Cien años del debut de Paulino Alcántara, el "primer" Messi

David Salinas

Es sabido que al argentino ya solo le supera el mítico César Rodríguez, que firmó 235 goles en duelos oficiales, pero el FC Barcelona no puede ni debe olvidar a una de sus primeras leyendas: Paulino Alcántara, un especialista en el arte de la anotación. Hoy se cumplen cien años de su debut con la camiseta blaugrana, contra el Català (9-0) en un partido del Campeonato de Catalunya. Tenía 15 años y firmó un `hat trick¿. Apóstol del barcelonismo, Alcántara fue el primer Messi del Barça. No se cansó de marcar goles y su fama lo llevó a ser un personaje mediático en su época. Su historia es para contarla.

Hijo de madre filipina y militar español, nació en Iloilo el 7 de octubre de 1896. A los tres años de edad, con el traslado de su padre, llegó a Barcelona. Su afición al fútbol empezó en los Jesuitas de Caspe, pero su idilio con el Barça nació en 1909, viendo un partido en el campo de la calle Industria desde un balcón. No lo tuvo fácil para practicar su pasión porque, como recuerda su primera nieta, Clara, “era poca cosa y sus padres no querían que gastara energías chutando balones”. Blanca, otra de las nietas, hermana de Clara, apunta que “era pequeño y delgado como Messi, aunque más moreno¿”. Ambas, viendo ahora las diabluras de Leo, imaginan cómo debió evolucionar su abuelo en aquellos terrenos de juego de principios del siglo XX.

Alcántara fue un `rara avis¿. Se apasionó por el fútbol, deporte en el que destacó, pero no olvidó su verdadera vocación: la medicina, campo en el que se hizo un importante nombre como especialista en las vías urinarias. Un triunfador. ¿Sus secretos? Sus nietas no dudan: “Abanderó valores tan sólidos como el trabajo, la disciplina y la humildad. Valores que, junto al esfuerzo, lo llevaron a conseguir todo lo que se propuso. Siempre se quedaba a practicar regates, centros y disparos después de los entrenamientos y aún tenía tiempo para estudiar. Siempre se exigió más a sí mismo”. En sus memorias aseguraba que “mi escuela ha sido la voluntad”. Una prueba irrefutable de su compromiso con la medicina tuvo lugar en 1920, cuando optó por no acudir a la Juegos Olimpiada de Amberes al coincidir con época de exámenes.

Nunca se colgó medallas ni presumió de ser un crack. Jugaba para divertirse, como Messi. Eso sí, recuerdan sus nietas, por lo que han oído siempre en casa, que “de lo que no se libraba era de saludar cuando acudía al teatro y la gente le reconocía”. Otra anécdota que delata su sencillez la rememora Clara: “Acostumbraba a beber agua con gas, le iba bien. En los desplazamientos el Barça no podía pagarla, pero él ponía dinero de su bolsillo para que en la mesa no faltara nunca una botella”.

Clara recuerda que “solo fui consciente de quién fue y qué representó mi abuelo el día que murió¿ Un gentío se dio cita en su domicilio, en la Avenida Diagonal. Tenía 7 años. Fue impactante. También me impresionó la cantidad de telegramas que se recibieron en casa”. Alcántara rompió moldes en el fútbol. No fue un jugador más. Como Messi, perteneció a esa rara estirpe de deportistas con un talento especial, diferente. En el partido de su adiós, por ejemplo, el balón llegó caído del cielo gracias a la pericia del aviador Josep Canudas.

Paulino tuvo dos hijos, Eduardo ¿fue médico del Barça¿ y Manuel, pero ninguno de ellos siguió la saga. Tampoco sus nietos: Begoña, Ignacio, Borja y Belén ¿hijos de Clara¿ ni la pequeña Alba ¿hija de Blanca¿. Solo Borja, hoy cocinero, apuntó maneras.

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