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FC Barcelona

El Barça es una ruleta rusa

El equipo sobrevive a las dudas alrededor de su juego sin un solo rasguño y muy vivo en todas las competiciones

Olmo, Lewandowski y Lamine Yamal, en el Celta - Barça

Olmo, Lewandowski y Lamine Yamal, en el Celta - Barça / VALENTÍ ENRICH

Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Javier Alberola Rojas echó la moneda al aire. Esa fue la metáfora con la que se puso en marcha en Vigo un partido que ambos equipos se jugaron a los chinos, a los dados, a piedra, papel, tijera... Lo que más les guste porque el Barça, hoy, es una ruleta rusa. Vivir o morir parece depender, exclusivamente, de la fortuna. Esta vez, en Balaídos, cuando el equipo de Flick apretó el gatillo, del cañón del revólver salió una moneda que cayó sobre el césped dando vueltas sobre sí misma para acabar mostrando su lado más perseguido.

Fue un alivio para una plantilla que en las últimas semanas sobrevive mucho más de lo que disfruta, pero que mantiene sus constantes vitales intactas en todas y cada una de las competiciones en las que participa. De hecho, sus dos últimas salidas en la Liga se habían saldado con derrota, una de ellas en el Santiago Bernabéu y, sin embargo, el líder se marcha al parón internacional con una distancia menor de la que tenía cuando se acabó el Clásico. El Real Madrid no solo lucha contra el Barça, sino también contra un relato, el suyo, que los datos discuten con frialdad y sin despeinarse. Pero esa es su guerra, no la del conjunto que dirige Flick, cuya pelea también se libra contra la mejor versión de sí mismo.

Lewandowski celebró tres goles en Balaídos

Lewandowski celebró tres goles en Balaídos / Valentí Enrich

Y es que en Vigo, como en Brujas, como en cierta manera también en Montjuïc ante el Elche, el Barça se echó en manos de la incertidumbre que supone atacar a tumba abierta sin red de seguridad. El primer tiempo fue una oda al caos, al bipolarismo, a la ludopatía salvaje, con un torrente ofensivo imparable acompañado de un sistema defensivo débil e imperfecto. El Celta, también el Celta, supo exactamente cómo hacer daño y lo hizo. Una vez tras otra ante la desesperación de Flick en el banquillo.

El Barça del primer tiempo era conducir a ciento cincuenta por una calle llena de semáforos en rojo, pero el equipo llegó al descanso sin rasguño alguno, lo que le permitió respirar hondo, calmarse y jugar una segunda mitad completísima, sin prácticamente fisuras, en la que solo se anotó un gol a la salida de un córner, pero no se encajó ninguno y, la mejor noticia, se concedió muy poco.

Lamine celebra el tercer gol del Barça en una noche frenética

Lamine celebra el tercer gol del Barça en una noche frenética / VALENTÍ ENRICH

Fueron 45 minutos muy sólidos, con un Barça maduro, consciente de lo que tocaba en cada momento, que se guardó los dados y las monedas en el bolsillo y usó el cerebro para superar a su rival. Fueron dos caras de un mismo plan, pero el segundo ejecutado con precisión. La mejor noticia no fue salir a tres puntos del líder, sino reencontrar el camino que lleva hacia el éxito.