Coutinho: motivos de un desencanto

El brasileño está muy lejos de su mejor versión

Del Coutinho que llegó al FC Barcelona al actual hay un mundo

Coutinho volvió a sonreír: golazo de cabeza tras un gran centro de Suárez | LALIGA

Desencanto sería el adjetivo que mejor define el sentimiento de los barcelonistas con Philippe Coutinho. Fichó tras muchos meses de negociaciones y con las máximas expectativas días después de hacerlo Dembélé.

Ellos fueron los elegidos para olvidar a Neymar, pero así como el francés se ha ganado a la afición, la distancia con Cou se agranda cada día que pasa, hasta el punto de ya hay quien duda que pueda ser recuperado para la causa. Del ‘mago’ que llegó al Barça con toda la ilusión del mundo al actual hay un mundo y varios son los motivos.

De más a menos en su rendimiento

Coutinho marcó 10 goles y dio dos asistencias en su primera temporada tras llegar en enero pasado. Jugó 22 partidos (1.483 minutos). Alternó el extremo izquierdo con el diestro y terminó por todo lo alto. Clave en la semifinal copera ante el Valencia y en la final ante el Sevilla, hizo un gol y dio otro, marcó en los últimos tres partidos de Liga.

Esta temporada la inició igual de bien, con un golazo al Alavés en una acción repleta de confianza, pero se ha ido diluyendo como un azucarillo. Con  32 partidos jugados, 10 más que la anterior campaña, suma dos goles menos (8), aunque ha dado tres asistencias más (5). Lo más preocupante son las sensaciones.

La presión de tomar el relevo del mito iniesta

Philippe comenzó la actual temporada en el interior izquierdo, con la misión de cubrir el hueco dejado por Andrés Iniesta. Un reto gigantesco, y más cuando no tiene sus mismas características. A la séptima jornada de Liga ya había vuelto al extremo tras la irrupción de Arthur y la energía de Arturo Vidal.

Dembélé, un bólido que le adelanta por la derecha

Aun así, Coutinho lo tenía todo para ser incontestable. Volvía al extremo, donde había funcionado junto a Messi y Luis Suárez, mientras Dembélé caía en picado, incapaz de poner en hora el despertador. Quizás se instaló en una zona de confort y se confió en exceso, pero lo cierto es que el brasileño apareció en cuentagotas y el francés renació para darle la vuelta a la tortilla. 

En ausencia de Messi, Coutinho fue de los pocos que no dio el paso adelante,.Valverde se rindió a la evidencia y el brasileño probó ya de forma continuada -cuatro partidos consecutivos de Liga- el amargo sabor del banquillo. Ni siquiera la lesión de Dembélé recondujo la situación, pese a devolverlo a la titularidad.  

¿Qué se ha hecho de los célebres ‘coutinhazos’?

Coutinho ha ido minando su confianza de forma paulatina y la prueba fehaciente es que ya no se sabe nada de los ‘coutinhazos’ que tanto dieron que hablar, aquellos disparos fuertes y secos, todo potencia, que tanto resultaron la temporada pasada, cuando solo él parecía a atreverse a disparar desde fuera del área, y que prolongó con Brasil durante el Mundial.  

Los golazos marcados esta campaña ante Alavés, Leganés y Sevilla, todos  con la derecha,  no han tenido continuidad. Su último tanto de jugada y con el pie fue en el clásico de Liga, el 28 de octubre pasado, al llegar desde atrás y empujar con la zurda la asistencia de Jordi Alba.

Desde ese día, tres goles más: dos de penalti y el de cabeza al Sevilla. Ni rastro de los ‘coutinhazos’...

Los rivales le han pillado el truco y se desespera

La imagen de Coutinho desesperado porque no le sale nada se repite ya con demasiada frecuencia. El brasileño prueba una y otra vez la misma jugada, se va centrando en busca del chut, pero los rivales ya le conocen y no se dejan sorprender. Al brasileño, bloqueado, le cuesta probar nuevas cosas, no desborda, y la inquietud aumenta. La afición está desencantada, nadie lo esperaba.

Juega bloqueado y sin confianza

Coutinho siempre ha sido una persona reservada, a la que le cuesta mostrar en público sus sentimientos, responsable y apoyada en su familia, pero a la vez ilusionada y ambiciosa, con el brillo en los ojos de los que quieren hacer cosas grandes y se sienten capacitados.

La imagen que proyecta ahora el brasileño hacia el exterior, no obstante, es de bloqueo y falta de confianza. Pero poco tiene que ver con la desgana o poca actitud, que nadie se confunda. Quienes le conocen bien saben que se toma muy en serio su profesión, quizás incluso demasiado.  

Coutinho juega con mucha presión encima y la bola de nieve, lejos de aligerarse, va engordando. Ni siquiera el doblete ante el Sevilla supuso un punto de inflexión para el brasileño. Marcó, sí, pero no regresó a su nivel. El remedio es la paciencia... pero en el Barça hay poca.

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