Bruno Hortelano: "El accidente renovó mi contrato con el atletismo"

El 'recordman' español de 100, 200 y 400 metros desvela las claves de su nueva vida tras su grave accidente en 2016

El velocista vive en el CAR de Sant Cugat y se sigue preparando a fondo para su próximo objetivo, los Juegos de Tokio

Bruno Hortelano, en el CAR de Sant Cugat
Bruno Hortelano, en el CAR de Sant Cugat | V. Enrich

En julio de 2016 fue oro en 200 metros en el Europeo de Amsterdam y en septiembre de ese mismo año sufrió un grave accidente de tráfico en el que casi pierde la mano derecha. Ahora, Bruno Hortelano, el mejor velocista español de la historia, fragua en el CAR de Sant Cugat el asalto a su gran sueño olímpico en Tokio.

Tras casi dos meses en el Camino de Santiago, prepara el Mundial de Doha (octubre) como puente para los Juegos.

¿Cómo se encuentra?
Tranquilo. El camino de Santiago me ha venido muy bien tras años intensos y la presión del verano pasado, sobre todo la mía. Me importaba mucho el resultado del Campeonato de Europa de Berlín’18. Todo  venía desde el accidente. Era recuperar mi identidad.


¿Por qué quiso desaparecer?
Desde 2016 no había descansado y me tuve que apartar al acabar la temporada. He vuelto mucho más cómodo conmigo mismo. 


¿Para qué le ha servido el Camino?
Para desconectar completamente del atletismo. Yo soy mucho más que solo un deportista de elite. Vivía, comía y respiraba para el deporte. En la universidad aprendí que no quiero acabar sabiendo que podía haber hecho más. El primer  nivel es físico. Tengo que cuidarme y todo está encaminado a eso, pero en 2012 era tan disciplinado que descuidé el plano psicológico. Y al final es cuerpo, mente, sentimientos… antes que nada soy persona. A veces me he despertado a las dos de la madrugada queriendo comer una barra de chocolate y bajar a la máquina y cogerla. Y otras veces no. Por no bajar quizá dormiré mal y lo pagaré al día siguiente. Y lo mismo con una cerveza. Los fines de semana bajo a comer a Barcelona y si estás en un ambiente familiar y todos toman una copa de vino, alguna vez me tomo un verdejo. Yo no creo en los ceros absolutos, porque así la tentación es mayor. Es un juego entre lo físico y lo psicológico.


¿En qué ha cambiado Bruno después del accidente?
Me ha reforzado la cabeza. En un hospital consideras tu mortalidad y la ves más inminente. En cualquier momento se puede acabar todo. Ahora intento aprovechar la belleza del día a día y he reducido el ruido. Ahora me siento mucho más  cómodo estando solo y doy más importancia a las cosas que realizo.  Hago todo  lo que puedo para llegar a mi sueño y no más... Quizá ahora soy más  optimista.


Pero hubo momentos malos...
Puse un modo crucero que me dio fuerza para no preocupar a mi gente, aunque no fui un viajero pasivo. Tenía que tomar decisiones, quién me operaría, cómo, cuándo... En el hospital pregunté al médico que cuándo podría volver a correr y me dijo ‘buff, en año y medio’. Dije, ‘vale’. Si me hubiese dicho 10  años habría sido otra cosa,  pero lo acepté sin vacilar para recuperar mi identidad.


¿Cuándo apuesta con decisión por el atletismo?
Yo compaginaba mi formación con el atletismo. En 2014 vi que tenía posibilidades y faltaban dos años para Río. No pensé en grandes planes. Organicé las piezas del ajedrez y decidí atacar por el atletismo.


Y no ha sido un camino fácil...
En 2014 decidí preparar a tope los Juegos de Río. Tenía un trabajo en Estados Unidos para septiembre de 2016 que no pude iniciar. El accidente renovó mi contrato con el atletismo. Me volvió a motivar, aunque ya me dio hambre estar tan cerca de la final en Río. Para mí el atletismo ha sido un estilo de vida en el que busco un sueño que está unido a mi identidad. Tras el accidente y todo lo que pasó quiero aspirar a ser un modelo de valores. Vi que podía formar parte de algo más grande y eso me ha cambiado la vida. 


¿Piensa en el Mundial de Doha?
Es en octubre y será un paso para el gran objetivo de Tokio. Sin metas no eres eficaz. En el hospital me planteé el objetivo de Londres’17. Al final no llegué, pero Londres me sacó del hospital. Detrás estaba Tokio 2020, que es donde acaba la historia.


¿En Tokio acaba su carrera?
Aspiro a Tokio 2020 y no hay más planes. Tengo aprobado el examen para Medicina (con un 9,5) y me guardan la nota hasta 2020. Después, tendría que repetir el examen… o no. Y voy más por ahí, para que la vida me muestre el camino.


Su entrevista en Amsterdam dio la vuelta al mundo...
Hay muchos campeones de Europa y del Mundo, pero ese vídeo de la entrevista cuando me dicen que soy oro es único. Y no estaba preparado, ¿eh? Mi entrenador y yo no teníamos la idea de preparar el Europeo. Todo era de cara a Río. Y como fui tan relajado, la carrera salió muy bien. 


Su última posta en Berlín en el 4x400 reflejaba tensión. 

¡Qué 400 metros más largos!Fue un símbolo del esfuerzo, de querer darlo todo por el equipo y no poder. Llegué por los compañeros. Berlín fue el principio de mi regreso y el final es Tokio. Todas las carreras han sido importantes. Regresé en un 400 en Tenerife e hice marca personal corriendo 300 metros solo. Fue emotivo, pero no lo exterioricé porque para volver mejor que antes tenía que mejorar mi marca en 200. En el Nacional de Getafe corrí relajado en ‘semis’ e hice 20.04. Y en la final, 20.12. No se puede bajar de 20 segundos queriendo bajar. Ahí sí me salió la emoción. Y ser cuarto en Berlín me pareció un resultado poético que me dejó muy hambriento. En el 4x4 estaba supermotivado, pero me faltó experiencia. Cogí el testigo, me puse a correr suave, pasé en 20.1 ó 20.2 y al final no sabía si llegaría. Me subió el ácido láctico en el 250 y me pasó mi vida por delante. Hasta sentí vergüenza.

¿Cuál es su objetivo en Tokio?
Cuando hago trabajo láctico de seis series de 300 y voy muerto, me repito ‘Tokio’ y acabo la sesión. Me sirve para hoy, para hacerlo lo mejor posible. Quiero ser lo mejor que pueda y buscar mis límites físicos. Si llego a la final olímpica, intentaría aplicar lo que hace Rafa Nadal: disfrutar sabiendo que es la única forma de ser medallista. Querer ganar y que te dé igual ganar, como hace Rafa. En esa aparente contradicción está la clave de todo.


Tiene el récord español en 100, 200 y 400. ¿Eso qué le dice?
Que vamos por el mejor camino. Y me confirma que soy velocista. Utilizo las tres pruebas para llegar a la meta. Podríamos repartir el 100% entre las tres a partes iguales, pero quizá no es la fórmula.


Porque el objetivo es el 200…
Sí. Es un problema de optimización, como hacíamos en las clases de ingeniería, buscando la mejor combinación de factores.


¿Qué supondría lograr el sueño?
Un orgullo personal, satisfacción. Es un estilo de vida. Tú haces lo que haces para sacar algo más a la vida. Cada uno tiene sus razones y esta es la mía. Cuando mire atrás, quiero que mi gente y yo estemos orgullosos de mí. Y que puedan aprender algo. Creo que he podido ayudar a gente con mi historia. Pero la medalla no significa nada. Es lo que hay alrededor. Cuando gané el oro en Amsterdam y salí en portadas por primera vez, España estaba orgullosa, pero nadie la vio. La tengo ahí metida... es algo simbólico. 


¿Ya sabe qué prueba/s correrá en el Campeonato de España?
No sé ni qué voy a correr en junio. Ya decidiremos. Mi equipo es muy flexible y así debe ser. Solo sé lo que quiero hacer en el verano de 2020. Y en el camino, lo que haga falta.


Martina y Husillos no se llevaron un oro porque pisaron una línea y usted salió beneficiado... La medalla es volátil.
Es buen ejemplo. Han cambiado la norma y hay que pisar dos veces para que te descalifiquen. Ahora Óscar (Husillos) sería campeón del mundo, pero no lo fue. Y eso no cambia lo que hizo. Yo era plata y no hice nada para ganar el oro. En Berlín mejoré más de tres décimas mi marca de Amsterdam  y no me llevé nada. Las competiciones son comparaciones políticas entre países. Y ahora que uno puede cambiar de país con cierta facilidad… las medallas son para la gente.

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