Javier Cercas: "¡Que alguien le diga a Rafa Nadal que quiero escribir un libro sobre él!"

El ganador del Premio Planeta confiesa su pasión por el tenis y su admiración por el tenista de Manacor

"Soy del Barça, pero no de los que van a muerte. Por ejemplo, si viviera en Buenos Aires sería de Boca Juniors"

Cercas ha ganado el Planeta con Terra Alta
Cercas ha ganado el Planeta con Terra Alta | J. Ferrandiz

Primer viaje havia el territorio de la novela negra... y bingo. Javier Cercas probó suerte presentándose al Planeta con 'Terra Alta', una historia sobre un 'mosso d'esquadra' redimido que se empecina en resolver un crimen en una remota comarca catalana y se llevó el premio mejor dotado de las letras españolas. En esta charla con SPORT, Cercas habla de cómó y dónde nació la novela, pero también de su enorme pasión por el tenis y su afición (menos pasional) por el fútbol. Y por encima de todo, su admiración por Rafa Nadal, un deportista ejemplar. "Leo las entrevistas que le hacen a Nadal como quien lee la Biblia", confiesa.  

Es su primera incursión en la novela negra y se le nota muy cómodo, como si toda la vida se hubiese dedicado al género.
Es que en el fondo quizá lo he hecho, porque en mis novelas anteriores siempre había un enigma y alguien encargado de resolverlo. Y de eso se trata la novela negra. Me gustan las buenas novelas y si son policíacas, pues bien, porque con este género se pueden hacer muchas cosas, es muy maleable: aquí cabe un cuento de Borges, un relato de Martin Amis, una historia de Don Winslow… No existen los géneros mayores o menores, sino formas mayores o menores de usar los géneros.

En este caso, el género le ha permitido construir un personaje especialmente potente, Melchor Martín, el ‘mosso’ que protagoniza la historia.
Me gusta muchísimo este tío. Y no sé de dónde coño salió. Lo que sí recuerdo bien es la primera frase del libro que me entró en la cabeza [Cercas coge su novela, la abre y lee]: ‘Se llamaba Melchor porque la primera vez que su madre lo vio, recién salido de su vientre y chorreando sangre, exlamó entre sollozos de júbilo que parecía un rey mago. Su madre se llamaba Rosario y era puta’. Pam. Apareció así. Este personaje no se me va de la cabeza: cuando acabo un libro, lo primero que hago es intentar olvidarlo para ponerme con el siguiente, pero este a mí no se me va de la cabeza. Adoro a Melchor, con todas sus complejidades y ambigüedades.

Y con su tendencia a tomarse la justicia por su mano…
Así funciona él: confunde justicia con venganza. Tiene muchas oscuridades y muchas contradicciones, pero es un tipo al que adoro. Pienso en él y me acuerdo de unos versos de Borges: ‘bienaventurados los limpios de corazón porque ven a Dios’. Es un limpio de corazón y me encanta.

¿Volveremos a saber de él?
¿Te gustaría?

A mí sí.
Pues a mí también. Ya veremos.

"Quizá no debería decirlo, pero los derechos de la novela ya están firmados para hacer una película"

¿Habrá película o serie de ‘Terra Alta’? Parece una historia muy filmable.
De mis novelas se han hecho dos películas y una tercera que está a punto de empezar a rodarse [se refiere a ‘Las leyes de la frontera’, que será dirigida por Daniel Monzón]. Quizá no debería decirlo, pero de ‘Terra Alta’ ya se han comprado los derechos. Ya está firmado. Aunque cuando escribo nunca pienso si eso tendrá traslación a una pantalla. No sé hacerlo. Intento escribir el mejor libro que puedo. Lo demás me trae sin cuidado.

¿Por qué la Terra Alta, esa comarca de Catalunya limítrofe con Aragón? ¿Por los ecos de la batalla del Ebro?
Parece que solo se les conoce por eso. Bueno, ahora también por el vino. Es la Catalunya vacía, un terreno pedregoso y abandonado. Un personaje de la historia dice que “solo se acuerdan de nosotros para bombardearnos”. Yo fui porque el último capítulo de mi libro anterior transcurre allí; el héroe del libro había muerto en la batalla del Ebro. Me quedé alucinado con el paisaje. Es como un ‘western’: me gusta pensar en este libro como un ‘western’ disfrazado de ‘thriller’. Pero también es importante el contraste con Barcelona, una ciudad que en la novela es dura, nocturna, violenta y prostibularia. Cuando el protagonista llega a la Terra Alta ni siquiera puede dormir porque hay demasiado silencio. Llega siendo un extraterrestre y acaba encontrando lo que buscaba.

"En Terra Alta aparece muy de pasada el referéndum del 1-O, pero no es una novela sobre el 'procés"

El cuerpo de los ‘mossos d’esquadra’ está muy presente en la novela.
Claro, porque en Catalunya son ellos quienes se encargan de estas cosas. Tan fácil como eso, nada más. En la novela aparece muy de pasada el referéndum, pero no es una novela sobre el ‘procés’. Los ‘mossos’ se portaron inmejorablemente conmigo. Al llegar allí me prepararon una reunión de mandos. Uno me dijo, ‘yo no leo nunca novelas de policías porque no me creo nada’. Y yo le dije, ‘pues esta te la vas a creer’. Le di a leer el manuscrito a un par de ellos y me ayudaron a corregirlo. Cuando escribo, quiero que la historia sea creíble, como si fuera de verdad. Y para eso necesitas documentarte muy bien.

Un personaje dice que en las novelas, el cincuenta por ciento lo pone el autor y el otro cincuenta, el lector.
Así es. Cada lector es distinto. Esa es la magia de la literatura: una novela es una partitura y es el lector quien la interpreta. No hay dos lectores de ‘Terra Alta’ que lean lo mismo, aunque el libro sea el mismo. La mitad de un libro la pone el lector. Paul Valéry decía que las obras maestras las escriben los lectores, no los autores. Todo depende de lo que pongas tú de tu propia vida en el libro.

La novela también plantea una duda moral muy interesante entre la justicia formal y la justicia íntima o personal.
Es un tema fundamental. Pero no he llegado a ninguna  conclusión. Me lo tengo prohibido porque creo que los novelistas debemos plantear preguntas, no contestarlas. Nuestras respuestas son siempre ambiguas, contradictorias y poliédricas. Quien tiene la respuesta es el lector. Sin ambigüedad no hay literatura porque la ambigüedad es el espacio que le das al lector para que haga suyo el libro. Hay un personaje que dice que la justicia absoluta puede ser la más absoluta de las injusticias. Hay otro que dice que si tú no respetas las formalidades de la justicia, no respetas la justicia. Y está esa idea de que lo bueno, llevado al extremo, puede acabar siendo malo. 

"Presentarse al Planeta era una manera de decirle a mis lectores, 'mirad, aquí hay un libro distinto"

¿Por qué se presentó al premio Planeta?
Es sencillo: cuando terminé este libro pensé que era un buen libro. Y comprendí que era un libro distinto a los anteriores. Al menos, en parte. Es un libro radicalmente distinto y la vez radicalmente fiel a mis obras anteriores. Y presentarse al Planeta era una manera de decirle a mis lectores, ‘mirad, aquí hay un libro distinto, no es como los anteriores’. Cuando acabé ‘El monarca de las sombras’ pensé, ‘si sigo por este camino me voy a arrepentir’. Y eso puede ser catastrófico para un escritor. Por eso quería algo distinto. Luego he visto que este premio tiene una dimensión popular de la que yo no era consciente. La gente hace suyo el premio, lo cual te permite llegar a una enorme cantidad de lectores. O a gente que pensaba que yo escribía libros complicados. 

Las obras que ganan el Planeta tienen fama de ser fáciles de leer.
Yo aspiro a leer novelas fáciles de leer y difíciles de entender. Yo trabajo mucho para que no se note todo lo que he trabajado, para que mis libros se lean como quien bebe agua. No veo contradicción entre una literatura muy exigente y una literatura popular. La mejor literatura puede ser enormemente popular. El Quijote era increíblemente popular, se leía en público y lo conocían incluso los analfabetos. También los mejores futbolistas son enormemente populares. Hay que devolverle la literatura a la gente. Como el fútbol y el deporte, la literatura es un placer y sirve para vivir más y para pasarlo bien.

"Leo las entrevistas a Nadal como quien lee la Biblia"

Ahora que habla de deporte: tengo entendido que su deporte favorito es el tenis. Y que es un ferviente admirador de Rafa Nadal.
Siempre me gustó el tenis porque jugué mucho cuando era un chaval. Llegué a jugar campeonatos…. Ahora lo sigo mucho. ¿Nadal? Nadal es la ostia. Agassi lo dijo hace poco: ‘basta de decir tonterías, es el mejor tenista de la historia, punto, acabemos con esta discusión’. Yo no sé si es el mejor de la historia, pero aprendo muchísimo de Nadal. Sueño con escribir un libro sobre él, como ‘Open’ de Agassi. Nadal es la bomba, es increíble. Las entrevistas que da son impresionantes: el otro día decía que él solo aspiraba a ser una persona correcta. A mí me pasa lo mismo. También decía que de los éxitos se puede aprender más que de los fracasos. ¡Y estamos acostumbrados a pensarlo al revés! Es una reflexión genial. Y de esas, a patadas. Yo eso no se lo había oído a nadie, ni siquiera a Shakespeare. Leo las entrevistas a Nadal como quien lee la Biblia. Yo he escrito bastante sobre tenis, lo que pasa es que ya no sé qué decir sobre Nadal: ¡si puede ser, que alguien le diga que aquí hay un descerebrado que quiere escribir sobre él! 

"En el tenis, un tipo como Materazzi no sería respetado. En cambio, en el fútbol...

Hace año y medio publicó un artículo titulado ‘Contra el fútbol’ y dos semanas después, ‘A favor del fútbol’. ¿En qué quedamos?
Soy futbolero, siempre me ha gustado el fútbol. Pero lo que me irrita no es solo lo que rodea al fútbol, sino la propia ética del fútbol. En el tenis es inimaginable que alguien celebre haber ganado haciendo trampas. Y en el fútbol, el que no pega patadas está mal visto, es un blando y el entrenador no lo quiere. Un amigo del ‘Corriere della Sera’ me contó que el personaje que había sido recibido en la redacción de su periódico con más fervor fue Materazzi. Más que el Papa. ¿Cuál era el mérito de aquel tipo? Haberle dicho algo tan bestia a Zidane en la final de un Mundial… Hay que ser sinvergüenza. Y todo el mundo jaleándolo.

En otros deportes sucede menos, es cierto.
En el tenis, un tipo así no sería respetado. Yo he ido a ver un Barça-Madrid, en una zona privilegiada del campo, y antes de empezar el partido se me sienta al lado un tipo que empieza a insultar al linier. Yo alucinaba. ¿Realmente hace falta algo así? A veces me da la sensación de que los entrenadores solo quieren tíos que peguen patadas y que le coman la oreja al rival. Dan ganas de enviarlos a cagar… 

A veces no todo es tan negativo…
Correcto, en el fútbol cabe lo mejor y lo peor. El ejemplo de Drogba es increíble: un tipo que envía un mensaje a su país para que haya un alto el fuego en una guerra civil. Y lo consigue. ¿Quién coño ha parado una guerra, quién tiene esa capacidad? Ese tío tiene que tener algo especial. Con el fútbol puedes hacerlo todo, pero yo echo de menos que el fútbol sea un deporte. Sin patadas ni cabezazos: no pido que sean héroes, solo que sean personas. A veces la moral del fútbol es ‘te pego una patada, te piso los huevos, meto gol y vale todo’. Estoy un poco cabreado con esto, la verdad. No quiero sonar moralista, se trata simplemente de respetar las normas, como en el tenis. 

"Soy del Barça, pero no de los que van a muerte. No soy un religioso: si viviera en Buenos Aires, sería de Boca"

Quizá la solución sea verlo sin pasión. Como esos que dicen que no son de ningún equipo.
¡Eso no vale! ¡A esos no les gusta el fútbol! Yo no soy de los que van a muerte, pero soy del Barça. A veces he sido muy, muy del Barça, pero no soy un religioso, soy un laico. Si viviera en Buenos Aires sería de Boca Juniors. No lo llevo marcado a fuego en el corazón. Mi hijo, por ejemplo, si pierde el Barça se lleva un gran disgusto. Yo procuro ir a disfrutar, no a pasarlo mal. Con Rafa Nadal sí que soy un poco religioso: si pierde, lo paso mal. 

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