FC Barcelona
Cinco años sin Maradona: la crónica (desde dentro) del Diego más humano
La PB Mataró reunió a Paco Clos y Luis Fernández, ex compañeros en el Barça, para hablar del '10'

Diego Maradona, campeón en 1986 / AP
Cinco años sin Diego Armando Maradona son demasiados. El 25 de noviembre de 2020 el mundo del fútbol se paró porque se fue el más grande, alguien que vivió a su manera, pero que nunca se olvidó de sus orígenes ni de que, por encima del mito, está la persona. Siempre. La Penya Barcelonista de Mataró reunió a dos voces autorizadas para recordarlo desde la cercanía, la complicidad y la verdad: Paco Clos y Luis Fernández, dos hombres que compartieron vestuario con él, ambos ex futbolistas del Barça, y que, durante casi dos horas, pintaron un retrato de Diego que iba mucho más allá del futbolista irrepetible. El acto, que siguió a la proyección del documental “Fútbol Club Maradona”, pronto dejó claro que había un hilo conductor en todas las historias: la humanidad inmensa de un argentino que detestaba el poder, la mejor y única forma de sentirse libre.

Portada de SPORT hace cinco años / SPORT
Luis Fernández, que llegó al primer equipo siendo prácticamente un niño desde el filial, recordaba con ternura cómo Maradona lo hizo sentir uno más desde el primer día. Se encontró de golpe con un ídolo que lo invitaba a participar de sus rituales: "Cuando acababan los entrenos, él siempre se quedaba a tirar faltas. 'Niño, vamos a tirar una falta', me decía. Y ahí me puteaba, claro: 'Va por allí, pero haz como si no lo supieras'". La sala rió con la anécdota, pero detrás asomaba la generosidad de un jugador que acogía a todo el mundo como un igual. Lo normal, pero algo excepcional en un mundo que lo convirtió en leyenda desde sus inicios.

La PB Mataró acogió a Paco Clos y Luis Fernández para hablar de Maradona / LLUÍS RUGAMA
Paco Clos relató su propia historia de iniciación en el primer equipo, más basado en lo futbolístico: "Yo no he visto a otro jugador como él. Messi para mí es el mejor jugador de la historia, pero técnicamente… ni Messi ni nadie. Técnicamente, el mejor jugador que ha tenido el fútbol es Maradona". Era un juicio que no buscaba la comparación, sino señalar a un tipo de talento inimitable.

Maradona, en 1986 / AFP
A medida que avanzaba la conversación, emergía otro Maradona, el del día a día, el de los gestos íntimos. Luis explicó que su aura era tan potente que incluso cruzarlo en un pasillo producía un efecto físico: "Si estábamos aquí y pasaba él por la otra punta, algo te entraba por el cuerpo. Para mí era Dios". No era una definición vacía, lo expresaba desde el convencimiento. Pero la divinidad no venía del mito público, sino de su manera de tratar a la gente. "Siempre estuvo con los humildes. En su casa siempre había mucha gente, diez, veinte, cuarenta. Le daba igual, si tenían hambre, él les daba de comer. Esa fue su gran grandeza". Aquella generosidad, decían, no era pose ni propaganda: era una constante en su forma de estar en el mundo.

Maradona fue recordado en Mataró cinco años después de su muerte / LLUÍS RUGAMA
Las anécdotas se encadenaban sin esfuerzo. Luis rememoró el surrealista viaje a Nueva York, donde Mágico González estuvo concentrado con el Barça. Allí, el genio salvadoreño de Cádiz vivía en su propio universo, al punto de que los técnicos "tenían que ir cada día a buscarlo y sacarlo de allí, parecía que acabara de salir de una tribu". Pero la sorpresa mayor la dio Diego, que estaba convencido de que la policía estadounidense le pondría droga en el equipaje: "Diego estaba asustado. 'Aquí la policía le mete droga o algo'", decía, temeroso de que pudiera afectar al resto del equipo. Obviamente, todo era infundado. Paco recordó aquello de "yo no soy el mejor jugador del mundo, el mejor es Mágico González".

Diego Armando Maradona en su etapa en el FC Barcelona. / FC Barcelona
La conversación se volvió más seria cuando llegaron a la final de Copa de 1984 contra el Athletic de Bilbao, aquella batalla campal que marcó un antes y un después. Clos explicó que, a raíz de su participación en la pelea, su relación con Maradona dio un giro: "Era como si fuésemos un salvavidas. Para mí esa imagen es una mancha en mi carrera, pero si pasara otra vez, lo volvería a hacer". El vínculo se estrechó porque Diego valoraba la lealtad por encima de todo. Y Clos fue uno de los que salieron, porque tocaba hacerlo, a defenderle.
A partir de ahí surgió la pregunta inevitable: ¿por qué se marchó Maradona del Barça? Luis respondió sin rodeos: "Maradona siempre iba contra el poder". De hecho, explico que Diego se lo dejó claro al presidente: "O me voy o duras dos meses de presidente". Núñez aceptó venderle. Maradona pidió un adelanto salarial que nunca llegó, así que se marchó al Nápoles. Pese a ello, Clos lo tiene claro: "Amaba al Barcelona y amaba Barcelona, le habría gustado estar muchos años aquí".

Marcos, Pichi, Urbano, Maradona, Julio Alberto y Periko llegaron para reforzar el Barça de Lattek / Archivo
Por eso, cuando ambos reflexionaron sobre lo que habría sido Maradona en una estructura moderna, más protectora, más profesionalizada, hubo unanimidad: habría sido "la hostia". Y cuando hablaron de lo que significó para el Barça, también: "Ojalá hubiera estado diez años. No tuvimos tiempo de disfrutarlo".
"Maradona odiaba la injusticia"
Sin embargo, todo aquello no era más que el decorado. La historia grande, la que atravesó todo el acto, era la misma: la dimensión humana de Diego. Un hombre que, según Clos, "como compañero y como amigo, era un 10. La persona más humilde que ha tenido el Barça". Y un hombre que, según Luis, tenía un vínculo profundo con Cataluña y con el Barça: "Tenía un alma sindicalista. No podía ver una injusticia. Quería pasar por encima del poder. Ese era su sentimiento".

La camiseta de Maradona de aquella final de copa se mantiene intacta / Archivo
Cinco años después de su muerte, Mataró no recordó solamente a un mito, a una leyenda, una de las más grandes que haya dado nunca el fútbol, sino que recordó al hombre que daba de comer a quien lo necesitaba, al que se quedaba el último entrenando, al que defendía a los jóvenes, al que se rebelaba ante la injusticia, al que jamás dejó atrás a los suyos. Recordó, en definitiva, a DIEGO ARMANDO MARADONA. Sí, en mayúsculas.
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