Un año de silencio en el Camp Nou

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Este domingo se cumple un año del último partido jugado por el Barça con público ante la Real Sociedad

Los negocios de la zona están acusando la crisis provocada por no contar con los culés en los aledaños

El Camp Nou renueva su césped | FC Barcelona

El 7 de marzo de 2020, 77.035 espectadores vieron desde la grada del Camp Nou cómo Leo Messi marcaba de penalti el único gol del Barça-Real Sociedad, el último partido disputado con público en el Estadi. El coronavirus ya era uno de los temas recurrentes en cualquier conversación, pero ni uno solo de aquellos socios y aficionados imaginó entonces que aquel sería el último partido que verían en vivo hasta el día de hoy, un año después.

El fútbol también se vio obligado a parar hasta encontrar la manera de arrancar de nuevo, aunque ya sin aficionados, amputando al espectáculo aquello que le da sentido. 365 después de echar el candado al Camp Nou, solo operarios, miembros de seguridad y algunos periodistas acompañan a los futbolistas cada vez que el Barça juega en casa. El resto deben conformarse con ver el fútbol a través de la televisión, cuya retransmisión trata de emular el ambiente real previo a la pandemia, una gran aunque necesaria mentira para que el balón pueda seguir rodando y, de paso, lo haga también el negocio del que tanta gente se nutre. Las consecuencias económicas de cerrar el Camp Nou han sido muy graves para el club, pero también para todo aquello que rodea ‘un dia de partit’.

Romper el silencio

El ambiente que genera la afición culé, salvo en las grandes citas, no es el más caliente ni ruidoso del fútbol europeo. La Grada d’Animació es la única zona que nunca falla, sin importar cuál sea la competición o el rival que visite el Estadi. El resto de la grada suele ser más fría y se enciende de forma intermitente, pero hoy todo ello se echa de menos porque lo único que rompe el silencio durante un partido son los gritos de los futbolistas, las instrucciones de los técnicos y los altavoces que intentan aportar normalidad cantando las alineaciones o i nformando de los cambios. Nada más. 

La pandemia permite comprobar cómo Ter Stegen no calla durante los noventa minutos o Piqué ejerce de líder mandando desde la defensa, pero nada compensa la falta de aficionados. Es fácil pensar que muchos de los resultados irregulares de cualquier equipo, también el Barça, son consecuencia de la rareza de jugar sin público. Y, pese a todo, quienes peor lo están pasando son aquellos a los que los partidos en el Camp Nou les aportaba los ingresos para vivir.

Horas más lentas

Las taquillas están cerradas, así como la FCBotiga, el Museo o los locales de restauración. Los exteriores del Estadi son un desierto y, pese a ello, un pequeño grupo de la empresa externa de seguridad que trabaja para el club cumple con su jornada diaria: “Las horas pasan más lentas”, describe uno de ellos, pendiente del acceso 14, en la Avenida de Arístides Maillol. “Hay ganas de que vuelva la gente porque esto está muy triste”, asegura. 

Él, pese a todo, es uno de los afortunados que mantiene su trabajo. Quienes viven de la restauración o trabajan veniendo camisetas no han tenido tanta suerte. Tampoco pasan su mejor momento los establencimientos cercanos al Estadi. 

Pendiente de deshaucio

La calle de la Riera Blanca conecta Collblanc con el Camp Nou, sirve de frontera entre Barcelona y L’Hospitalet y es una arteria clave y llena de vida siempre que el Barça juega en casa. O lo era porque hoy es una calle ancha y apenas sin alma. Mohammed Arshad regenta el ‘Bread Market’, un establecimiento situado en la zona que pertenece a L’Hospitalet, la más transitada los días de partido porque quienes llegan en metro salen en masa de la estación de Collblanc dirección al campo. 

Llevo seis meses sin pagar el alquiler, solo pago luz, agua y la seguridad social, nada más”, se sincera.Su establecimiento vende camisetas, recuerdos para turistas y latas de refrescos: “Un día de partido sacaba para pagar un mes de alquiler. Ahora no puedo. Si no vuelve el fútbol (con aficionados), supongo que me obligarán a cerrar”. Una pelea a contrarreloj pendiente del virus y de quienes mandan. 

Pérdidas

Yosvany es cocinero de ‘El Cargolet’, punto de encuentro antes y después de los partidos para muchísimos aficionados. Famoso por servir cenas cerrado el Camp Nou sin importar la hora de partido, ”ahora solo abrimos por la mañana y al mediodía. Antes cerrábamos cuando se iba el último cliente”, asegura Yosvany, que explica que “no hay trabajo para todos y muchos están en ERTE”. 

Las tiendas de los alrededores del Camp Nou están sufriendo

| Javi Ferrándiz

Àngels Reyes está al mando de la bombonería ‘Milàngels’. Su situación no es tan extrema porque “nuestro producto no está tan relacionado con los días de partido, pero la verdad es que hemos perdido un 30% de la facturación”, explica. 

Acostumbrada a abrir los sábados cuando el Barça jugaba en el Camp Nou, ahora no tiene más remedio que bajar la persiana: “Es un poco triste todo”, reconoce mientras observa una calle desierta que languidece observando cómo, un poco más arriba, el Camp Nou ha dejado de rugir. Lo único que se escucha es el crujido del cemento.  

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