Mary Keitany, la mamá de los pies ligeros

Carlos Galindo

Un nuevo palizón. Suena el despertador a las 4 de la mañana. ¡Jo...! Empieza a pesar el sueño... Ducha rápida ¿cuelgan los cables eléctricos y, a veces, producen pequeñas descargas¿, desayuno frugal y a los coches. A las 6.00 ya hemos llegado a nuestro punto de encuentro.

El cielo oscuro empieza a clarear. Nos apostamos a la entrada de la casa de Mary Keitany, primera clasificada en la maratón de Londres de 2011 y tratamos de abrigarnos del frío (unos 8 grados). Keitany es una de las grandes esperanzas del atletismo keniano para los próximos Juegos Olímpicos. Su casa es un pequeño fortín rodeada de muros y de una enorme puerta metálica. Es imposible acceder a su interior. Está bien protegida. Y además, cuenta con seguridad personal adentro (un cachas keniano que es un auténtico armario).

Poco después, se abre la puerta y ahí aparece ella, junto a su marido y entrenador, Charles Koech, que también fue atleta. Apenas nos cruzamos unos saludos protocolarios y empieza a correr como una descosida. Se aleja a toda velocidad persiguiendo a su marido, que le marca el ritmo. Los fotógrafos y los cámaras de televisión salen disparados hacia la pickup para buscar los escenarios adecuados donde captar las mejores imágenes. Nosotros seguimos a la atleta que se pierde en una curva extraña y ya no vuelve a reaparecer hasta pasados unos 40 minutos. Un par de horas más tarde, entramos en su casa (descalzos) y nos aprestamos a hablar con la protagonista.

Mary Keitany nos ofrece té. Nos sentamos a su alredor, junto a su hijo Jared Kipchumba, que nació a mediados de 2008 y tiene unos ojos grandes como platos. Keitany nos explica que antes de casarse con su marido convivieron juntos tres años, lo que no deja de ser una heroicidad en un país de profundas tradiciones machistas (y tribales). Se casó el pasado mes de diciembre “y asistieron a la boda más de dos mil invitados”, recuerda divertida. Su único objetivo es participar en los Juegos de Londres “y ganar la medalla de oro”. Tiene dos referentes: “Catherine Ndereba y Paul Tergat”. Recuerda que viene de una familia de granjeros “humilde, pero que confió en mí y me animaron a correr”. Admite que “cuando corro, pienso sobre todo en mi hijo; quiero que se sienta orgullosa de su madre”.

La casa está dividida en varias edificaciones. En la principal viven los tres, en una restante, la cocinera y en otra más pequeña, su guarda de seguridad. Además, hay una gran cuadra que da al campo donde pastan las vacas, signo de riqueza (o de pobreza, si se tienen pocos animales). Mary Keitany lleva una vida placentera “más importante que el dinero son los títulos y, por supuesto, las medallas olímpicas. Además, en Kenia el dinero tiene un valor relativo; nosotros corremos por otros motivos. Y siempre pensamos en nuestra comunidad, en los vecinos. Tratamos de ayudar a quien lo necesita”.

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