FC Barcelona
El calvario de Luis Aragonés, con copa y motín, en su etapa en el Barça
El sabio de Hortaleza dirigió al FC Barcelona la temporada 1987-88 en un curso marcado por la rebelión de la plantilla en el Motín del Hesperia

Vintage Marcet / Sport
Llegó con 49 años al banquillo del Barça. Se había ganado a pulso un gran prestigio ya que había dirigido durante once temporadas al Atlético de Madrid conquistando cinco títulos.
Luis Aragonés suplió en otoño de 1987 a un Terry Venables que después de ser campeón de liga y subcampeón de copa fue a menos de manera radical.
El sabio de Hortaleza aterrizó en un vestuario muy numeroso con una base de jugadores veteranos y un Schuster desgastado que sabía que finalizaba aquella temporada su etapa en el Barça.
Una solución de prestigio
Luis escogió a Charly Rexach como segundo entrenador y apostó por Ángel Vilda (padre de Jorge Vilda) como su hombre de confianza para la preparación física. Su estilo futbolístico se basaba en el contragolpe y sus ideas estaban lejanas a las que le consagraron muchos años después como campeón de la Eurocopa en el 2008 con un estilo basado en el modelo futbolístico del Barça.

Luis Aragonés dirigió al Barça en el curso 1987-88 / Josep Maria Arolas
Problemas extradeportivos
Aragonés pasó un calvario personal en el Barça e incluso se ausentó dos semanas de su trabajo diario a causa de una depresión.
Los jugadores estaban con él porque lo consideraban un entrenador cercano y muy justo. Su trato era igual con los cracks que con los suplentes en una época en la que la mayoría de técnicos destacaban por centrarse en el trabajo con los titulares ignorando al resto de la plantilla.

Luis Aragonés dirigió al Barça en la tremporada 1987-88 / Josep Maria Arolas
Un gestor único
En una charla táctica Aragonés se dirigió a Schuster en estos términos: "Míreme a los ojitos, usted va a hacer lo que yo le diga". No era una cuestión populista ni de postureo. Luis Aragonés era así. Hablaba a los jugadores de usted pero se sentía uno más desde que pasó de jugador a míster del Atlético en una misma temporada.
Su cercanía con los jugadores era total, les exigía mucho pero los respetaba y en sus declaraciones públicas nunca los criticaba en una época donde los técnicos no conocían todavía el lenguaje políticamente incorrecto y se solían expresar sin tapujos en las ruedas de prensa.

Luis Aragonés con Rexach, Salva García Puig y Corbella / Josep Maria Arolas
Charlas posteriores con Eto'o y Reyes que se convirtieron en virales eran habituales en aquella época pero la diferencia es que no trascendieron. Luis sorprendía por su aspecto desaliñado y una manera de actuar que dejaba evidente que no vivía su mejor época en lo personal. Los jugadores de esa época nunca llegaron a imaginar el recorrido posterior de Luis en los banquillos ya que en aquel curso se le notaba muy desgastado en lo anímico.
La copa fue la salvación
En lo futbolístico el Barça fue superó en la UEFA al Os Belenenses, Flamurtari y Dinamo de Moscú pero cayó en cuartos contra el Bayer Leverkusen que acabaría ganando en los penaltis la final contra el Espanyol de Clemente. En la liga, el equipo malvivía en la zona media de la clasificación con un Camp Nou semivacío cansado de no disfrutar ni de buen juego ni de resultados positivos. El equipo acabó el curso 1987-88 en una sexta plaza que le hubiera dejado fuera de las competiciones europeas si no es por la copa del rey.

Luis Aragonés escogió a Rexach como su ayudante / Josep Maria Arolas
Ganar la copa fue el gran logro de Luis en su convulsa etapa blaugrana. Además del Espanyol de Clemente, se enfrentó a los modestos Murcia y Castellón hasta plantarse en las semifinales. Osasuna no lo puso fácil. Era el equipo dirigido por Zabalza con jugadores como Pizo Gómez y Bustingorri y una delantera de nivel con Goikoechea, cedido por el Barça, y Michael Robinson. En la ida, empate sin goles en Pamplona pero en el Camp Nou el futuro portero barcelonista Juan Carlos Unzué encajó tres tantos.
La final sería contra la Real Sociedad de Toshack en la que jugaban los futuros blaugranas López Rekarte, Txiki y Bakero. Los donostiarras habían goleado al Real Madrid en las semifinales y se plantaron como favoritos en la final. El barcelonismo no estuvo al lado de su equipo y solo cinco mil culés viajaron a Madrid. En un partido práctico pero muy poco espectacular Alexanko marcó un gol que, además de un título, evitó que el Barça se quedara por primera vez en la historia fuera de las competiciones europeas.

Luis Aragonés ganó un caopa del rey con el Barça / Joan Ignasi Paredes
El motín del Hesperia
La plantilla se creció y provocó una de las crisis más bestias de la historia del Barça con el Motín del Hesperia. Un mes después de ganar la copa, los jugadores pidieron la dimisión del presidente Josep Lluís Núñez a causa de un conflicto causado por cuestiones fiscales de los contratos de los futbolistas. Luis Aragonés había recibido una oferta de la directiva para renovar pero el Zapatones estuvo al lado de sus futbolistas y dio la cara por ellos aunque eso le costara su continuidad en el Barça.

Luis Aragonés apoyó a los jugadores en el motín del Hesperia / Zoltan Czibor
La postura solidaria de Luis con la plantilla provocó que Núñez diera un cambio radical en su idea y se avanzase a la oposición apostando por Johan Cruyff como entrenador. Si Luis se hubiera posicionado con la directiva, la historia moderna del Barça podría haber dado un giro radical.
Después de una temporada sin trabajar, Aragonés ejerció de técnico dos décadas más entrenando en dos etapas más al Atlético y pasando por numerosos banquillos históricos. Espanyol, Sevilla, Valencia, Betis, Oviedo y Mallorca fueron sus destinos antes de triunfar como seleccionador español. Luis nunca sufrió tanto como cuando fue el 'míster' del Barça.
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