizá por eso le quedaban tan bien las gabardinas. La seguridad es elegante y entra por los ojos.

Mi padre sabía que no tenía muy buen gusto y cada mañana le preguntaba a mi madre qué ponerse

Susila Cruyff

Cruyff ya era un icono de la moda en los 70 y, cuando ficha por el Barça, se convierte en una revolución. La imagen de él con su mujer, Danny Coster, representa la modernidad y juntos parecen estrellas del pop de la época.

Cruyff marcando estilo el año 1973

Cruyff marcando estilo el año 1973 / ANTONI CAMPAÑA / Archivo

Su imagen fascina a toda una generación, entre ellos, Joan Laporta: “Quería ser como él, incluso le copiaba el peinado”. Lo que mucha gente no sabe es que no era exactamente Cruyff quien escogía su ropa.

“Mi padre era muy consciente de que no tenía muy buen gusto, pero le gustaba ir guapo”, recuerda su hija Susila Cruyff. “Fíjate que cuando era entrenador todos iban en chándal menos él. Cada mañana se plantaba delante del espejo y le preguntaba a mi madre: ‘¿hoy qué me pongo?’”.

Cruyff y su pareja Danny Coster, durante el Balon de Oro de 1971

Cruyff y su pareja Danny Coster, durante el Balon de Oro de 1971 / DESCONOCIDO / Archivo

El estilo de Cruyff también incluía un lenguaje con un número limitado de palabras que combinaba a su manera (“un paloma no hace verano”) y una lógica infalible que, como dice Sergi Pàmies, hacía que tuviera razón “incluso cuando se equivocaba”.

Cruyff se hacía escuchar con reflexiones casi aforísticas y un legado alentador: la vida —y el fútbol— son para disfrutarlos sin complejos.