15 años sin Sígfrid Gràcia

Dejó huella por su regularidad entre 1952 y 1966 y por su elevada calidad como persona

Puso todo su empeño para que la Fundació de la Agrupació fuera una realidad en 1995

Sígfrid Grácia con la camiseta del FC Barcelona, el club de su vida
Sígfrid Grácia con la camiseta del FC Barcelona, el club de su vida | EFE

El barcelonismo siempre estará en deuda con Sígfrid Gràcia Royo, un futbolista que destacó por su profesionalidad, sencillez, sobriedad y calidad humana. Ayer se cumplieron 15 años de su fallecimiento y el recuerdo que dejó entre los que lo conocieron y trataron sigue inalterable.

Con Gràcia, el 22 de mayo de 2005, durante un festivo Barça-Villarreal en el Camp Nou, se fue un jugador que trascendió el plano deportivo para entrar en el capítulo de leyenda por su orlada hoja de servicios, su devoción hacia los colores azulgranas y  tender siempre una mano amiga. 

Nacido en Gavà el 27 de marzo de 1932, empezó a jugar en la Penya Peques de su localidad natal con 12 años. El fútbol se le enganchó gracias a su hermano mayor, Miguel, que llegó a ser portero del CF Gavà entre 1944 y 1946. En septiembre de 1949, con 17 años, ingresó en la SD La España Industrial, filial azulgrana, llegando al equipo amateur del Barça el curso 1950-51.

Pasó después al primer equipo de los industriales en calidad de cedido (1951-52) y en el ejercicio siguiente, 1952-53, ya debutó con el FC Barcelona (14 de septiembre de 1952) en la primera jornada de Liga (Barça-Deportivo). En los dos siguientes cursos (1953-54 y 1954-55) alternó actuaciones con los mayores y con la SD La España Industrial, en Segunda.

Indiscutible

A partir del ejercicio 1955-56 pasó a ser indiscutible, un fijo en el lateral izquierdo del Barça. En esta demarcación destacó por su regularidad, rapidez, sentido de la anticipación y una voluntad y entusiasmo que no conocían límites. Pese a empezar como interior y jugar en ocasiones de extremo o volante, se adaptó a la nueva posición con gran humildad. “Me gustan todos los puestos por igual. La cosa es jugar”, decía.

Sirva como ejemplo de su seriedad y disciplina una de las anécdotas que explicaba el propio Gràcia: “H.H., extremadamente meticuloso, hacía llevarse una balanza en todos los desplazamientos para pesar a la plantilla antes y después de los partidos. Para asegurarse de que no estaba estropeada, el Mago siempre me hacía pasar a mi primero. “Si marca 70 kilos, funciona”, decía. Yo siempre estaba en su peso ideal”.

Entre la temporada 1955-56, con Ferenc Plattkó en el banquillo, y la 1962-63, con Kubala primero y Gonzalvo después, fue intocable. La banda izquierda era suya. Su sentido común y anhelo de jugar el siguiente partido como si fuera el primero lo sostuvieron en primera línea ocho años. Y amasó un palmarés envidiable: 3 Ligas, 4 Copas, 3 Copas de Ferias y una Copa Eva Duarte. Fue internacional por España en 10 ocasiones (jugó el Mundial de Chile 1962) y por Catalunya en dos.

Gràcia, en una charla que ofreció para hablar de la Fundació de la Agrupació en el año 2000 | PACO LARGO

Una defensa de ensueño

Con Ramallets en el marco y Olivella Rodri como compañeros de línea, integró una de las zagas más gloriosas del FC Barcelona. Y de casa. Fue la menos goleada en los campeonatos 1958-59 y 1959-60 y, en el Camp Nou, esa defensa no concedió ninguna derrota. Es más, ese Barça ganó todos los partidos de Liga (15+15) en el coliseo culé.

El Barça le dispensó dos homenajes. El primero el 28 de junio de 1966 junto a Gensana, Kocsis y Rodri y, el segundo, el 12 de octubre del mismo año, junto a su amigo del alma, Martí Vergés. Tras la retirada de Segarra, pasó a ser capitán del equipo (1964-65).

Si su mayor alegría era defender los colores del Barça día a día, la decepción de su vida deportiva fue la derrota en la final de la Copa de Europa de 1961, contra el Benfica. Mantuvo que “la suerte nos dio la espalda” porque ese partido lo recordó siempre como “uno de los mejores que jugué en mi carrera”.

Y del Mundial de Chile de1962 rescataba la anécdota del marcaje al endiablado Garrincha. En la primera acción con el brasileño sufrió un tirón y tuvo que infiltrarse: “Lo pasé fatal, pero acabé por frenarlo”. Antes, en 1959, vivió dos días históricos: el 24 de mayo, cuando el Barça ganó 0-6 al Betis “sin bajar del autocar”, como dicen que dijo H.H. y el 25, fecha en la que nació su primer hijo, también Sígfrid

Gràcia (izquierda) con Joan Gaspart y Josep Seguer, en un acto de homenaje en el Camp Nou en 2002 | VALENTÍ ENRICH

Comprometido

Tras colgar las botas, fue un activo miembro de la Agrupació, ejerciendo todos los cargos menos el de presidente. En una cena en el RCT Barcelona, con VergésOlivellaGensana Rovira, recogieron el guante lanzado por el vicepresidente Gaspart de crear la Fundació de la Agrupació para ayudar a los exjugadores sin los mínimos medios.

La entidad vio la luz en mayo de 1995 después de una dedicación exclusiva del equipo anteriormente citado. Gràcia, junto a Rovira, recorrió kilómetros y kilómetros por Catalunya en busca de fondos por insignificantes que fueran, poniendo su automóvil privado y pagando el combustible de su bolsillo. Y llegó a decir que si no eran capaces de poner la Fundació en marcha, él pagaría los gastos que ocasionaba abrir el proceso.

Otra muestra de su compromiso y servicio, anterior al de la Fundació de la Agrupació, es el que mantuvo con su ciudad natal, Gavà. Primero participando en los partidos de la Festa Major con el CF Gavà y, después, con el Ayuntamiento, del que fue Teniente de Alcalde entre 1971 y 1974. También ejerció puntualmente como Alcalde accidental en 1977 y 1978. Su segundo hijo, Óscar, jugó en el CF Gavà.

Y en el estadio Municipal de La Bóbila, en septiembre de 2010, se inauguró una escultura de su busto. Trabajó muchos años en la casa Roca y, como empresario, exploró los negocios de la construcción y del transporte. Gràcia falleció la noche del domingo 22 de mayo de 2005, a los 73 años, en el Hospital Sagrat Cor de Barcelona tras una larga enfermedad. El Camp Nou, por cerrar la temporada oficial ese mismo día, no pudo tributarle el respetuoso minuto de silencio que merecía.

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