Contra el Athletic y contra todo...

El infortunio, un penalti fallado por Zabalo y las lesiones dejaron al Barça sin opción

Pese a la derrota, el presidente Coma recompensó al equipo como si hubiera ganado

Nogués, meta azulgrana, en una arriesgada acción con el rojiblanco Chirri
Nogués, meta azulgrana, en una arriesgada acción con el rojiblanco Chirri | Mundo Gráfico

El Athletic, 12 años después, se desquitó de la final de 1920 y, en Chamartín, se impuso por la mínima a un veterano FC Barcelona que hizo suficientes méritos, como mínimo, para forzar la prórroga. Una frase de su entrenador barcelonista, Jack Greenwell, al final del choque fue el resumen de lo acontecido: “Toda la temporada hemos estado jugando mal y ganando partidos. Ahora que jugamos bien... perdemos”.

Todo fueron contratiempos para el equipo azulgrana en la final. El primero, la lesión de Ángel Arocha sobre los 20 minutos tras un encontronazo con Urquizu. A partir de ahí el canario, para no dejar a sus compañeros en inferioridad numérica pese a sufrir una distensión en la rodilla izquierda, siguió en el campo, aunque de extremo por banda izquierda tras permutar su posición con Pedrol.

Otro penalti clave

Poco después, en el minuto 34, otro golpe: Zabalo falló un penalti por manos de Roberto dentro del área tras un centro de Pedrol. El lanzamiento del defensa se le fue “a las alturas”, contó ‘El Imparcial’ de Madrid al día siguiente. El primer tiempo finalizó con el 0-0 inicial. Zabalo no dio crédito a su error: “¡De cada cien fallo uno, y el único que he fallado en la temporada ha sido este!”.

En la segunda mitad, más palos. Ahora, en forma de gol. Bata, de cabeza, superó a Nogués por alto para resolver un lío en el área barcelonista. El Barça, pese a las adversidades, siguió en la lucha, encerró al Athletic y dispuso de ocasiones para nivelar la contienda. Fue una lucha épica contra el tiempo, un rival sólido y rocoso y el infortunio. En la recta final Arnau, conmocionado, se negó a salir del campo pese a tambalearse y con lágrimas en los ojos... También Ramón acabó indispuesto, con fuertes dolores estomacales. Como se aseguró en la crónica del rotativo madrileño ‘La Época’, la táctica del Athletic, “ser más zorros que leones”, fue una de las claves de la final.

El Athletic, en cualquier caso, cantó el alirón y encadenó tres finales saboreando las mieles del triunfo. Y no sería la última. Habría una cuarta un año después (1933). Su entrenador, el inglés Fred Pentland, al que se le conocía como “Bimba y cachimba” por usar sombrero de hongo y pipa, sabía que con los triunfos sus muchachos, además de pasearlo a hombros, se divertían destrozando su bombín al tiempo que interpretaban aires vascos... El precio de la gloria.

El equipo azulgrana, pese a la derrota, fue recibido con todos los honores en el Apeadero de Gràcia al día siguiente sobre las 23 horas. El presidente Joan Coma anunció que “la junta quedó tan contenta del comportamiento de los jugadores que hemos acordado otorgarles el premio económico estipulado como si hubieran ganado el partido”.

Para llegar a la final el Barça apeó al Valencia (octavos), Donostia (cuartos) y Celta (equipo de Segunda División, semifinales). El Athletic al Real Unión de Irún, Alavés y Espanyol.

Ficha técnica

Campo: Chamartín (Madrid). 18.000 espectadores.

Athletic Club: Blasco; Castellanos, Urquizu; Uribe, Muguerza, Roberto; Lafuente (c), Iraragorri, Bata, Chirri y Gorostiza.

FC Barcelona: Nogués; Zabalo, Alcoriza; Martí, Guzmán, Arnau; Piera, Arocha, Samitier (c), Ramón y Pedrol.

Árbitro: Pedro Escartín Morán (madrileño).

Gol: 1-0, Bata (m. 55).

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