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Abramovich: 16 títulos... y 1.600 'kilos' en fichajes

El próximo mes de julio se cumplen quince años del desembarco del millonario ruso en el Chelsea, club por el que abonó 165 millones de euros

Asumió una deuda cercana a los 100 millones. Su modelo ha triunfado, sin duda

Abramovich ha conseguido en quince años poner al Chelsea entre los mejores equipos de fútbol del planeta
Abramovich ha conseguido en quince años poner al Chelsea entre los mejores equipos de fútbol del planeta | AFP

En el año 2003 solamente había un club de fútbol inglés en manos de inversores extranjeros, el Fulham, comprado por el millonario egipcio Al Fayed, entonces propietario de los famosos almacenes Harrods.

Sin saber muy bien de dónde procedían él y su fortuna, un hombre de negocios ruso asociado a la industria del petróleo llamado Roman Abramovich, compró las acciones del Chelsea. Primero las del entonces propietario Ken Bates y en las semanas sucesivas al resto de accionistas, hasta pagar un total de 140 millones de libras esterlinas, más de 160 millones de euros.

Nunca se ha sabido qué motivó a Abramovich a fijarse en el Chelsea y no en otro club, porque durante este tiempo, quince años más, solo ha concedido una entrevista a una televisión rusa, pero nunca en medios oficiales de la entidad. Celoso de su intimidad y de su seguridad privada hasta extremos obsesivos, se cuenta en Londres que incluso para hacer un trayecto de 200 metros usa siempre su coche blindado.

El esfuerzo económico de Abramovich para transformar al Chelsea en todos los sentidos estuvo acompañado de la asunción de otros 80 millones de libras de deuda, que terminó de pagarla en 2008. Desde ese año el Chelsea no tiene deuda externa. La entidad entró en beneficios por la actividad recurrente del club en junio de 2011.

Modelo de éxito

Nadie puede poner en tela de juicio que el modelo de club de Abramovich ha triunfado y, además, le ha enseñado en camino a otros muchos millonarios que han seguido sus pasos.

El oligarca ruso, afincado en Londres, puso su primer proyecto en manos de José Mourinho, el entrenador de moda después de haber ganado la Champions League con el Oporto. Con Mourinho en Stamford Bridge, el Chelsea acabó con una sequía que duraba ‘¡cincuenta años!. Volvió a conquistar la Premier League y a clasificarse para la Copa de Europa, la Champions.

De la misma forma que no regateó a la hora de pagar 300 millones de euros por hacerse construir el ‘Eclipse’, el yate más largo del mundo, o para adquirir un avión Boeing 767, tampoco lo ha hecho para fichar todo lo que le han pedido sus entrenadores.

Sin duda, el momento culminante de su obra acaeció el 19 de mayo de 2012 cuando, contra todo pronóstico, conquistó su ansiado título: la Champions League. Eliminó en semifinales al Barça de Pep Guardiola y en la final al Bayern Munich, que jugaba de anfitrión en el Allianz Arena. Y lo hizo con un entrenador de emergencia ya que el italiano Roberto Di Matteo acababa de sustituir al portugués Andre Villas-Boas.

Abramovich volvió a confiar en José Mourinho  en junio de 2013. Una segunda vida que terminó nuevamente en destitución a pesar de que con el ex técnico madridista se ganó la liga 14-15. 

Hoy en día el Chelsea es un modelo de negocio sostenible que se mantiene con su actividad ordinria. Es verdad que en los últimos años ha invertido mucho dinero en fichajes (60 millones de libras la temporada pasada por Morata, la cifra más alta en la historia del Chelsea), pero también ha vendido muy bien (60 millones por Oscar a China o 57 por Diego Costa al Atlético de Madrid).

Abramovich ha convertido al Chelsea en uno de los mejores clubs del mundo. Un modelo de éxito que, por ejemplo, aún no ha alcanzado el PSG.

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