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Aleñá viaja con el Barcelona a Valencia

Luis Enrique, junto a Aleñá en un entrenamiento
Luis Enrique, junto a Aleñá en un entrenamiento | sport

Aleñá ha sido la solución de emergencía de Luis Enrique para completar la lista de convocados del Barcelona que viaja a Valencia para jugar este sábado en Mestalla. Las bajas de última hora de Rafinha y Arda Turan han obligado al técnico asturiano a echar mano del Barcelona B. Pese a que el de Mataró figuraba en la lista de Gerard López para recibir al Sabadell en el Mini Estadi, finalmente será uno de los dieciocho futbolistas que se desplacen hacia tierras valencianas. Esta es la segunda vez que entra en una lista y, casualmente, con el mismo destino. La primera vez fue en febrero de este mismo año, en la vuelta de semifinales de Copa. En aquella ocasión no pudo debutar. Carles Aleñá llegó al fútbol base blaugrana con ocho años, procedente del Valldemia de Mataró. 

Ivan San Antonio

Su padre se llama Francesc Aleñá y fue futbolista. Jugó en muchos equipos, la mayoría catalanes como el Granollers, el Sant Andreu, el Lleida o el Mataró. Pero también militó en el Xerez, el Elche o el Mallorca B. Lo que se dice un trotamundos. Todo lo contrario que su hijo Carles, que empezó jugando en casa, siguió en el club del colegio, el Valldemia, de los Maristes de Mataró, y a los 8 años fichó por el Barça. Ahí sigue, ahora ya con 18 años en el Barça B, muy cerca del paso definitivo. Más de media vida de blaugrana.

Aleñá nació el 5 de enero de 1998, durante la primera temporada de Rivaldo en el Barça. Cuando Rivaldo se marchó al Milan, solo tenía cuatro años, pero el brasileño marcó a aquel niño, tanto que se enfadaba si le llamaban por su nombre: “No me llamo Carles, me llamo Pivaldo”. Aún no pronunciaba bien según qué consonantes, pero tenía claro que quería ser futbolista. Ese es un deseo que le ha acompañado toda su vida. 
Cuando Jordi Condom, que entrenaba al benjamín blaugrana, lo vio jugar en Mataró, quiso ficharlo.

La maquinaria se puso en marcha y Aleñá inició un periodo de ocho años viviendo en un taxi, el que le llevaba del colegio a la Ciutat Esportiva y de la Ciutat Esportiva de vuelta a casa. Allí estudiaba, reía, dormía y descansaba para, al día siguiente, volver a empezar. Sus padres lo han machacado siempre con una idea: “La prioridad es estudiar, está bien que quieras ser futbolista, pero estudiar te dará seguridad”. Carles responde con resultados en clase y sobre el césped. Es buen estudiante y buen futbolista.

Quiso ser Rivaldo y empezó jugando de extremo zurdo. Con el tiempo retrasó su posición y acabó de interior, desde donde explota todas sus virtudes: visión de juego, llegada, buen disparo y, desde hace algunos, años, capacidad física. Era pequeño, pero se hizo grande. Mide ya 1,80 centímetros y aún puede ganar algo más de altura. Un interior zurdo con todas las virtudes de los ‘bajitos’ que además es potente por arriba. Esta temporada es titular indiscutible en el Barcelona B de Gerard López.

Ni él ni su padre, que es quien mejor conoce el mundo del fútbol, tienen prisa. Aleñá se ha fijado mucho en las carreras de Xavi e Iniesta y reconoce en ellos la virtud de la paciencia. Para triunfar en este deporte y hacerlo en el Barça es imprescindible el talento innato con el que cuenta, pero también saber esperar el momento y, cuando éste llega, aprovecharlo. En la mentalidad de Carles no entran las prisas, sino la cocción lenta y segura que da vivir en La Masia. Ofertas no le faltan para correr en Inglaterra, pero él prefiere el blaugrana. Y el sueño del debut cada día está más cerca.

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