Así encontró Rafinha su felicidad en Milán

Así encontró Rafinha su felicidad en Milán

Rafinha marcó uno de sus goles de la presente temporada ante el Inter | Mediapro

El blaugrana volverá a jugar ante el Inter, un club en el que se integró de forma fulgurante

Vivía en el centro de la ciudad y no se separaba de su guitarra, ni tan siquiera en la ciudad deportiva

Rafa Alcántara se medirá este martes al Inter, un club en el que solo estuvo seis meses como cedido, pero en el que se sintió como en casa desde el primer día. Su adaptación fue casi inmediata tanto al equipo como a la ciudad. El jugador además logró el objetivo colectivo de ayudar a su escuadra a clasificarse para la Champions League con una espectacular victoria en la última jornada ante la Lazio en Roma, pero el Inter no ejerció la opción de compra y el futbolista regresó a Barcelona.

Rafinha llegó a Milán en enero y pidió vivir en el centro de la ciudad. Mientras muchos de los jugadores residen en Como, el brasileño eligió un sitio mucho más bullicioso que le permitiera palpar de cerca la forma de vida italiana. Le gustaba pasear por la plaza del Duomo o distraerse por el barrio de Navigilia, conocida como la Venecia de Milán. Vivir en el centro significaba un largo trayecto de 45 minutos hasta la ciudad deportiva, pero se sentía más cómodo mezclado entre el resto de la población que apartado en la burbuja de un barrio residencial.

En realidad, Rafinha tampoco tenía mucho tiempo para visitar Milán. El Inter fijaba largas horarios de trabajo, en las que incluían que los futbolistas debían comer en la ciudad deportiva y pasar también parte de la tarde en sus instalaciones. Además, cuando llegaba a casa seguía trabajando con un fisio y un preparador físico."Llevaba una vida de soldado", decía a sus amigos cuando le preguntaban por su estancia en Milán. Rafa tiene un hobby que no abandonó ni en las horas de desconexión en Milán: tocar la guitarra. El futbolista no se separa de ella nunca, incluso se llevó una pequeña que tiene de viaje y también la disfrutaba en las horas libres en el recinto de entrenamiento interista o en los desplazamientos.

El jugador seguía una forma vida sencilla, pero agradecida en Milán. De casa, a la ciudad deportiva y algún paseo por el centro. En casa tenía una mesa de billar y una mesa de ping pong y organizaba algunos campeonatos entre los amigos para distraerse. Seguro que también allí quería ganar siempre.

Además, y como atractivo principal, era protagonista en el equipo y pieza clave. La decisión del Inter de no ejercer la opción de compra le dolió, pero ya ha pasado página y prefiere quedarse con el buen recuerdo de su corta etapa interista.