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El CB Canarias, del Vell Congost al Roig Arena

Se estrena este domingo La Laguna Tenerife en el Roig Arena. Un pabellón más en su particular lista en sus más de 20 cursos en ACB. Una instalación de vanguardia que nada tiene que ver con los recintos con los que lidiaron los aurinegros a principios de los 80

Imagen exterior del Roig Arena

Imagen exterior del Roig Arena / Valencia Basket

Carlos García

Santa Cruz de Tenerife

Casi 3.500 espectadores apretujados pese a que su aforo oficial no superaba los 2.200. Una niebla que casi ocultaba un techo en forma de cúpula... a causa del humo del tabaco. Y un acceso al vestuario, para los jugadores, técnicos y árbitros, por medio de un túnel al que se accedía... subiendo a la grada de uno de los fondos. Así fue el primer contacto del CB Canarias con un pabellón en la élite en el año del estreno de la Liga ACB.

Sucedió el 11 de septiembre de 1983 con motivo de la visita aurinegra al denominado en aquel entonces Ebro Manresa (89-74). El recinto en cuestión era el Congost, pero no el actual, sino el Vell (viejo) Congost. Un pabellón inimaginable en la actualidad dentro de la Liga ACB, pero que no difería mucho de otros tantos de la categoría en el primer año de existencia de la competición. El propio Juan Ríos Tejera guardaba alguna que otra similitud con el recinto del Bages.

Ahora, aquel Vell Congost, separado solo por el parking del Nou Congost, sirve de preparación del Egiba, destacado club de gimnasia artística a nivel nacional. Reconversión para seguir siendo útil. Como le sucedió a numerosos pabellones por los que ha pasado el cuadro lagunero.

Instalaciones míticas

En sus primeros cursos en la máxima categoría del basket nacional el CB Canarias pasó por instalaciones casi míticas, como el Pisuerga (Valladolid), el Municipal de Huesca, el Municipal de León, Anoeta en San Sebastián (para medirse al Askatuak)... Pero también por otros recintos de menor enjundia y que con el tiempo volvió a pisar en contadas ocasiones. Algunos casos son el Pavelló de las Franqueses, donde jugaba el Cacaolat Granollers; el Complejo de L’Hospitalet Nord; el Municipal de Santa Coloma de Gramanet, sede del Licor 43; o el Municipal Barcelona Montjuic, fortín del IFA Español.

En esa lista se podrían incluir pabellones como el Palau Sacosta (allí se las vio varias veces contra el anterior Girona), el Virgen del Val (Cajamadrid), el municipal de Collado Villalba y hasta el Pazo Paco Paz de Ourense.

El infierno de Albolote

También jugó el CB Canarias como visitante en la Isla, en sus duelos contra el Tenerife Nº1 que tuvieron lugar en el Palacio de los Deportes de Santa Cruz. Igualmente le tocó visitar al club lagunero el José Antonio Murado de Albolote, donde el Granada (ahora como local en el Municipal de su ciudad) logró generar uno de los ambientes más calientes de la historia de la categoría, con aficionados casi dentro de la cancha e incluso en contacto físico con rivales y colegiados. Tanto, que el recordado Drazen Petrovic lo llegó a catalogar como «el peor pabellón del mundo». Eso sí, en la visita de la 89/90 al recinto nazarí, según rezan las fichas de la web oficial de la ACB, solo acudieron 300 personas. Y el Canarias aprovechó esa inusual paz en tan particular infierno para ganar: 62-71.

Un lugar fijo

Hay casos, igualmente, de equipos a los que la entidad ahora presidida por Aniano Cabrera siempre visitó, tanto antaño como en estos ejercicios más recientes, en el mismo pabellón pese a que dichos equipos llegaron a variar de domicilio entre medio. Algunos ejemplos son los del Barça y el Palau Blaugrana; el Estudiantes y el Real Madrid con el Movistar Arena; el Breogán y el Pazo dos Deportes de Lugo; o los diferentes representativos del basket sevillano, que siempre (salvo un partido puntual, mudándose al Pabellón de Amate), jugaron en San Pablo.

Pero en estas dos etapas tan marcadas en ACB, la primera entre 1983 y 1991 (siete temporadas) y la actual (desde 2012), el CB Canarias ha visto como no solo el Manresa, sino la mayoría de sus rivales promocionaban a mejores instalaciones, tanto para adecuarse a la normativa, como para atender a la creciente demanda de sus aficiones. Como le ocurrió al propio club aurinegro, que acabó mudándose del Juan Ríos Tejera al Santiago Martín... encontrándose ahora a la espera de que aparezca otro Arena que supere con creces los 5.000 espectadores de aforo.

Misma ciudad, otra sede

Así, las primeras visitas canaristas al Joventut se produjeron al Pavelló d’Ausias March (llegó a albergar una Copa del Rey en 1985) antes de marcharse la Penya al Olimpic. Al actual Baskonia, el cuadro lagunero lo visitó primero en Mendizorroza, cuando se hacía llamar Caja Álava, antes de llegar al Buesa Arena. Igualmente en el País Vasco, el Canarias pasó de jugar ante el Bilbao en el mítico La Casilla a hacerlo en Miribilla.

En Zaragoza, y frente al anterior CAI, el Canarias pasó, en la 90/91, del Municipal de Deportes al Príncipe Felipe, el mismo que utiliza ahora el Casademont. La sede del Murcia fue otra de las que varió, pasando del Príncipe Felipe al vigente Municipal.

El Punta Arnela fue, por su parte, sede del primer partido a domicilio del Canarias contra el OAR Ferrol. El infausto descenso, en mayo de 1991, se produjo ya en A Malata. Mientras, mucho más cerca –geográfica y cronológicamente–, el Granca pasó del Centro Insular al Gran Canaria Arena. Un caso parecido, el del ahora Unicaja, que antes de la fusión recibió (como Maristas y Caja de Ronda) al Canarias en Ciudad Jardín para luego mudarse al Martín Carpena.

Ya en la etapa más reciente, al Canarias no le ha tocado variar mucho de pabellones en sus desplazamientos, si bien a otros lo ha hecho de manera esporádica o en un periodo limitado a lo largo de estos 14 años. En esa nómina entrarían el Poliesportiu D’Andorra, el San Sebastián Arena, el Coliseum Burgos, el Coliseum de A Coruña, el Municipal de Palencia, el Fontes do Sar (Santiago) o el Fernando Martín (Fuenlabrada).

46 pabellones

En total, 45 pabellones diferentes han sido por los que ha pasado en la élite nacional el CB Canarias desde aquel 11 de septiembre de 1983. La lista se amplía hoy con un estreno a lo grande. Quizá el más solemne que haya vivido, al menos en España, el cuadro lagunero. Y es que después de haber visitado La Fonteta en numerosas ocasiones (el curso pasado fueron tres), ahora el conjunto isleño debutará en el Roig Arena. Una instalación de vanguardia, multifuncional, y con capacidad para unos 15.600 espectadores. Barça, Burgos y Joventut ya hincaron la rodilla dentro de la ACB, mientras que en Euroliga solo el Hapoel Jerusalem, y en un partido que se jugó sin público en las gradas, ha podido salir airoso. Ser el primero en ganar y sentir el silencio de un recinto tan majestuoso podría ser una sensación indescriptible para el CB Canarias.

El tope de aficionados, los 17.289 en la F4 de Amberes

Con 15.600 espectadores –para conciertos la instalación del club taronja puede llegar a los 20.000–, el Roig Arena se ha convertido en el pabellón de la ACB con mayor aforo. De esta manera, la nueva casa del Valencia supera los 15.504 que posee el Buesa Arena de Vitoria, mientras que más atrás se quedan el Movistar Arena de Madrid (12.500) y el Martín Carpena de Málaga (11.300). Algunos pabellones más, como el Bilbao Arena y el Príncipe Felipe de Zaragoza también alcanzan las cinco cifras en lo que a capacidad se refiere.

Pero aunque hoy domingo el Valencia Basket alcance el lleno en su pabellón (el martes logró meter 14.982 aficionados ante el Real Madrid en Euroliga, frente a los 14.818 ante el Barça en Liga Endesa), no será la ocasión en la que el CB Canarias juegue ante más espectadores. Ese tope se produjo en la semifinal de la Basketball Champions League de la 18/19, celebrada en Amberes (Bélgica), y en la que el club isleño se impuso al anfitrión pese al aliento de los 17.289 seguidores que se dieron cita en un Sportpaleis, que podía haber llegado a los 18.500. Una atmósfera similar se pudo haber generado en la Final Four de la 23/24, celebrada en Serbia, si bien el Belgrado Arena –que este curso ya ha metido en dos ocasiones a más de 20.000 aficionados en sendos duelos de Euroliga– apenas llegó, en el mejor de los casos –el día de la final–, a una afluencia de un par de millares de personas.

Vía: El Día - La Opinión de Tenerife