"El flato puede aparecer cuando mejor te notas; el maratón es así de cruel"

El atleta catalán iba camino de mínima olímpica en el Maratón de Valencia, pero tuvo que frenar en seco a cinco kilómetros para el final

No volverá a correr un maratón hasta Valencia 2020 y su próximo objetivo es el Mundial de Medio Maratón

Jaume Leiva, en una imagen del Lanzarote International Marathon 2018
Jaume Leiva, en una imagen del Lanzarote International Marathon 2018 | Marcos Cabrera

Pensaba que hablar con Jaume Leiva (Terrassa, 30/07/1983) apenas seis días después de haberse quedado a las puertas de hacer algo grande en el Maratón de Valencia supondría encontrarme a un deportista en horas bajas, mentalmente muy tocado y con pocas ganas de charlar (y mucho menos de destilar motivación y optimismo de cara a próximos retos). Pero al sentarnos en la terraza del Soleil Bar del Sands Beach Hotel de Lanzarote (sede del Lanzarote International Marathon) me he topado con algo totalmente distinto. Una sonrisa que ha tardado muy poco en llegar y una persona dispuesta rápidamente a darle buen uso a la sinhueso (con la inestimable ayuda de servidor, obviamente). Jaume aguantó en la rápida prueba valenciana en el grupo que iba a ritmo de 2h11’ (aprox.) hasta bien entrado el kilómetro 37, pero un flato inesperado le castigó de repente, sin previo aviso, y le hizo parar. Terminó a duras penas, pero tuvo que despedirse de lo que iba camino de ser marca personal (de forma holgada) y mínima olímpica.

A veces caemos en el error de pensar que no sois humanos Jaume, que los atletas de élite no sufrís los males del corredor terrenal. Pero fíjate, un flato…

“Creo que no hice nada malo. Llegaba muy bien preparado, no cogí ninguna pájara, para nada. En el 35 mi pensamiento era de apretar el último 5.000, me veía con fuerzas. Pero apareció ese dolor costal muy fuerte y tuve que parar. Ahí me salió el vómito y me di cuenta que estaba fuera. En vez de ir al hotel, al estar cerca de la meta preferí terminar. Mi parcial era para hacer 2h10’ 40 y algo, que es lo que hicieron todos los españoles excepto Chiki, que pinchó al final también. El maratón es cruel. Tengo claro que si me coge este dolor en el kilómetro 40 me hubiera tenido que parar igual y me hubiera jodido aún más. Da rabia, pero por otra parte de ello saco que sé que tengo el nivel para estar en estas marcas, para bajar de 2h12’. Quizás tendría que haber descansado más durante la última semana, pero tuve una mudanza y me lo tuve que comer. He perdido una muy buena oportunidad, pero toca mirar hacia adelante”.

¿Cómo hubiera quedado tu situación en caso de hacer la mínima?

“En Valencia tenía la verdad que pocas opciones. Había que quedar el mejor español para poder ‘rascar’ y Camilo hizo 2h10’ peladas, por lo que era complicadísimo. Iba sin la presión de la plaza, era casi una utopía. Una plaza la tiene fija Dani Mateo, otra para el campeón de España (estarán Ben Doud, Javi Guerra y Chiki Pérez en Sevilla) y luego el mejor español en Valencia. Era una utopía para mí e intentarlo en Sevilla es una locura, es casi imposible. Además Ben Daoud y Guerra han demostrado tener mucho más nivel que yo”.

¿Entonces?

“Entonces lo que quiero ahora es disfrutar. Voy a correr mi próximo maratón en Valencia el próximo año, eso lo tengo decidido. Antes tengo como objetivo clasificarme para el Mundial de medio maratón de Polonia del 30 de marzo. Tengo la mínima ya (63:00 en Valencia), pero no la plaza. Tengo que quedar entre los tres primeros en el Campeonato de España de Sagunto del 2 de febrero. Ahí estaré en mi pico de forma fuerte después de Valencia (es de un mes y medio). Así que toca descansar y afinar bien. Luego tengo ganas de correr 10.000, medias maratones, ir bastante a República Checa, donde hay un circuito de medias maratones. A partir de verano ya centrarme en el maratón y Valencia a tope”.

No ha sido un 2019 fácil para Jaume Leiva. Llegabas muy bien a Sevilla, con muchas opciones de hacer mínima para Doha, y aparece una neumonía. Luego en Viena marca personal, pero sin mínima tampoco. Y lo de la Valencia la semana que viene.

“No es fácil de gestionar, claro. Pero después de todos los problemas que tuve de lesiones hace unos años el verme en este estado de forma y capaz de correr a estos ritmos es una gran noticia porque sinceramente no me veía capaz. No me esperaba hacer 1:02:29 hace un año en Valencia, por ejemplo. No ha sido un año fácil, pero volver a hacer 2h13 en Viena después de la neumonía me dio fuerzas. Tengo un nivel que no esperaba alcanzar. Claro que el lunes estaba muy jodido mentalmente tras lo de Valencia, pero fue llegar a Lanzarote con la familia y activarme. Mientras las piernas den, la cabeza no se puede parar. Y yo sigo disfrutando mucho. Depender del momento en concreto de la competición después de una preparación tan dura es la parte más cruel, claro”.

Pronto cumplirás una década como maratoniano. Desde Sevilla 2010. ¿Cómo has vivido tu evolución en la distancia de Filípides?

“Separaría dos etapas. La primera, desde 2010 (debuté con un 2:16, lo que me dio una motivación brutal). Mi entrenador cree que soy un maratoniano para bajar de las 2h12’ y ese fue el objetivo inicial al ver mis marcas y cómo iban mejorando. No paré de hacer marcas personales, la progresión era la correcta, pero en 2013 en verano llegó la lesión de cadera. Me frenó totalmente. No sé hasta dónde hubiera llegado en caso de no lesionarme de gravedad, pero también es cierto que estuve parado casi dos años y eso es bueno para el descanso del cuerpo. Prefiero hacer esta lectura. Y lo estoy demostrando porque estoy en mi mejor estado de forma ahora mismo. Cuesta más recuperar por el tema de la edad, eso está claro. La gran mayoría de maratonianos han sufrido una lesión grave al menos. Creo que la mía ya pasó y ahora estoy en un punto que de pequeñito jamás soñé con alcanzar”.

Hemos vivido un 2019 de locos. Lo de Kipchoge en ese Reto Ineos 1:59 que se convirtió en un show, además de ver por primera vez al ser humano bajar de dos horas en maratón. Luego lo de Kipchoge quedándose a dos segunditos del Récord del Mundo en Berlín. ¿Qué lectura haces de todo ello?

“Pienso que Kipchoge se merece el premio a mejor atleta porque es que lo es. Todo fue un estudio y Nike e Ineos apostaron 100% por el proyecto, pero es que han hecho posible que un ser humano corra 42 kilómetros en menos de dos horas. Kipchoge ha marcado y está marcando una época. Es cierto que tenía todo, liebres, tecnología, calzado, pero no olvidemos lo de Berlín del año pasado, lo de Río…Después de ver el proyecto creo que es posible que Kipchoge baje de las dos horas”.

Sobre eso te iba a hablar justo. ¿Lo ves más cerca? Acabó muy sobrado, Eliud…

“Creo que la clave está en que tanto Bekele como Kipchoge aguanten este nivel un par de años más. Si hay liebres como Cheptegei o Kamworor, de este nivel, ayudando en el maratón, tanto uno como otro lo pueden lograr. No me esperaba de verdad que Kipchoge terminara tan sobrado lo del proyecto en Viena. Llegó con una soltura que pareció que podía bajar de 1h59’ incluso. En Sapporo seguro que no lo vemos, pero si Bekele confirma también su presencia el espectáculo puede ser de lo mejor de la historia en el maratón”.

Y hablando de espectáculo. Tengo que preguntarte por las VaporFly. Tú corres con ellas. ¿Se nota tantísimo el cambio? ¿Te ves ‘obligado’ a pasarte a ellas para no quedarte atrás?

“Yo estaba con Adidas, mi marca de toda la vida y que me ha tratado genial. Me ha acompañado desde mis inicios. Mi cambio lo hice porque me protegía mucho más a la hora de una preparación. No las uso casi para entrenar, pero en la competición la diferencia a nivel de impacto muscular es muy grande. Te permite mantener un mismo ritmo durante más distancia. Me hicieron un estudio de pisada y la diferencia era abismal de desgaste. El problema es que las otras marcas no han encontrado aún la fórmula. Mi cambio fue porque quería seguir mejorando como atleta y era necesario. Yo me cambié a Nike pagándome yo las zapatillas. Llamé a Adidas y les comenté mi decisión y me dijero lo que había. Nada que reprochar, obviamente. Fue un riesgo porque podría no haberme salido bien y me quedaba sin nada entonces. Pero lo cierto es que los resultados han funcionado y Nike ha apostado por mí. Ya vemos que ahora en cada carrera el 90% prácticamente las lleva”.

Háblanos de tu labora como entrenador. De tu club ‘I Run With Leiva’ y del ‘método’ que usas.

“Fundé el club el 2013. Ya hacía de entrenador previamente a distancia. Estamos en un posicionamiento muy bueno. Al final los resultados es lo que marcan casi todo y están llegando. Mis atletas están muy contentos y eso hace que el boca a boca funcione. Ahora llevo más de 50 corredores y triatletas. Mi sistema de entrenamiento es muy parecido al de mi entrenador Domingo López, con el que llevo 20 años. El éxito está en personalizar al máximo el entrenamiento. Cada persona es un mundo. No solo de ritmos, sino de disponibilidad, del trabajo que tienen, hacer que no se obsesionen. Hay que hacer un entrenamiento muy variado, que se lo pasen bien. Indirectamente he encontrado una mejora de rendimiento rápido, pero desde una progresión. Entrenamiento con fatiga acumulada es mi apuesta. Prefiero eso que poner tiradas de 30 kilómetros y la consiguiente recuperación. Soy partidario de hacer más sesiones de 18 o 22 kilómetros de forma más seguida”.

Por último, Jaume. La desconexión. ¿Cómo de importante es hacer pequeños ‘resets’ y cómo decidir el cuándo? Porque una desconexión para ti no significa precisamente parar del todo…

“Es vital desconectar. Tengo la suerte de tener a mi familia, que siempre me ha apoyado, sobre todo mi mujer, con la que llevo 19 años. Nos encanta viajar y escaparnos con el ‘peque’ por ahí con la furgoneta. A mí eso me sirve. Entreno igualmente, pero cambio la rutina, el circuito. Mi desgracia es que entreno solo, no tengo un grupo de entrenamiento en Terrassa (creo que mejoraría mucho con eso, como sí tienen Abadía, Chiki, Palacios, etc.). Esta semana estando en Lanzarote, por ejemplo, marcharme a la montaña los fines de semana buscando lugares que me ofrezcan circuitos planos también. Es clave y me siento un privilegiado por hacer lo que me gusta. No hay dinero que pueda pagar eso.

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