Correr, ¿moda o filosofía de vida?

Salir a correr ya no es de frikis, sino que mola. En España lo practican 2,5 millones de runners. Incluso los empresarios lo adoran. Se ha convertido en el nuevo golf; salen a hacer negocios mientras trotan por los parques. Son empresarios que corren todos los días; que viven al límite del estrés, pero que tratan de que ese estado de ansiedad no los atrape. Por estas paradojas de la vida a la hora de escapar de las obligaciones eligen un deporte en el que muchos admiten encontrar un claro reflejo de sus carreras laborales.

El running nació en los Estados Unidos hace unos 40 años (sobre 1970). Hasta aquí, nada nuevo en el horizonte. Lo que sí constituyó una novedad fue la dimensión que alcanzó esa práctica deportiva en el marco de una sociedad moderna, muy estresada, terriblemente individualista y competitiva. Se corría por los parques, en las calles, se corría a todas horas… 

Carlos Galindo

Correr ya es el deporte rey del “fashionismo” global que triunfa entre famosos y gente anónima. Actores y actrices de Hollywood, políticos, presidentes de gobierno, estrellas nacionales del cine, cantantes, gente de la cultura, como el gran escritor japonés Haruki Murakami y su libro ‘De qué hablo cuando hablo de correr’... 

Ahora, lo moderno es correr. Una ‘fiebre’ que empezaron los hombres y a la que inmediatamente se sumaron las mujeres, al principio andarinas y ahora ya sí, autenticas corredoras. Después se inició la gente de mayor edad, incluso los ancianos. Nacieron los carreras de 5, 10, 15 kilómetros, las media maratones, las maratones, las ultramaratones, ahora más recientemente las carreras de montaña… Hay carreras programadas en desiertos como el Sahara, el Gobi, en la gélida Alaska, en el Polo Norte, en Tierra del Fuego, en el Himalaya, en la Gran Muralla China, la subida al Empire State Building… Hay carreras para todos los gustos. Y ya no hablemos de las exóticas (Tokio, Patagonia, Tahiti, Hawai... por citar solo algunas). Por cierto, si quieren participar en las principales maratones del mundo, tomen nota. Son éstas: Berlín, Londres, Boston, Nueva York y Chicago. A nivel nacional, han subido como la espuma las de Barcelona, Madrid, Valencia, Sevilla y San Sebastián. Pero hay más, muchísimas más...

Lo que se anunció como una ‘fiebre’ rápidamente alcanzó tintes de fenómeno sociológico que ha sido investigado, analizado y ampliamente debatido por eminentes especialistas. La coincidencia es unánime: este deporte ha calado en la sociedad y se ha enraizado en las entrañas de los aficionados. Como no podía ser de otra manera, ese ‘boom’ también llegó a España. Tardó lo suyo pero, finalmente, recaló entre nosotros. Y no fue, precisamente, de la mano de unos Juegos Olímpicos o de unos Campeonatos del Mundo, ni siquiera de los éxitos de Fermín Cacho en Barcelona’92 o de los de Martín Fiz y Abel Antón. En estos momentos, más de 2.5 millones de personas corren en España y se contabilizan más de 3.000 carreras. No hay pueblo –por pequeño que sea- o ciudad de medio o gran tamaño que no cuente con un calendario de pruebas populares. 

La industria ha ‘olfateado’ el negocio y genera en nuestro país más de 300 millones de euros anuales, cifra que se dobla en dígitos año tras año, sobre todo, tras el inicio de la crisis. Las principales empresas (Nike, Adidas, Asics, New Balance…) se han lanzado a las calles a correr junto a sus clientes, así como un auténtico aluvión de patrocinadores. 

La mejor opción

¿Por qué correr? La respuesta no puede ser más sencilla: porque ningún otro deporte es más sencillo y barato que éste, sobre todo, en tiempos de crisis como el actual. Basta con tener a mano unas buenas zapatillas, un pantalón corto o una malla técnica, una camiseta, un pulsómetro… y ganas de superarse en cada carrera. El crono marca las diferencias, ese reto personal que todos necesitamos afrontar alguna vez en nuestras vidas. Correr es la mejor opción para ponerse en forma, para perder esos kilitos que se ponen en la cintura o en la barriga y que nos amargan la vida. La dieta ya no es suficiente sino se acompaña de ejercicio físico. ¿Y qué mejor opción que lanzarse a correr? Por lo demás, cualquier carretera, camino o parque puede ser el escenario perfecto para su práctica. No hacen falta instalaciones deportivas ni tampoco invertir mucho tiempo. Es muy fácil salir a correr sin planificación previa. 

Está demostrado cientificamente que el running mejora la frecuencia cardiovascular, fortalece y tonifica las piernas, previene las enfermedades coronarias... Pocas actividades dan tanto por tan poco. Además, correr actúa directamente sobre nuestro bienestar mental. Hace experimentar cambios reales y positivos en la vida de las personas y disminuye la ansiedad. Por fin, hace que uno se sienta bien consigo mismo y consigue que se segreguen endorfinas que se encargan de aplacar el dolor, disminuir la ansiedad y proporcionar felicidad. Por eso, correr es como una droga; una vez que se prueba, ya no se puede dejar. 

Los grandes damnificados por este auge imparable son los gimnasios, que en muchos casos imponían cuotas abusivas a sus socios y el servicio ofrecido no siempre estaba a la altura de la demanda. Pero es que la pasión por el running se ha convertido en algo que no tiene vuelta atrás porque los corredores, en su infinita sabiduría, han encontrado nuevos métodos para gozar de su práctica deportiva preferida. Así, correr, que siempre se había considerado un acto individual ligado al sufrimiento y a la agonía, ha pasado a convertirse en un deporte que se puede practicar en pareja, con uno o varios amigos, incluso en colectivo y que se celebra como una autentica fiesta grupal. Hay quien habla de filosofía; otros lo definen como una religión. Lo cierto es que la ‘soledad del corredor de fondo’ ya forma parte de la vida de cientos de millones de personas en todo el mundo.  

Según estudios realizados en España, la gente que practica esta modalidad tiene una edad media de 28 años, aunque cada vez son más los jóvenes que se adentran en este complejo mundo. En los últimos años, la ‘fiebre’ del running ha sido capaz de generar miles de puestos de trabajo tanto directos como indirectos. Además, las cifras son clarificadoras: en 1997 se vendieron en nuestro país del orden de 430.000 pares de zapatillas; en 2009, 1,1 millones y en 2013, algo más de 2,2 millones sin contabilizar en estas cifras a firmas de la magnitud de Decathlon o El Corte Inglés. Por cierto que su coste medio en 2007 era de 57 euros y en 2013 pasó a ser de 67. A esa partida de negocio, calculada en unos 152 millones de euros, hay que añadir la ropa, relojes –cada vez más sofisticados–, aplicaciones… 

Porque el practicante asiduo del running es un comprador eficaz, exigente, que valora la calidad por encima del precio, fiel al buen producto, generalmente muy bien informado y que sabe lo que quiere aunque aprecia en su justa medida  la experiencia y los conocimientos del resto del colectivo así como de la persona que le atiende en la tienda. Basta con darse una vuelta por cualquiera de las Ferias del Corredor que se organizan en España en víspera de las grandes maratones. Son escaparates gigantescos que superan con creces a la mayoría de Ferias que se organizan habitualmente en las más importantes ciudades. Así, para la próxima edición de la Maratón de Barcelona ya se ha anunciado que la Feria del Corredor se celebrará en el pabellón nº 8 de Fira de Barcelona, en un espacio  de 18.000m2 y se prevé la asistencia de más de 60.000 visitantes. 

En Asics España admitieron recientemente en las páginas de El Mundo que el año pasado habían crecido un 30% en total, un 40% en productos de más de 75 euros. Y la cosa es que todos reconocen que aún queda mucho camino por recorrer y que no se ha tocado fondo pese a que la competencia es feroz porque todo el mundo busca su cuota de mercado. Ningún otro deporte tiene más páginas web ni más blogs ni, por supuesto, blogueros. Cada corredor es, en sí mismo, una fuente inagotable de información. 

Un negocio total

Incluso han surgido agencias de viaje especializadas en las grandes maratones capaces de organizar los vuelos y la estancia de los corredores y de sus acompañantes, además de ofrecer el tan ansiado dorsal. Así, es fácil encontrar ofertas para participar en Berlín, París, Nueva York… Por cierto que la ciudad de los rascacielos se lleva la palma. La locura por correr en la maratón de la ‘Big Apple’ bate todos los récords. Se cuelga el cartel de “no hay habitaciones disponibles’ en todos los hoteles de la ciudad, que se colapsa durante tres días por la gran fiesta del atletismo popular. No en vano, está considerado uno de los acontecimientos deportivos más relevantes del mundo. Más de dos millones de personas se lanzan a las calles para animar a los participantes llegados desde todos rincones del planeta. Se puede llegar a pagar solo por el dorsal 600 euros o, incluso, más. El ‘negocio’ del running ha puesto sobre la mesa un hecho evidente: cada corredor arrastra, de media, a otras dos personas.  

El 25 de octubre de 2012 se abrieron las inscripciones para la 40ª edición de la Maratón de Berlín que se celebró el 29 de septiembre de 2013. Los datos quitan el hipo. En poco menos de tres horas y media se agotaron todos los dorsales. ¡40.000! Si recurrimos a pruebas menos exigentes, las cifras aún son más sorprendentes: en el año 2011, la Sun-Herald City Surf, una carrera organizada en Sydney por el periódico Sun-Herald registró la vertiginosa cifra de 68.929 runners, casi 21.500 runners más que la maratón más poblada del planeta, la de Nueva York. En el año 2012 se registraron 85.000 personas, más que la Maratón de Londres y la Maratón de Nueva York juntas, convirtiéndose en la carrera con más participantes del mundo. 

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